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El Jefe

Libro Haya De la Torre dedicado a Parente

La imagen corresponde a un libro que Víctor Raúl Haya de la Torre le obsequió, dedicado, a Rodolfo Parente.

Por Rodolfo Miguel Parente (*)

A la memoria de Víctor Raúl Haya de la Torre 

Recordando a la Sra. Ana María Uranga

En plena revolución militar de los ’70 viajamos en 1975 a Perú a visitarlo: en lo tradicional: Puno, Lima y Cuzco – y a participar en el X Curso de Intercambio para docentes y Universitarios Argentinos en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El curso se desarrollaba tanto en la universidad como en los salones del hotel en el que nos alojábamos y estaba a cargo de intelectuales peruanos: escritores, sociólogos, arqueólogos, antropólogos, etc. De excelente calidad, predominando en la ideología de los disertantes la impronta del gobierno militar cuyo máximo líder era el general Velazco Alvarado...

Las inquietudes de los que habíamos viajado, especialmente de quien esto escribe y de Roberto Rodríguez Vagaría era inquirir qué pasaba con la Alianza Popular Revolucionaria Americana (A.P.R.A.), que fundara Víctor Raúl Haya de la Torre, quien pese a su persistente lucha, exilio, asilos, cárcel etc. nunca ocupó la presidencia del país pese a ser un político masivamente popular, pero históricamente enfrentado con las Fuerzas Armadas.

Un día que cursábamos en la Universidad, a la salida, fuimos abordados por un joven que al escuchar nuestra tonada nos interrogó de dónde proveníamos. Al decirles que proveníamos de Argentina e intercambiar  una conversación con el mismo que incluyó peguntas sobre los partidos políticos y especialmente el aprismo – que según los disertantes de nuestro seminario estaban acabados - , nos informó que pertenecía a ese partido y nos preguntó si teníamos interés de hablar con “El Jefe”, Al principio no entendimos a quien se refería y acto seguido al explicarles nuestra ignorancia frente al apodo nos informó que  a quien llamaba así era Víctor Raúl  Haya de la Torre. Los cuatro entrerrianos quedamos estupefactos ya que en el seminario nos habían informado que el APRA había desaparecido; que el Perú estaba encantado con la revolución militar y las reformas que la misma había aprendido, y ante nuestra sorpresa un estudiante, joven, intelectualmente sólido y además militante nos invitaba a conocer al líder máximo de su fuerza política. Nos citamos a una hora determinada en la Sede central del APRA, en la calle Alfonso Ugarte 1012 y allí fuimos. Al ingresar a la “Casa del Pueblo” apreciamos no sin sorpresa que estaba llena de gente que se distribuía en distintas habitaciones a lo largo de un gran corredor y en cada una de dichas habitaciones se enseñaba un oficio distinto: mecanografía, caligrafía, estenografía, enfermería, perito mercantil, cocina, etc. Y en el largo y ancho pasillo que conducía a un patio se distribuían decenas de mesas de ajedrez ocupadas por militantes que disputaban partidas. Evidentemente el APRA, contra la opinión de los “intelectuales” no estaba muerto.

A renglón seguido, nos condujo a una pequeña oficina que estaba en una especie de altillo que era el sobrio despacho de Haya de la Torre, quien nos recibió cálidamente, en camisa y sin ninguna clase de formalidad entablamos un ajustado intercambio de ideas, en el que no olvidó de contarnos sus relaciones con Argentina, preguntarnos sobre el gobierno de la señora María Estela Martínez de Perón, y dar su opinión – crítica- sobre el proceso que vivía el Perú. En la conversación nos dejó en claro que le gustaba “platicar”, a diferencia de los argentinos, distinguió. Luego nos regaló y dedicó un libro de su autoría y nos aprestamos a despedirnos.

No fue poca nuestra experiencia; no solo constatamos que el APRA estaba entero, sino que los vaticinios de los que habían decretado su deceso estaban absolutamente equivocados. El proceso militar, que había nacido con expectativas, y alentado por la progresía se fue diluyendo y finalizado se abrió un proceso electoral que dio el gobierno a Belaúnde Terry, el mismo que había sido depuesto y luego a Alan García del APRA, siendo la primera vez que ese partido (combatido por décadas con furor y empeños digno de mejores causas por el ejército y la oligarquía peruana llegaba al gobierno). No le fue bien a Alan García en su primer período y mejor en la segunda oportunidad en que fue elegido. Recientemente dio fin a su vida siendo acusado de acto de corrupción.

Mientras tanto el APRA1, aunque seriamente disminuido, sigue siendo una fuerza testimonial en el Perú.

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(1)  Para el período 2016/2021 cuenta con cinco congresistas y en la última elección obtuvo el 8.31%, lejos de los sufragios que en su momento obtuvieron el propio Haya de la Torre y Alan García, y no escapa a las crisis que afectan a los partidos tradicionales de América del Sur, cuyas razones escapan a este relato.

(*) Artículo de “La cima y la sima” 2

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