Por Roberto Romani (*)
Fue en la despedida del verano cuando irrumpió el virus con su carga de incertidumbre y de muerte.
Prontamente, autoridades y sanitaristas decidieron dar batalla en todo el mundo.
Cada uno recurrió a la memoria de los tiempos, pero no había antecedentes válidos para enfrentar a este flagelo aterrador.
Pasó el otoño, pasó el invierno y también la primavera. Y ha llegado el verano, sin que podamos recuperar los hábitos cordiales y el trabajo ordenado.
Con la aparición de la vacuna, seguramente volveremos a encontrar cierta normalidad en nuestra apurada existencia.
Mientras tanto, quedarán en nuestras retinas y en nuestro corazón herido, las calles silenciosas del barrio, el coraje de médicos y enfermeras desafiando los temporales del dolor, y una angustia de río sin agua y aromitos sin flor, horadando la lluvia de los afectos.
Dios nos ayude a caminar rumbo al sol, a pesar de las esquirlas de la enfermedad y los rencores, por la senda de la esperanza con realizaciones y coraje.
Dios nos ayude a reinventar la risa y los abrazos. Y a buscar, definitivamente, las almas simples y buenas, que por encima de la pandemia y las guerras que matan, se animarán otra vez a encender las canciones del amor.
(*) Poeta, cantante, periodista y gestor cultural - Asesor Cultural del Gobierno de la Provincia de Entre Ríos. Publicado en su Facebook personal





