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El derecho de muerte por libre elección

aborto pintada pro vida

Por Luis Maria Serroels (*)

El grito de victoria lanzado por 38 senadores nacionales dándole piedra libre a la eliminación (muerte) de seres en gestación con sano derecho de nacer, está en sintonía con la gran hazaña preparada por el presidente. La gran idea que también incorporó el ministro de salud pública, un atrevido con suerte que desconoce los tiempos de desarrollo del feto y los fenómenos descriptos por eminencias que lograron mediante el ultrasonido estudiar al ser humano: la gran obra de Dios.

No pecamos de reiterativos cuando nos remitimos a las investigaciones profundas advirtiendo que ese ser dentro del vientre materno comía, dormía, bebía líquidos, soñaba, se chupaba el dedo como un recién nacido. Y esto es lo que una ley quiere eliminar bajo el rótulo de “interrupción voluntaria del embarazo”. Si se admite que hay embarazo no puede negarse que hay vida.

Una reflexión dejada en el canasto de la ignorancia y soberbia del kirchnerismo, que soslayó la Carta Magna de 1994 y los pactos y tratados con Estados de Latinoamérica. La pena de muerte no ha sido reinstaurada en Argentina y mal puede un jefe de Estado autoritario afirmar que la  muerte “nos hace una mejor sociedad”, en tanto una descocada manifestó que “ahora seremos un país  más justo”.

El Juramento Hipocrático no puede hacer excepciones cómodas en tanto se habla de la vida de un ser en formación. La muerte deliberada de un ser en gestación es homicidio. No hay forma de justificarlo y mal puede aceptarlo el presidente que juró por la Constitución (salvo que no la haya leído con precisión y amplitud).

Ya hemos dicho infinidad de veces que el niño expone tempranamente funciones que les exhiben especialistas mediante estudios profundos que no admiten discusión. Lo que siempre se consideró como un crimen abyecto, no puede pasar ahora por decisión mayoritaria de ambas bancas como un derecho.

El sagrado Juramento Hipocrático parece ahora una simple cuestión de opciones. El actual magistrado argentino (el mismo que años atrás le desgranó a través de las cámaras de la TV las peores ofensas a Cristina Fernández), es hoy el autor de una idea que le pareció resultar mucho más importante que la pandemia e impostergable: la muerte profesionalizada de un ser dentro de un vientre latiendo su corazón.

Una cosa es abrirle las ventanas al bebé –el milagro de la vida- y otra quitarle la vida (“por vía alquiler de un sicario para resolver un problema”) como sentenció el Papa Francisco.

Entre el material desarrollado por múltiples estudiosos, citamos estos aspectos:

* El aborto no es interrupción porque no se vuelve a reanudar.

* El aborto no es derecho porque no existe el derecho a matar.

* El aborto no es seguro porque en la práctica siempre muere una vida.

* El aborto no es legal porque es inconstitucional.  

* El aborto no es libre porque alguien no eligió.

* El aborto no es salud porque el embarazo no es una enfermedad.

* El aborto no es progreso ya que al eliminar a los seres más inocentes de una sociedad no aporta más que dolor.

En la madrugada del 30 de diciembre de 2020, se derogó el derecho a la vida por voluntad de quienes lo deseen.

(*) Especial para ANALISIS

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