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Peronistas en Cambiemos

Por Roberto Rodríguez Vagaría

Si la perspectiva es la de Juntos por el Cambio (JxC), la necesidad de incorporar partidos o grupos o “espacios” de liberales no ortodoxos, justicialistas republicanos, socialistas no sectarios, conservadores aggiornados, es obvia, necesaria e imperiosamente eficaz.

Si la perspectiva fuere desde la UCR, no podemos dejar de tener en cuenta la Hora del Pueblo (IX-1970) basada en el abrazo de Balbín con Perón (19-XI-1972) y las experiencias inolvidables de los Acuerdos del Nino (25-X-72). Mucho menos, la Multipartidaria Nacional (1981) y las réplicas provinciales, sobre todo por el Programa de Coincidencias (que contribuimos a redactar) y las tácitas disidencias. Si recordamos, la idea de Eduardo Duhalde, transmitida a Raúl Alfonsín, para encumbrar como candidato al pragmático peronista Roberto Lavagna (funcionario de Alfonsín y Embajador de De la Rúa, ministro de Duhalde y Néstor K), con la que la UCR propició un liderazgo peronista compartido (2007) de fórmula y programa, nos resultará familiar la posibilidad y sus débitos.

Es decir, que la vinculación negociada, que no funcionó con Frondizi (58-62), con Alfonsín (83-89), ni con De la Rúa (2001), debería inspirarse en un compromiso moral, primero, como el ofrecido por Balbín a Perón y luego un acuerdo de 25 puntos muy claros, de iniciativa radical –si es posible- en el seno de Juntos por el Cambio (JxC), tendiente a corregir el rumbo que el PJ, oficial camporizado, ha dado al país, sin brújula, bitácora, planes, derrotero, puertos y objetivos ciertos. Porque está en juego la vigencia de la propia Constitución y la convivencia pacífica atenazada, ya no por la “retórica K” vicepresidencial, sino por la planificación afiebrada de una concentración del control absoluto del poder en democracia, inaudito, autoritario y motivador de violencia cruzada que ya conocimos y ante la que no habrá que retroceder un palmo. La democracia es consenso administrado, es alianza de clases y grupos, es disidencia en el marco de derechos y deberes constitucionales, no fuera de límites y linderos.

La sociedad argentina ha cambiado desde el 2003 por el estancamiento económico, el fracaso educativo, la debilidad institucional deliberada, el empobrecimiento acelerado, el irrealismo ante el problema del costo argentino, de sus servicios y energía, de sus burocracias municipales, provinciales y nacional, por la demografía caótica y la pérdida de valores y creencias paradigmáticas que son el motor de Occidente y confusión entre progresismo y decadentismo.

Otra vez, como en el ‘83, hay que cambiar la conducta colectiva de la sociedad persuadiendo. En ese entonces hubo que salir de la sociedad caníbal y ahora, del impulso ciego a la autodestrucción colectiva, la huida por Ezeiza, el veto cruzado, o el choque violento de dos concepciones excluyentes del sistema político, que impiden una gesta común, en una democracia subdesarrollada y equivocada, como la que tuvieron que hacer todos los países que salieron del pantano.

Por lo que el peronismo es imprescindible como lo pensaron Ricardo Balbín, Rogelio Frigerio, Arturo Frondizi, Guillermo Estévez Boero, Facundo Suárez, Horacio Sueldo y José Antonio Allende, con todo el drama que implicó siempre la desconfianza en el Movimiento Justicialista de mil rostros.

Desde otra perspectiva antidemocrática también lo creyeron posible el Partido Comunista (PC) y Montoneros, ambos, repudiados por Perón.

A la UCR todo se le simplifica si lo puede explayar en un Programa de Compromiso Patriótico como lo querían Chacho Jaroslavsky, Juan Carlos Pugliese y Antonio Tróccoli y se esperanzó Fernando de la Rúa, sometido a deslealtades.

Todo esto es pasado y cuenta, pero, no hay un presente que nos limite planes y sectarice, ni nos cuente costillas de ingenuidades. Porque la ideología abarcadora es la Democracia Republicana. Los partidos y grupos son meras corrientes de interpretación constitucional que pueden unirse, sintetizarse, integrarse, proponerse y sobre todo, defender el sistema con el unionismo requerido, con algo más que uñas y dientes.

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