En la provincia de Río Negro, militantes de la CTA Autónoma ingresaron atropellando a la redacción de un diario y agredieron a varias personas. (Foto: Diario de Río Negro)
Por Antonio Tardelli (*)
Por momentos da la sensación de que hemos sido ganados por la irracionalidad. Será que hemos naturalizado que muchos conflictos son resueltos, sí, de manera civilizada. Y por eso nos llaman la atención, cuando aparece, otra clase de comportamientos.
Vaya uno a saber. Puede ser.
La televisión muestra las imágenes de un par de sujetos que, descontrolados, fuera de sí, amenazan a policías que, muertos de miedo, permanecen en el interior de una comisaría en el Gran Buenos Aires.
Los individuos parecen estar estimulados por alguna sustancia de ésas que nublan la razón y alteran el entendimiento.
Esas imágenes, postales de barbarie, son menos inquietantes que otras que se dejan ver luego de alguna clase de consideración política.
Son acciones materializadas luego de alguna forma de análisis político.
En la provincia de Río Negro, militantes de la CTA Autónoma ingresan atropellando a la redacción de un diario y agreden a varias personas que se hallan en el interior del inmueble.
Es el diario Río Negro. Un reportero gráfico y un recepcionista son agredidos por la turba.
También amenazan a un periodista.
Ese periodista –vistos los efectos de su actitud– había tenido la desgraciada idea de informar sobre la conducta de un dirigente sindical denunciado por abuso sexual.
Efectuaron destrozos los denominados sindicalistas.
En realidad, son miembros de la Organización de Desocupados en Lucha, una rama de la CTA Autónoma.
El líder de la organización, Miguel Báez, enfrenta un proceso por esa grave acusación.
Porque Río Negro está en la Argentina, la Policía, que tiene un destacamento enfrente al edificio del diario, demoró más de media hora para llegar al sitio de los incidentes.
Cuando los uniformados llegaron, los agresores ya se habían retirado.
Cien manifestantes, luego de pasar por los tribunales, habían decidido ir hasta el diario.
Allí, con los argumentos de la fuerza y de la prepotencia, hicieron saber su punto de vista.
Báez tiene abiertas ocho causas judiciales.
Se lo acusa no solo de abuso sexual.
También de comercializar productos de los que el Estado destina a sus compatriotas más pobres.
Pegan carteles en la ciudad escrachando al periodista, a la denunciante, al abogado de la denunciante.
Y el gobierno provincial y una serie de entidades condenan el hecho.
Pero el punto es cómo la prepotencia va ganando espacio (o al menos no lo pierde) en las prácticas políticas, sindicales y sociales.
Cómo ganan espacio los comportamientos irracionales.
Y sobre todo dentro de organizaciones que como la CTA (al margen de sus variantes: la de los Trabajadores y la Autónoma) se plantearon alguna vez una serie de reformas a los procedimientos históricos de gremios burocratizados, complacientes con las patronales, dependientes de los gobiernos y del aparato del Estado, y en mucho casos contaminados por mecanismos mafiosos.
Es una cosa notable porque en determinado momento pudimos pensar que todos los malos se acomodaban de un solo lado.
Y todos los buenos del otro.
Porque del lado de los malos, de los ajustadores, de los conservadores, de los reaccionarios, se verificaban practicas y comportamientos (y en general toda una cultura política) que desde el otro lado se censuraba integralmente.
Las líneas parecían bien marcadas.
Lo malo y lo bueno; lo antipopular y lo popular.
Tal vez el acercamiento al poder, la simpatía de determinados grupos sindicales con una parcialidad política, o la degradación general, o determinados tipos de financiamiento, puedan explicar por qué las líneas se desdibujan y permiten ver del lado menos esperado comportamientos en otros tiempos impensados.
Pero esa incursión violenta de trabajadores en un medio de comunicación, ese inaceptable ataque, muestra como la degradación se lleva puesto todo, sin reparar en malos y buenos, conservadurismos o progresismos, derechas o izquierdas.
(*) Periodista. Especial para ANÁLISIS





