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La Argentina es la tragedia del conurbano

Por Roberto Trevesse

“Si la libertad significa algo, es el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír”. Prefacio Inédito de la Rebelión en la granja. George Orwell (1903-1950)

Todo tiene que ver con todo y la historia no está exenta. Un Estado orwelliano, según el autor británico Eric Blair (conocido por su seudónimo George Orwell, debido a su obra más conocida, la novela "1984"), representa una sociedad opresiva bajo un gobierno totalitario. Es más, "Orwelliano" se utiliza a menudo simplemente para decir autoritario.

Esta introducción, nos lleva a nuestra realidad actual que fue anticipada 65 años antes por este reconocido escritor de la primera mitad del siglo veinte que defendía la dignificación del hombre y era muy crítico de la corrupción y del servilismo demagógico, vigente hasta nuestros días.

Nosotros, los argentinos, como simples ovejas descarriadas, estamos nuevamente confinados por un gobierno nacional inoperante que fracasó en su política sanitaria.

Los argentinos somos un país emocional, en lugar de tener cerebros fríos que resuelvan más allá del color político de cada uno.

El Presidente que asumió en diciembre de 2019 gracias al voto de casi la mitad de los argentinos, hasta ahora ha demostrado que no está capacitado para ocupar el cargo. Me atrevo a decir que, sin Pandemia, también le hubiera ido mal. Está claro que no tiene la capacidad de un estadista y ni siquiera de un líder popular.

Casi un año y medio de gestión, haciendo discursos sin contenido y prometiendo vacunas. Sí, vacunas que no llegan casi nunca o llegan pocas, cuando ya deberíamos tener vacunados –por lo menos- a un tercio de nuestra población de casi 45 millones de habitantes. Es vergonzoso discutir en el más alto nivel de gobierno, esta vacuna sí, esta vacuna no, cuando se necesitan todas las que están en uso en el mundo entero.

Al margen de la falta de vacunas que son esenciales, han muerto muchos argentinos que deberían estar vivos, pero tampoco había la cantidad necesaria de respiradores ni camas para todos aquellos que lo necesitaban y lugares en las terapias intensivas de los hospitales públicos, con el aditamento que varias UTI se instalaron de apuro.

Es lamentable, pero ustedes que me escuchan por radio y me leen en diferentes páginas digitales o revistas, saben muy bien que hace poco más de 20 años que sostengo que recuperamos la democracia, pero que camina renga, producto de una clase política que perdió el rumbo y que accedió a cargos públicos para ganar dinero fácil en lugar de servir a sus semejantes.

Estamos en una encrucijada, de la cual no podemos salir, en un verdadero berenjenal, del cual también es responsable la oposición que solo protesta, se queja, no está a la altura de las circunstancias y que no sabe proponer soluciones sostenibles para un país empobrecido y sin rumbo.

No hay que ser un iluminado para comprender que no podemos seguir cayendo en picada, pero sí sabemos que el motor para el crecimiento de una Nación es el sector privado y la obra pública.

Lo cierto es que ya destruimos a gran parte del sector privado y no hay ninguna obra pública de relevancia que beneficie a cada provincia.

¿Qué es lo que quieren, quienes nos gobiernan? No fueron elegidos para siempre, no son expertos en Pandemia, no estamos ante ninguna épica, eso es relato para los giles.

Cuando se van a dar cuenta que el peor virus es la ignorancia autoritaria. Basta de agrandar el Estado con designaciones muy bien remuneradas para no hacer nada y en muchos casos a sus propios familiares, mientras el pueblo pasa hambre y lo esclavizan con un miserable subsidio que nunca lo sacará de la indigencia, mientras siguen expoliando a los contribuyentes con más impuestos y más impuestos.

Abusaron de la confianza de la gente, abusaron del ciudadano de a pie, casi todo el funcionariado y sus familiares directos o secretarios y choferes están vacunados con las dos dosis, mientras un sinfín de conocidos y amigos míos ya fallecieron y varios de ellos, no alcanzaron a tener ni siquiera una dosis.

Claro que escribo con dolor de un ser humano sensible con la responsabilidad que tiene de redactar esta crónica periodística, pero las palabras fluyen solas y no hay forma –en mis principios- de autocensurarme.

Está a la vista que hay una manipulación evidente por acción u omisión, por negligencia o incapacidad o impericia de la política e información sanitaria que nos da a conocer el ministerio de salud de la Nación.

Tenemos entre 5 y 6 millones de indigentes, vivimos una sensación de nerviosismo como nunca hemos visto; millares de personas de clase media ingresaron a la pobreza sin retorno; tenemos un 30% de la población que no quiere o no sabe trabajar ni aprender. Sobreviven de la dádiva del Estado.

Nunca vi algo igual en la Argentina, mi país, donde nací, con el cual soñé un mundo mejor. La Argentina es la tragedia del conurbano y el costo de la ineptitud manifiesta de las autoridades, la tenemos que pagar nosotros.

Nos imponen una cuestión moral y de solidaridad que ellos –los gobernantes- no tienen.

Todo está mal, no tienen una sola a favor y aunque repunten por obra y gracia de un hecho mágico o inesperado, ya perdieron y arruinaron a cientos de miles de argentinos.

Para colmo de males, otra vez no se puede ir a la escuela, pero quieren organizar la Copa América. Reconozco que es muy controvertido, diría perverso, el autoritarismo populista, la intención, casi a flor de piel, de suspender las elecciones de medio término. Están tentados porque saben que la tienen muy difícil y porque tampoco se animan a llamar a una consulta popular para que el ciudadano a través del voto demuestre su descontento o no con el plan que no tiene el gobierno nacional.

Es verdad que una gran mayoría de los argentinos –menos los jóvenes- tienen miedo al Covid 19 y en esto también han influido negativamente y de manera

despiadada sobre la población, los medios de comunicación hegemónicos, con sus relatos, comentarios e imagines teatralizadas, fomentando el miedo.

Lo cierto es que estamos peor que cuando empezamos el 20 de marzo de 2020, cuando casi todos en el país fuimos encerrados, cuando no nos pasaba nada. El problema incipiente era el conurbano y nos arrastraron a todos. Las medidas que se tomaron por los DNU que ya deben haber superado los 280 o 300, fueron demenciales, con un alto contenido de especulación política, un discurso ambivalente y un derrame de dinero sin respaldo del Banco Central. “Dale día y noche a la maquinita…después vemos que hacemos”.

Mi más sincero homenaje y reconocimiento a la familia médica, muy especialmente a los terapistas que incluye a los médicos/as como también a las enfermeras/os, a los camilleros/as, además de los choferes de las ambulancias que luchan cada día, arriesgando sus vidas, para salvar la de sus semejantes. También mi más sentido homenaje a los médicos/as y enfermeras/os que fallecieron en el cumplimiento de su deber hipocrático. FIN.

(Publicado en republicadigital.com.ar)

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