Por Luis María Serroels (*)
Quienes manipulan y presionan descaradamente pidiendo por la libertad de los corruptos, también son corruptos. En principio aparece un ex dos veces gobernador, cobijado por un canciller ingeniero agrónomo con veleidades de diplomático. Sergio Urribarri –de él se habla-, descubrió la herramienta de cortar camino para acceder a las virtudes de las que jamás conoció ni conocerá, salvo por medio del acomodo, lo cual significa una vía de escape de los Juzgados y fiscales. Los inocentes no se ocultan debajo de la cama.
Todo cuanto requisito y reglas explícitas se imponen para comenzar el camino de la diplomacia, son la garantía que respalda a los futuros integrantes imbuidos de las relaciones exteriores.
Sin embargo existen caminos mucho más simples, lucrativos y resguardados para ser todo un diplomático: reunirse con el Presidente de la Nación y el canciller a solas. Una forma de ahorrarse la agobiante tarea de enfrentar los tediosos estudios.
Urribarri fue descalificado por el hecho de que en función “diplomática”, haya participado de una fiesta de casamiento dejando de lado un elemento tan importante como el barbijo y soslayando las recomendaciones sobre el aislamiento (contacto estrecho).
Un letrado de vastísima trayectoria, Rubén Pagliotto, nos decía que “los buenos, honestos, decentes y laburantes de este país, guardan silencio y no se animan. ¡Así nos va!” y añadía que “es desopilante que en medio de una catástrofe mundial, este personaje menor e impresentable haya tomado en chiste, una pandemia que en su país se ha cobrado alrededor de 100.000 vidas. Es impúdico y anti ético el silencio presidencial”.
Pero no son las únicas cuestiones por donde ciertos sectores pasan ante el Código Penal y llegan a comprometer a altos funcionarios provinciales y empresarios.
Un “embajador” con cuentas por saldar ante los tribunales entrerrianos, lanzado al jolgorio, no le hace bien a esa función. Por el otro lado, de qué modo el kirchnerismo modela la forma de abrirles orondamente los presidios a los corruptos mimetizados con la pésima y manoseada política. Mientras tanto y bajo la superficie, afloran lentamente las maniobras para asegurarse el poder a cualquier precio.
Mientras tanto se recalientan las turbinas electorales con un juego a veces infantil en busca de agua en cuanto molino se rebusca.
Dirigentes, legisladores, funcionarios y todo aparato dialéctico tratan de ponerse al día, advertidos de que la intervención gubernativa se ha retrasado. La oposición tiene que hilar fino al momento de balancear las fuerzas, mientras Cristina Fernández acentúa un convite a sectores aún inmaduros para la urna y el voto no es fácil de manejar como marioneta.
Si dirigentes, periodistas y actores no aceleran a desentumecerse para ordenar al kirchnerismo, es porque más de uno no interpreta correctamente que, si bien restan dos años de Presidencia no analizan que esa tarea podría tambalear si en el Parlamento –PASO y comicios de por medio- se modifica la relación de fuerza. De aquí que Alberto Fernández deberá tener a la mano oportunas aspirinas. Es que las encuestas hacen ruido cada vez más sonoro, las provincias más importantes van delante y el oficialismo exige más dinamismo y reclama seriedad. ¿Qué cartas más serias y firmes puede jugarles a los “Fernández” el manejo del déficit de las provincias a la hora de abrir las urnas? El saber administrar las finanzas y planificar la obra pública son cosas a que se adhiere cualquier gobernante, pero las deudas tienen una mirada muy seria.
Cuando el poder demanda respuestas de aquellas otroras banderas: justicia social, trabajo digno, salarios justos y producción nacional, suenan dulces en los preceptos pero difícil frente a las realidades.
La deuda con las provincias son alarmantes y vienen de antaño. Hoy existen 167 impuestos (43 de carácter nacional, 39 provinciales y 85 del ámbito municipal). Obviamente lo que trastorna son las deudas provinciales.
Nuestra nación se desgasta día a día ante la corrupción impune. Acabamos de celebrar un aniversario más de nuestra Independencia. Oportunidad óptima para afianzar y defender los dones de la libertad y desterrar a los manolarga y saqueadores profesionales. Nunca mejor oportunidad para recordar a Manuel Belgrano: “El modo de contener los delitos y fomentar las virtudes, es castigar al delincuente y proteger al inocente”.
(*) Especial para ANALISIS





