Por Luis María Serroels (*)
El tesoro más preciado por el cual vienen soñando y atropellando febrilmente el par gobernante, es convocar a una nueva reforma constitucional. Se trata de diseñar una Carta Magna a la medida y color del kirchnerismo sediento de poder. Quizás resulte más económico y aleccionador volver a que los gobernantes asistan a una clase magistral para que definitivamente se comprenda que con las leyes no se juega y que las instituciones están para ser respetadas. Esto es lo que deben tener en cuenta los que deseen desesperadamente apropiarse de la nación.
Todo cuanto se viene haciendo torcidamente para mal del colectivo ciudadano, es parte de una ilusión que al régimen le podría generar una insoportable urticaria: manejar al Poder Judicial como si fuera un apéndice de la Casa Rosada. Un objetivo irrespetuoso e híper quimérico con aroma de fracaso y el triste prolegómeno de todos los atropellos juntos.
Esa sed desenfrenada de los K por adueñarse de las instituciones, no es otra cosa que manejar el Código Penal hasta el hartazgo, previa modificación a gusto y paladar.
Por estos días el binomio Fernández y Cía. prepara su obra cumbre con la cual hicieron el acuerdo de mayor trascendencia al asociarse: y adueñarse de las palancas del Poder Judicial, último tramo para manejar todos los engranajes del país.
Siempre ha estado ubicado como un fin esencial destronar cualquier posibilidad final de los juicios por corrupción que alcanzan a Cristina Fernández y una cadena de auxiliares en banda.
Como si fuera poco, el mandatario está redondeando un proyecto que llevaría a ponerle término a la duración de los jueces en sus funciones. Alguien dijo cierta vez que se podría establecer un mecanismo jubilatorio que debería fijarse como tope los 75 años, a menos de que se les haga un juicio político.
En tanto la vicepresidenta Cristina Fernández fue la autora de mandar a votar en la cámara alta una iniciativa muy discutible referida a reformar el ministerio público fiscal para reducir la duración del jefe de los fiscales a su cargo. Tal idea no ha prosperado aún por falta de quórum de la cámara baja, pero el oficialismo lo tiene en carpeta a la espera de que se pueda obtener los dos tercios como corresponde.
Todas las formas que se van consultando desde el poder para que les calcen a las conveniencias del staff kirchneriano, no necesariamente podrán acordar con nuestra Constitución. Ello es así, porque en el artículo110º se considera consagrada la inamovilidad de los jueces mientras dure su buena conducta.
Sea dicho una vez más, quienes sostienen que el dúo Fernández que gobierna la Argentina lo hace en armonía, no lo es, Es claro que quien opera en las sombras es Cristina Fernández. No es un avasallamiento sino el producto del acuerdo de marzo de 2019 con intereses en común y cautela y aprensiones también comunes. ¿Alguien puede dudar de que las últimas palabras precisamente no salen desde Balcarce 50?
Los dos ostentan el título universitario en Derecho. Pero uno se embarcaría en modificaciones que mueven el engranaje del Poder Judicial y sabido es que existen formas para corregir y hasta separar a los jueces.
Si el presidente piensa que se puede manejar la justicia por motu propio, bien sabemos que no es así. “Debatamos cómo construir el mejor servicio de justicia posible”. Menos factible sería separarse de las fuentes adonde abrevan y se refrescan las virtudes, el respeto y especialmente la letra y el espíritu de la justicia con mayúscula.
No es un mal alentar y atizar el fuego de un fenómeno denominado comicios como el que está en ciernes. Pero, mientras no se haya modificado el artículo 110º de la Carta Magna, nada nuevo habrá, máxime si se atormenta a las autoridades del Ejecutivo con las innovaciones que pretende, apuntando a un salvataje que tiene muchas dificultades, salvo que el propio gobierno no vacile en atropellar las instituciones más sagradas. Los legisladores quizás no adviertan el peligro de tratar estas cuestiones muy ríspidas con ligereza e irresponsabilidad. Está claro que ello les abriría el portalón de las barbaridades, de la mano de la ampliación de bancas que acentúen la ceguera mayoritaria oficialista. En tal realidad ¿repasarán el texto del artículo 110º que tanto les sacude las entrañas?
El ex convencional constituyente de la Reforma de 1994, Eduardo Menem, acaba de enumerar todo lo que debió haberse incorporado y se dejó de lado (¡pésame Dios!).
Antes que reclamar modificaciones al Poder Judicial, permitan a los jueces que juzguen a todos los corruptos seriales. El Consejo Federal de Defensores y Asesores de la República Argentina ha expuesto su preocupación por los proyectos de la ley actualmente en debate en el Senado nacional con la pretensión de modificar las leyes vinculadas a los Ministerios Públicos Fiscal y de la Defensa. Sus valientes legisladores K acometen el objetivo de salvar a una persona que se sirvió de su más alta jerarquía nacional para embolsar caudales que no eran de ella.
En tanto millones de indigentes con estómago vacante quedan segregados de los derechos elementales.
Escabullirse de los tribunales es una empresa palpable, clara y tangible de culpabilidad. Frase de la calle sin respuesta del actual presidente: “Alberto te explica de dónde salieron los mexicanos, los brasileños y los argentinos. Lo que no puede explicar es de dónde salió la fortuna de la familia Kirchner”.
(*) Especial para ANALISIS.





