Por José María Varangot (*)
Cuesta encontrar aspectos destacables en la administración de Alberto Fernández, que puedan contribuir a mejorar el resultado electoral del Frente de Todos. Un atento observador de nuestra realidad política también coincidirá en que la oposición tampoco encuentra, en el anterior gobierno, letra que ayude en su performance electoral. Resulta evidente que la situación socio económica tiende a descomponerse aún más, debido a que el índice de inflación presupuestado por el gobierno para el año en curso, del 29%, es de imposible cumplimiento; y vemos cómo importantes gremios reabren sus paritarias, como el de Comercio, para renegociar el porcentaje y fijarlo alrededor del 43%. Por otro lado, los alimentos han subido en el 1° semestre el 33%, repercutiendo descarnadamente en los sectores más pobres, pues casi la totalidad de su ingreso se destina a la comida.
Sin embargo, pareciera que la preocupación de los distintos sectores de nuestra sociedad no es compartida por los dirigentes políticos y funcionarios. En el último informe del economista Martín Rapetti, consultor habitual de la CGT, se señala que el PBI actual por habitante es el mismo que teníamos en 1974, con el agravante que padecemos una pobreza del 47%. La contracara de la lamentable situación social y económica es la deserción escolar, alentada imprudentemente durante la pandemia, y que se ha venido agravando a tal punto que se calcula, en el nivel secundario, es cercano al 50%, observándose que en los colegios públicos sólo se gradúan el 40%, mientras que en los privados asciende al 70%. Nuestra pobreza estructural ha provocado el descreimiento de alumnos y familia en la educación como causal de ascenso social, el trabajo fue reemplazado por los planes sociales permanentes y el mérito de lograr un título por “un puesto en la política, para salvarse”. Asistimos a una verdadera tragicomedia, en la que la inflación, el deterioro de la educación, la falta de trabajo que acentúa los niveles de pobreza son signos de nuestra tragedia; y por otro lado, la falta de reacción, las marchas y contramarchas, la agenda divorciada de las preocupaciones de la gente y hasta las justificaciones erróneas o fantasiosas, por parte del gobierno, aportan el ingrediente de la comedia.
En momentos de la tradicional celebración de San Cayetano, Patrono del Pan y el Trabajo, el Presidente de Toyota Argentina desnudaba una realidad, ya advertida pero no manifestada públicamente por otras empresas, en el sentido de la dificultad que tenían para cubrir 200 puestos de trabajo en su Planta de Zárate, dado que uno de los requisitos que los postulantes deberían reunir era el secundario completo, significando ello un gran obstáculo para ser considerado. Esto que ocurre en momentos de escaso trabajo, que podríamos calificar de tragedia, resulta paradójico a la luz de la falta de respuesta del gobierno nacional, o del insólito y errático comentario que Intendente de dicha localidad realizó al respecto, textual: “…vamos a tratar de armar un montón de programas de capacitación que tenemos sueltos…”. Sin lugar a dudas este es el modo comedia.
La forma tan alegremente desaprensiva que tiene la dirigencia política de ver nuestra realidad atraviesa transversalmente los últimos gobiernos, pero es en el actual en el que observamos una acentuada superficialidad en el tratamiento de los distintos asuntos de Estado. Sin ir más lejos, el de la vacunación contra el COVID es objeto de manipulaciones y caprichosas estadísticas, tal como lo ha manifestado el 6 de agosto por el Presidente, informando que “estamos entre los 20 países que más vacunaron”. Se olvidó de aclarar que si contamos los vacunados con las 2 dosis, nos ubicamos en el N° 75 del ranking de las naciones que lograron completar el esquema ideal de vacunas. Otro tanto ocurrió en oportunidad de conocerse el listado de invitados a la Quinta de Olivos con motivo de los cumpleaños del Presidente y su mujer, en época de estricto aislamiento; sin embargo, concurrieron peluqueros, modelos, actores y empresarios del ámbito de la tecnología en seguridad, convertidos en “exitosos” a partir de su visita a Olivos. Todavía la ciudadanía espera una explicación lógica, pues por esos mismos días sufrimos muchos muertos debido al COVID, cuyos familiares no pudieron despedirlos, debido justamente a las restricciones impuestas, en principio, para todos los argentinos.
Si bien nuestro presente no nos permite ver la luz al final del túnel, es de desear que ante la cada vez más preocupante realidad nos demos cuenta del cambio necesario para comenzar a salir del estancamiento en que nos encontramos. Para ello debemos adoptar la innovación y tecnología para acompañar a la agroindustria, rescatar la educación y el trabajo digno como principales herramientas de progreso, reemplazar el discurso por la acción y el ejemplo, dejar de echar culpas en los demás y asumir nuestras propias responsabilidades. Ahora bien, si esto no ocurriera, aunque sea incipientemente, y de cara a las elecciones generales de noviembre, ¿qué clase de futuro nos pueden mostrar los candidatos? ¿De qué manera vamos a transformar nuestra desesperanza y enojo en expectativa e ilusión frente a los que resulten electos? Estamos a poco tiempo de conocer la respuesta.
(*) Abogado, productor agropecuario y dirigente rural.





