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El hombre, el policía y el Covid

Por Luis María Serroels (*)

El ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra. Y por estos tiempos de pandemia que circunda el globo terráqueo, cuando él quiere se convierte en un estúpido empedernido.

Antiguamente hemos incorporado que es un “ser vivo, tiene capacidad para razonar, hablar y fabricar objetos que le son útiles. Y desde el punto de vista zoológico, es un animal mamífero del orden de los primates, sub-orden de los antropoides, género Homo y especie Homo sapien”. El hombre es un ser racional (cuando él quiere y lo dejan).

Según reglamento: “La policía es una fuerza de seguridad encargada  de mantener el orden público y la seguridad  de los ciudadanos mediante el uso de distintas herramientas cívicas sociales, entre las cuales el uso de la fuerza sería la última herramienta llevada a cabo para establecer el orden público (…) se trata de mantener las calles seguras, así como disminuir las actividades criminales y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos”.

Hoy las fuerzas de seguridad se deben ocupar en acciones producto de la estupidez de quienes  confunden diversión sana con los peligros de un enemigo invisible y letal. Entre mayores y menores, se produce un fenómeno incomprensible traducido en abrirles la puerta al denominado coronavirus. Al momento de actualizar la cantidad de fallecidos en todo el  mundo llegan a 4 millones y medio (en nuestro país unos 150.000, en tanto los pacientes recuperados ascienden a más 4.833.260).

Desde que se desató este terrible flagelo en el planeta, donde no hay excepción de ninguna naturaleza, paralelamente hubo otro mal denominado “irresponsabilidad” que sí podría atenuarse y hasta evitarse con prudencia y sentido común. Se trata del uso del tapaboca que cubra también nariz y mentón, distanciamiento social no menor de dos metros, lavado frecuente de manos con jabón, ventilación cruzada y especialmente prudencia.

Pero además, el auxilio de las diversas vacunas (dos dosis), que lamentablemente ciertas autoridades políticas manejan irresponsablemente por los tiempos eleccionarios.

Así cayeron en la insensatez y el “fiestismo, ignorando para sí lo que se exige para al vulgo. Decir el oficialismo que si no se produce contagio no hay delito, es una reflexión propia de los autoritarios, porque miles de personas han sido multados aún sin contagio. Lo que se sanciona es la irresponsabilidad pero tratándose de los gobernantes, familiares y acomodaticios que los hay siempre, quedan exceptuados de todo aquello que merezca castigo.

Supongamos que unos locos se divierten corriendo carreras en una avenida al mediodía y argumentan que no pueden ser sancionados porque no ocurrió ningún accidente, ¿no apelarían al consejo del abogado Alberto Fernández?

Pero estas reflexiones tienen otra parte que merece ser analizada. Al inicio abordamos las responsabilidades específicas, aunque a partir de haberse desatado el virus aterrador que diezma a miles de seres de todas las edades, la policía ha debido incorporar a la labor que todos conocemos, la de dispersar y evitar reuniones ilegales.   

La norma ya tiene advertidos a quienes no deben practicar reuniones sociales fuera de las reglas. Lo que en tiempos normales se ubicaba como una sana diversión, ha quedado fuera de la ley para evitar el azote del letal coronavirus. Por ello hablamos de las nuevas incumbencias que ha tenido que incorporar la autoridad policial. Ya nadie puede justificar ignorancia en estos tiempos y de hecho está harto trasmitido públicamente.

Las infracciones son trasmitidas a tiempo, aunque no faltan quienes insisten en organizar fiestas clandestinas, como la reciente que tuvo características multitudinarias en una ciudad del interior entrerriano. La policía estimó una cantidad de varios centenares de asistentes (hubo otros encuentros) que violando el Decreto de Necesidad y Urgencia incurrieron en conductas ajenas en materia sanitaria. La pandemia y sus estragos no eligen, como asimismo se deben multiplicar los agentes sanitarios en agotadora tarea para salvar vidas.

Por esta semana se labraron actas por eventos sociales no permitidos, que se sumaron a los anteriores como reacciones que se asocian con la irresponsabilidad y dañan a la sociedad toda.

Lo más triste de esta realidad es ignorar cuánto tiempo durará esta verdadera pesadilla, ni tampoco si se mutará hacia otras cepas. Todo aquello que depende de material genético está expuesto a ello, así como los animales y seres humanos. Los esfuerzos diseñados por el presidente argentino para zafar de su irresponsabilidad, no hacen otra cosa que poner los pies en el lodo. Aquí existió un delito aunque no haya existido contagio y a lo que el abogado penalista y catedrático Isidro Goicochea denomina Delito de Peligro Abstracto.

El primer magistrado podrá alardear de jurisconsulto todo cuanto quiera, pero se equivocó en grande al momento de cometer un hecho que miles de personas cometieron. ¿Por qué no le alcanza la sanción también al principal mandatario? La Oficina Anticorrupción así lo interpretó al tomar intervención.

Al cierre de esta columna se informó que el fiscal Ramiro González había imputado al Presidente de la Nación, su esposa e invitados a una celebración íntima el 14 de julio de 2020, no obstante estar vedada ¡por el propio mandatario! La cuarentena rigió para todo el país, salvo para los comensales de la Casa Presidencial de Olivos sometidos al bullicio. A los miles de procesados por desoír la ley, ahora se sumarán los divertidos de la mansión oficial.

 “El único Estado estable es aquél en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley” (Aristóteles).

(*) Especial para ANALISIS

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