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Roces gremiales y algunos platos vacíos

Por Luis María Serroels (*)

Los paros que debe enfrentar el servicio automotor de pasajeros de colectivos en la capital Paraná y en un área muy extendida de poblaciones aledañas ya adosadas (como el Gran Paraná), constituyen un problema al que no se ha solucionado definitivamente entre el sector empresarial, gremial y municipal.

Estos episodios de origen tripartito que ya son todo un modelo de epopeya gremial, hacen mérito. De paso es necesario advertir que este problema tiene, entre varios orígenes, la clara falta de unidades suficientes para afectar a una población de usuarios que crece casi en forma explosiva.

Es obvio que en una realidad que se empieza a mostrar exponencialmente en cuanto a la capacidad del parque disponible, no hay más remedio que incorporar las unidades que satisfagan las necesidades mínimas.

Quizás se deba emprender la adopción de acciones extremas sin un aviso oportuno, pero el origen del gran problema y causa global del enojo del pasajero, es la desatención de quienes no parecen darle la verdadera observación a un servicio de enorme prestación cotidiana.

Si se observan con debida atención las ecuaciones de un servicio de transporte tan importante y se actualiza el plano de Paraná que ha venido expandiéndose casi explosivamente, queda claro desde donde se observe y comprenda la trascendencia de semejante servicio.

Estas apreciaciones son bastante divulgadas –lejos constituyen un invento-  pero no están de más cuanto se habla de un servicio público que requiere cada día más y mejor eficiencia.

En la mañana de este martes 8 de febrero se resolvió una de las habituales crisis con participación del municipio capitalino.

Es lógico que las consecuencias propias de las decisiones del gremio afectan al trabajador de cualquier rubro (se dilata el arribo y supone un gasto importante con el empleo de otros medios de mayor costo).

Algunos conceptos vertidos desde ciertos sectores y enfocados necesariamente contra el sector empresarial del servicio de transporte, talvez podrían haberse atenuado.

Ello, porque estas medidas que afectan a quienes tienen la difícil responsabilidad de sobrevivir laboralmente (frente al volante y en la vía pública), y además observar la seguridad de miles de usuarios.    

Pero en el redondeo de estas cuestiones, no se puede dejar de lado una reflexión muy necesaria: quienes son afectados de distintas maneras cada vez que deben cumplir con sus tareas laborales y regresar, tienen como finalidad satisfacer las necesidades básicas de su grupo familiar cada jornada.

Pero, por ejemplo, cuando un chofer se ve afectado por las demoras de percepciones salariales, en tiempo y forma, su situación es otra.

No es lo mismo en ámbitos laborales donde el trabajador se encuentra con su salario pautado puntualmente, que no hacerlo. No se debe olvidar que ciertos incumplimientos suelen ser producto de mal acostumbrados.

El hecho de no percibir su remuneración mensual en tiempo y forma, hace que no pueda satisfacer sus necesidades ni cumplir con sus compromisos inexcusables.   

Una cosa es no tener transporte circunstancialmente y otra no contar con el alimento en su mesa. Todos los trabajadores lo interpretan. Un colectivero no siempre es comprendido ni se advierte que las jornadas laborales van desde lunes a domingo incluyendo feriados.     

Una comprensión amplia sería muy buena. Como también todo trabajador debe ser respetado a rajatabla.

    

(*) Especial para ANALISIS.

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