Por Luis María Serroels (*)
Una tradicional frase dice que “¡Si la Argentina entra en guerra, Corrientes la va a ayudar!”. Hoy es hora de la inversa. ¿Cómo no entristecerse por estos días frente a tanto infortunio que azota a la tierra guaraní? Ver cómo las lenguas de fuego arrasan miles y miles de kilómetros cuadrados de una superficie entregada a una riqueza bendecida por Dios, pero malograda por quién sabe que aciago destino.
El correntino es gran laburador por historia, por antonomasia, por el incansable esfuerzo que nunca abandona y la bendición de su Dios. ¿Qué extraño designio torció el destino?
Una porción de argentinos y de otras naciones solidarias abrazados a los correntinos, de inagotable tarea, mientras valiosos y modernos elementos anti-fuego supuestamente adquiridos en el año 2012 por la entonces Presidenta de la Nación, se esfumaban quien sabe dónde, porque los aviones hidrantes tan poderosos nunca aparecieron. Fueron quizás al adormecimiento de un cajón donde descansan los expedientes olvidados.
Imposible soslayar la tarea encomiable e inagotable encarada por los veterinarios para salvar quizás miles de especies que hasta podrían desparecer o en todo caso verse en una dura lucha por sobrevivir. Imposible no reconocer el arduo trabajo de los bomberos, habitantes y colaboradores que arribaron desde muchas provincias entregados a una labor solidaria.
Ciertas actitudes que adopta el Presidente de la Nación, en especial darse por cumplido a la hora de acciones absolutamente infladas, dan la medida de la falta de idoneidad de sus funcionarios en el momento de actuar.
Los elementos dispuestos para la lucha contra el fuego que Cristina Fernández supuestamente adquirió, no se observaron en tierra correntina para luchar contra semejante tragedia. Hasta hoy no se los vio en ningún sitio, salvo que aparezcan por algún prodigio de Nostradamus.
No faltan quienes parecieran no haberse enterado de que el territorio del payé es parte integrado desde que somos una gran Argentina.
Oportuno resulta saber qué fue de estos aviones hidrantes tan valiosos a la hora del estallido del fuego arrasador.
Un mero ejemplo del escenario exhibido por el pueblo de Galarza (destinado a la extracción de resina de pinos de más de 30 años) da cuenta del desastre producto del incendio.
Pajonales secos que superaban varios metros de altura, fueron presa fácil ante el fuego y se dispersó por doquier agravando el cuadro desolador.
Los habitantes en esa zona abocados a dicha producción, han visto con dolor perder sus casas y demás bienes ante el avance de un fenómeno arrasador con pérdidas incalculables. Según el gobernador correntino Gustavo Valdés (reelecto), tuvo un choque muy duro con el ministro nacional de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentaste, Juan Cabandié, a quien acusó de faltar a la verdad y de hacer mal su trabajo.
Haber contabilizado 800.000 hectáreas afectadas por el fuego, supone que el operativo resultó muy deficiente y las autoridades correntinas lo imputan al gobierno nacional.
Pero merece abordarse la cuestión de la virtual mentira. Según la RAE (Real Academia Española), la mentira es una expresión o manifestación contraria a la verdad, en lo que sabe, se cree o se piensa”.
¿Cómo se advierte la mentira y, en especial, de una alta funcionaria? Simplemente cuando en 2012 celebró con bombos y platillos la compra de 26 aviones hidrantes. El problema se desencadenó cuando esos equipos de avanzada adquirieron la facultad de convertirse en estado de invisibilidad, la cualidad de un cuerpo físico visible de no ser visto en condiciones de luz normales para un supuesto observador.
La cuestión es que las 800.000 hectáreas correntinas desaparecieron. Y las pérdidas ya alcanzan los 25.000 millones de pesos.
El influencer Santi Maratea, al cierre de esta nota había recaudado 170 millones de pesos para ayuda ante las necesidades de los correntinos. La solidaridad de los argentinos se puso de manifiesto en todos los rincones del país, donando elementos necesarios para preservar la vida humana y animal, a lo que no fueron ajenos otros países.
Los dineros que se desviaron y debían destinarse para adquirir hidrantes, como se ha dicho, ¿en qué se transformaron?
A fines de enero asumió la Presidencia de Honduras Xiomara Castro. Allí viajó la vicepresidenta argentina en representación de nuestro país, aprovechando para disertar en la Universidad Nacional Autónoma. Lástima que Cristina Fernández no haya podido visitar la tierra guaraní donde miles y miles sufren una tragedia inédita.
Los millones de pesos, la pérdida de vidas, la biodiversidad, los humedales, etc., esfumados por efecto de esta catástrofe correntina, es la medida del dolor inenarrable que debe compartir todo argentino.
Cuando se haga un buen balance final con mirada aguda respecto de este doloroso desastre que entristece a toda la República, sabremos quiénes tuercen la mirada y los que sienten que tienen un corazón que late limpio y comprometido. Que el país se anime a desterrar la era del cinismo…
Otro sí digo: el presidente Alberto Fernández planificó viajar a Corrientes. Se trata del mandatario que hace unas semanas se fue a abrazar con el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putín, llenándolo de elogios y propuestas. El mismo que hoy anda contabilizando muertos de Ucrania tras disponer las acciones sangrientas que el mundo deplora.
(*) Especial para ANALISIS





