Por Darío Dayub (*)
Hoy en Chile comienza un cambio histórico, que lo trasciende por tratarse del más radical que este siglo recuerde. Asume un nuevo gobierno, encabezado por Gabriel Boric, pero implica mucho más que eso; pues se desata de su pasado reciente con definiciones que abrazan los reclamos de esta nueva sociedad más diversa y reformista, que interpela a la dirigencia desde el inicio del milenio.
Pero para entender “como un puñado de jóvenes logro en poco tiempo recoger, en un interminable entramado de alianzas, a todos los sectores olvidados para llevarlos al poder, desplazando a los partidos tradicionales y esquivando sus tentaciones” hay que comenzar por contar que la historia reciente de ese país, la que hoy termina, generó un sistema educativo universitario cerrado que amputó la esperanza de miles de jóvenes, generación tras generación.
De ingreso restringido por exámenes que otorgan un puntaje que indica “qué puede y qué no puede estudiar” el aspirante, sin importar su vocación ni su deseo. Los puntajes más altos fueron siempre de los pocos jóvenes ricos que pueden pagar los “cursos preuniversitarios” que las mismas universidades dan. El resto, va y hace lo que puede relegando siempre su ascenso social. La universidad es una empresa financiera y la educación un negocio.
Más conservador e inhumano no viene Sras. y Sres.
Pero hubo una generación, la de éste siglo, que dijo basta!. Y salió a las calles a encontrarse con otros desplazados; con quiénes lograron inteligentemente organizarce, presentarse a elecciones y hasta ingresar representantes al congreso. Era el principio imparable de un fin de época.
Entre lo que ingresaron se encontraba el joven Boric con tan solo 28 años, el mismo que hoy con sus flamantes 36 asumió como presidente -el más joven de la historia- luego de derrotar a los partidos de siempre y finalmente, con un historico porcentaje para que no queden dudas, a la expresión politica mas rancia e impiadosa que tuviera el poder a punta de pistola, influencias y dinero por años. Sellandose el punto de "no retorno", con un nuevo comienzo y una nueva oportunidad para todos; la mera justicia postergada.
Y así es como Chile le dice a toda América: "Bienvenida al SXXI". Sí Chile, aquel hermano discolo y rezagado de la gran familia latina, hoy se pone a la vanguardia y nos alecciona sobre cómo hacer posible aquel "que se vayan todos" con que Argentina comenzó el siglo y que nunca entendió ni supo plasmar.
Nos enseña que éste será el siglo de una nueva síntesis dialéctica de la historia, protagonizada otra vez por la juventud, pero esta vez por la juventud femenina. Será la mujer quién dara el andamiaje conceptual, filosófico e ideológico al cambio. En la revolución mas profunda y universal de la que el mundo tenga memoria; porque no será militar, politica ni económica sino silenciosa, cultural y pacifica. Y esa es la razón por la cual la vieja burguesía dirigencial no la vio venir, antes de que le explotase en la cara sin nada mas ya por hacer para poder evitarlo.
Chile nos da hoy una señal con su tenue y pequeño parpadeo de luz de esperanza perdida al sur, entre muro y mar, de este mundo colapsado; con un camino a seguir que dependerá de ellos hacer crecer o fracasar.
Pero también nos da un mensaje. Un mensaje a los partidos tradicionales, sobre su ciclo cumplido; a los viejos dirigentes que ya no pueden hacer carne sus propias proclamas y, sin embargo, se eternizan en el poder con desmedida ambición, disfrazada de "visión de futuro", el mismo que nunca vieron y que ya no verán, siendo un tapón para la juventud que busca aflorar. Un mensaje también para los nuevos partidos sobre su misión, de la que no deben claudicar a manos de aquellos con sus tentaciones de poder intentando cooptarlos. Pero, por sobre todas las cosas, es un mensaje para la juventud; para que siga, para que luche y para que sepa que finalmente se llega, porque el tiempo es su mayor aliado frente a quienes ya no lo tienen. Sepan jóvenes que tienen derecho a definir su futuro, aun en el error, sin que se lo impongan justamente quienes no serán parte de él.
Abrazo con todo mi corazón hoy a Chile. Deseo que lo logre, que le vaya bien, que pueda encender finalmente esa luz de esperanza y construir el camino sin colapsar en el intento. Deseo que la rebeldía juvenil le siga regalando al mundo toda la justicia con la que lo ha marcado en cada lucha, en cada transformación, en cada síntesis de su historia que ha protagonizado. Deseo que puedan dejar algo mejor que el desastre que recibieron; que reconviertan el mundo y, por sobre todo deseo, que nunca más, nadie, les detenga la marcha.
(*) Presidente del GEN Paraná





