Por Luis María Serroels (*)
“Delitos contra la Administración Pública”. Apenas cinco palabras fueron suficientes para englobar las maniobras de una persona y transitar el camino de la corrupción (en banda).
Sergio Urribarri fue procesado –junto a otras personas- por delitos contra la Administración Pública y la justicia lo halló culpable junto a otros incursos en el denominado “megajuicio”. Aunque hubo algunos que resultaron absueltos…
El tribunal le aplicó ocho años de cárcel a quien gobernó durante dos períodos consecutivos a los entrerrianos. El ex ministro de Comunicación, Pedro Báez, deberá enfrentar seis años y medio, en tanto Juan Pablo Aguilera (cuñado de Urribarri), sindicado como verdadero dueño de las empresas Teo SRL y Next SRL (junto a un par de “testaferros”), fue condenado a seis años y medio.
¿No dejó de resultar extraño que el Presidente Alberto Fernández haya designado como embajador en Israel a Sergio Urribarri, salteando por sobre los estudios específicos de la carrera diplomática? Tras cartón, se le añadió simultáneamente la representación en Chipre.
Cuando Urribarri se dispuso a despedirse del gobernador Gustavo Bordet antes de su viaje para asumir su tarea diplomática con sus Cartas Credenciales, el mandatario ya sabía de quién se trataba y su vergonzante historia política. Allí, quien debió ejercer algo de diplomacia fue nuestro jefe provincial.
No pocos coinciden en la habilidad política innegable, pero no tanto cuando se debió rendir cuentas frente a un tribunal. El robo que se le hace al Estado, se le hace a la ciudadanía toda.
¿Cuántos mandatarios entrerrianos legitimados por nuestra Constitución y las leyes debieron rendir cuentas frente a los tribunales?
Que se sepa, en Entre Ríos ejercieron sus funciones con honradez y esfuerzo para ser dignos del deber heredado de sus grandes próceres.
Este personaje con veleidades de gran transformador, no merece tener colocado su retrato en el Salón de los Gobernadores.
Cuando Daniel Enz desembarcó en Paraná proveniente de Reconquista nadie pensó en las cosas que iba a hacer por los andariveles del periodismo. Con seriedad y apego por la verdad, se plantó seguro y nunca se arrepintió de haber iniciado la investigación acerca de semejante causa.
Ese es el prototipo del encarnizado investigador. Y aquí por estos días ha terminado uno de sus trabajos en los que la mentira instalada en los intersticios de la corrupción se disfrazaba de política.
El slogan “El Sueño Entrerriano” y sus veleidades de primer mandatario, se diluyeron. También bajo la “causa del Mercosur” se filtraron contrataciones por 28,4 millones de pesos para su organización.
Esta causa tuvo proyectos accesorios al poder, cuyos festines alcanzaban para muchos paladares. Dinero que se transformó en jugosos recursos al servicio de una campaña sucia.
“Ningún legado es tan rico como la honestidad” (William Shakespeare).
(*) Especial para ANALISIS





