Por José María Varangot (*)
El acuerdo con el FMI puso en carne viva las tremendas diferencias que había entre sectores del gobierno. La renuncia de Máximo Kirchner al cargo de presidente del Bloque de Diputados del FDT y las feroces críticas que el Presidente recibe a diario, a modo de “fuego amigo”, sigue minando su credibilidad. Alberto cuenta con el apoyo de sólo un sector del gobierno.
Esto que sucede a la vista de todos, profundiza la desconfianza de la gente en el gobierno, en las instituciones democráticas, y en los dirigentes políticos, agravado todo ello, con el recientemente conocido índice de inflación de marzo, del 6,7%.
En relación a la disconformidad con los términos del acuerdo, cabe mencionar la sorpresa de la gente y del arco político, pues el kirchnerismo en ningún momento articuló una alternativa con otras condiciones, debidamente explicitada y publicitada, para que la opinión pública tomara nota de la existencia de una alternativa distinta y seguramente superadora, de la que manejaba la cartera de Economía. Fernández, debido a sus declaraciones fallidas, marchas, contramarchas y errores de gestión durante la pandemia, ha sufrido una sensible merma en su apoyatura popular, como la que, efectivamente, tuvieron otros Presidentes justicialistas y además, carece de liderazgo partidario.
Este escenario contribuye a una polarización muy tóxica para todo el sector político argentino, pues acentúa la desazón de la sociedad. En política, la desilusión puede llevar al descreimiento en el sistema y de allí, estaríamos a un paso en el 2023, de un salto al vacío, a modo de voto castigo.
En este sentido, ha llamado la atención la última encuesta de opinión de “Isonomía”, simultánea con la publicación del índice del 6,7% de inflación de marzo, sobre un universo de 2.000 personas. A la pregunta si cree que el gobierno podrá controlar la inflación, el 61% contestó que no, allí encontramos configurado el pesimismo. Luego, se le pregunta que indique cuál de los políticos actuales tiene mayores posibilidades de controlar laiInflación, la respuesta fue Milei con el 38%. Cabe aclarar que ese precandidato, hasta hoy contaba con una intención de voto para Presidente del 18%.
Ahora bien, en caso que la inflación aumente y se descontrole, esa intención de voto ¿podría subir hasta colocarlo en situación expectante de ser Presidente? Entonces, ¿no estaríamos ante un caso de salto al vacío? Pues encumbramos a la Presidencia a un candidato desconocido, que no pertenece al sector, no contaría con equipos y mantiene un modo de comunicación absolutamente poco ortodoxo para lo que es nuestra cultura política.
Una dirigencia política desacreditada nunca va a poder estructurar los consensos mínimos y un gobierno peleado, sin liderazgo, no puede ejecutar políticas. Valga como ejemplo que la ley más importante del gobierno, el acuerdo con el FMI, pudo ser aprobada por el Congreso de la Nación gracias a los votos de la oposición, ante la falta de apoyo de legisladores propios de La Cámpora.
A esta altura del gobierno de Fernández y teniendo la perspectiva de las elecciones presidenciales del 2023, los argentinos tenemos el convencimiento interno que sólo queda “esperar y llegar”, sin cambios de rumbo concretos que signifiquen consecuencias beneficiosas para la gente. No hay diálogo con la oposición en función de una agenda predeterminada, el discurso oficial no se nutre de términos como desregulación, racionalidad impositiva, moderación del gasto público, a modo de herramientas a aplicar sino, por el contrario, todo se limita a atenuar los efectos no deseados del hecho consumado.
Hoy, advertimos en la alianza gobernante una grieta aparentemente ideológica; sin embargo, el kirchnerismo no abandona los puestos logrados en empresas estatales como PAMI, Anses o Aerolíneas Argentinas entre cientos de otros cargos. Parece que el enojo no es tanto como para abandonar las cajas de recaudación importantes.
Así como en su momento mantuvieron una agenda incomprensible y alejada de las preocupaciones reales de la gente común, como lo fue la guerra contra sectores del Poder Judicial y Corte Suprema de la Nación, en la que se gastó tanta energía, hoy asistimos al entrecruzamiento de frases como “la banda y el bastón no es todo el Poder”, por un lado y “nadie está obligado a continuar en un gobierno con el que no está de acuerdo”, por el otro. Es insólito que tengamos dirigentes y funcionarios que, sin entender la situación de Argentina, se embarquen en éste tipo de peleas públicas.
(*) Abogado, productor agropecuario y dirigente rural. El Colorado, Santa Elena, Dpto. La Paz





