Por Luis María Serroels (*)
Si hay algo que los argentinos rechazan sin miramientos es cuando deben soportar por imperio de la Constitución Nacional una figura de vicepresidenta del calibre de Cristina Fernández. Desde 2003 en adelante, ella manejó la política, más aún tras el fallecimiento de su esposo.
Quien asume esa función sólo ejerce la Presidencia en caso de ausencia del primer mandatario y en forma transitoria (art. 88º - Carta Magna). Nunca es un exceso remarcarlo, tanto como el hecho de que la actual vicemandataria está limitada claramente.
Sin embargo, quizás por los vaivenes de tales cambios institucionales entre Presidencia y Vicepresidencia, hicieron un juego cuasi de alternancia sólo interrumpido por el turno del gobierno de Mauricio Macri (2015-2019).
La carencia de mesura expuesta por Cristina Fernández ante los graves problemas que padece el país, se estrella contra un parapeto infranqueable e impensado: los magistrados con los que contaba perdieron la pulseada.
Se advirtió el modo en que el kirchnerismo vino manipulando ciertos Juzgados, hasta que este juego se terminó. En Comodoro Py parecen soplar nuevos aires y está claro que a CFK sólo le interesa zafar de los fiscales duros y rehúye sabiendo que tarde o temprano le alcanzará el látigo de la justicia.
A su hija, la Vicepresidenta, maternalmente le obsequió millones de dólares. Todo el mundo lo supo, mientras su socio electoral Alberto Fernández ni se inmutó.
El cristinismo se desesperó por ubicar cinco jueces en Comodoro Py y que le sean afines y dispuestos a cuidar sus intereses sin advertir que además están altamente comprometidos funcionarios y políticos quienes sólo responderán a la actual vicepresidenta en tanto los salven.
Existe desde décadas una frase que utilizan ciertos políticos para embolsar dinero ajeno: “¡Roban pero hacen!”.
Cristina se ha encontrado con un freno muy sólido y se trata de jueces a los que el kirchnerismo no puede vulnerar. Es la justicia auténtica. Sócrates dijo que “La buena conciencia es la mayor almohada para dormir”.
Si la vicepresidenta se siente molesta con el Presidente al punto de enmendarle la plana, es ella la que debería dar un paso al costado.
¿Quién aceptaría abonar el 27% correspondiente a los activos en el exterior? ¿Quién quedaría satisfecho por un acto patriótico mientras la presidenta acomoda sus capitales mal habidos y muy asegurados? ¿No sabía que el secretario privado de Néstor Kirchner, el fallecido Daniel Muñoz, atesoraba 113 propiedades en Miami y Nueva York y disponía de 90 millones de dólares?
Una de las hazañas de CFK consistiría en petardear al Consejo de la Magistratura, aunque vanamente lo podría concretar. En tanto los jueces federales tienen el propósito de higienizar la justicia K.
Frente a un pedido de la actual vicepresidenta de tramitación del cierre de la causa Ruta del Dinero K, se enfrentó con el duro fiscal Guillermo Marijuan. Se entiende que faltan medidas de prueba pendientes.
Entre algunas de las hazañas programadas por el “cristinismo”, figuraba atacar al Consejo de la Magistratura. Hay un inconveniente impensado y los magistrados con los que contaba para su salvación no fueron tales.
No se puede soslayar que ambos Fernández hicieron una jugarreta en marzo de 2019, pero tarde o temprano se fue diluyendo como cualquier mala voltereta política destinada a un mal destino.
Durante la extensa nota realizada en la noche del último miércoles (Cuestión de Fondo-Canal 9 Litoral) por Daniel Enz al ex gobernador entrerriano Mario Moine pronunció una frase que adquirió todo un desafío: “¡Voy a ser claro y terminante: que Alberto se saque de encima a Cristina Kirchner!”.
(*) Especial para ANALISIS





