Por Luis María Serroels (*)
¡Nuevo reverdecer cumplidos 206 años frente a la voluntad de honrar a los hacedores de la Patria!
Reafirmemos los mandatos sagrados y no claudiquemos ante las obligaciones de asegurar bienestar para esta Argentina en la que no pocos buscan adherirse a la antipatria. Hay ejemplares que juegan con las más sagradas ideas y esenciales principios, en especial, aquellos que opacan a la Nación y hasta se dan el gusto de gobernar pisoteando las leyes y riéndose del Código Penal porque se saben impunes.
Hoy, funcionarios de jerarquía resguardados bajo sus cargos y con capitales mal habidos, es lo que nuestra Nación no debe soportar. ¡Eso es lo que no se puede ni se debe permitir! ¿Cómo se sentirían los hombres preclaros ante el tañir de las campanas anunciadoras de la Independencia añorada, si nuestra patria debe soportar los atropellos por parte de los mediocres gobernantes que hoy mancillan su nombre y se dan el gusto de ignorar la Carta Magna? Esos mismos son quienes simulan respetar las leyes, le dan vuelta el rostro a los jueces y navegan en las aguas de la inconducta. Esos también suelen ser quienes se suben a los palcos el 9 de Julio.
Funcionarios llamados a ordenar el desorden siendo ellos mismos parte de ese desorden. Funcionarios de todo pelaje enriquecidos con el dinero del pueblo.
El primer mandatario de cualquier lugar del mundo que se precie de ser un verdadero estadista y resguarde su ordenamiento legal y sea un auténtico protector de su sociedad, no permitiría abrirle la puerta a quien se dedique a evadir las leyes.
Cuando un mandatario o su subrogante chocan y además uno de ellos se carga de dinero del Estado mirando para otro lado, algo malo sucede. Y tras esto se sube a un palco para festejar el Día la Independencia.
Mejor sería regalar a nuestro pueblo estas palabras de Juan Bautista Alberdi: “Recordemos a nuestro pueblo que la patria no es el suelo. Tenemos suelo hace tres siglos y sólo tenemos patria desde 1810. La libertad es la libertad, el orden, la riqueza, la civilización organizada, en el suelo nativo bajo su enseña y su nombre”.
En la lejana San Miguel de Tucumán, alumbró ardorosamente la Independencia. Fue un 9 de Julio de 1816. A través de nuestra historia, hubo gobiernos que han honrado la enseña nacional sin medida, en tanto se entregaron al sacrificio. Por estos tiempos se advierte que no todos se inclinan ante el valor de la bandera argentina, el paño sagrado y en resumen, todo cuanto signifique nuestra identidad como Nación.
Quienes se adentren en la rica historia argentina, pueden abrevar en fuentes cristalinas. Empero, no suena bueno que quienes hoy manejan el país quieran torcer el destino y su bitácora se maneje como se quiera.
Curiosa forma la de analizar la política dándole un voto de confianza a la flamante ministra de Economía, en tanto millones de argentinos saben bien que los resortes en esta materia deberán pasar por un fino filtro marca CFK. ¿Cómo comprender que una vicepresidenta haga y deshaga por encima del Presidente? ¿Habrá comprendido lo que significa el sentido y proyección del respeto institucional?
Es bueno y justo rendir a nuestros próceres el reconocimiento con el fervor que se debe pero no acotado sólo a la fecha. Es espejarse en ellos como un modo de gratitud en cada jornada. Esto además significa desterrar de esta tierra a los ladrones de la política con guante blanco. De hecho, como acto aleccionador, supone limpiar de este suelo a los corruptos.
“Un país sale adelante cuando sus habitantes trabajan con dignidad para lograrlo. Juntos debemos seguir sembrando en este suelo argentino semillas de justicia, fraternidad, unión, solidaridad, comprensión, diálogo y responsabilidad”. Párrafo de una reflexión en el Día de la Independencia perteneciente a la docente Sandra Impagliazzo.
(*) Especial para ANALISIS





