Por Hernán Rausch (*)
Año 2022 y seguimos sumando períodos desde aquel mes de marzo de 2013. Por aquel entonces asumió el pontificado el Cardenal Jorge Bergoglio, actual Papa Francisco. Después de haber traspasado temores, enfrentado al poder eclesial local, entusiasmaba la llegada al papado de un patriota, figura conocedora ya de la problemática sacerdotal en el suelo argentino. También la conocía la realidad de Paraná, donde hay algunos curas depravados, lentos para asistir, hábiles para la corrupción, diplomáticos para faltar a algunas verdades y astutos para captar niños, manipularlos, someterlos, abusarlos, corromperlos y descartarlos.
Pasa el tiempo, especulan con los plazos, siguen apelando al olvido, usando al digno cristiano como escudo protector. En la tierra del Papa Francisco todo es incertidumbre, desconcierto y decepción.
Frente a distintos hechos de corrupción y abusos, las autoridades argentinas siguen mirando hacia otro lado, encaprichados en un rumbo enfermizo de silencios y complicidad, al parecer decididos a seguir ignorando la realidad que atraviesa la Iglesia en América, y sin excepción la argentina, detonada de casos de corrupción y abusos.
Se viene observando que las actitudes en otros países, aunque a veces el propio papado dice ignorar y no conocer estos hechos, están demandando acción en la argentina, avanzan en otros sitios del mundo, mas, en la tierra del sumo Pontífice, se encuentran suspendidas, parecen incitar a los fieles a desentenderse, no haciendo mención a esta problemática que atraviesa de forma trasversal a la comunidad cristiana; sobre muchos juicios ni se sabe si se hallan latentes, en desarrollo o en algunas de las etapas. No se conoce porque todo es hermetismo.
La Iglesia de Paraná, todos estos años, se ha mantenidos sumergida en sigilo, con aparentes intenciones de salvar la mentira y no defender la verdad, para salvaguardarse de sí mismos, sin importar el rebaño, solo tienen pensamientos egoístas, de los hombres. Ya en tiempos antaño, un tal Jesús reprimió al que sería primer pontífice, Pedro, diciéndole: “…sal de mi vista, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”. Sencillamente deja en claro la mediocridad de algunos de sus representantes. Nada diferentes para esta época.
Este pasaje deja en la actualidad la misma imagen, niegan la realidad, no quieren asumir la naturaleza humana de las cosas, solo se refugian, en estos casos, en la naturaleza divina, confiando a futuro el perdón de Dios en la otra vida, si existiere, en lo que a mí respecta, sí creo. Aqui y en estas problemáticas, ignoran la parte humana. Sabemos que la Iglesia es de las dos naturalezas, pero le falta empatía terrenal, de buscar y saldar al que sufre. Con su actitud frívola, acrecientan el número de los damnificados, los lastimados por ellos mismos, generando dolor y desconcierto.
La Iglesia está llamada a un renacimiento, no estancamiento, lo que uno pretende es cooperar, contribuir, renovar, no interferir, dividir, menos destruir. Para estos pasos es indispensable y beneficioso, ir con la verdad, ser honestos, en primer lugar, con nosotros mismos, entre ellos mismos, autoridades y miembros eclesiásticos.
Se denota cansancio, tristeza y amargura en algunos sacerdotes, no son felices, tampoco ayudan a ser felices a sus comunidades, juegan a ser reyes, pero continúan inmerso en un mutismo estremecedor que, con esa postura, solo generan una ensordecedora demanda de claridad, luz y justicia para la sociedad.
Motivo y animo a ser agentes de cambio en la Iglesia, de toda la hermandad, a salvarla de sí misma, desde el lugar que nos toque, pero por estos tiempos los laicos y cualquier sujeto, están llamados a ser partícipe y generar conciencia.
No se viene a dar problemas, sino soluciones, y para que haya soluciones debe haber revelaciones, y a partir de la revelación, movilizarse para dar desenlace, aspirando buenos resultados.
Dentro de cada crisis puede haber una oportunidad, si hoy por hoy existe, no la desaprovechemos, es ponerse en camino. “No tengan miedo”.
Ustedes, hombres de autoridad, prefirieron el poder, nosotros el honor. ¿Por qué vivir como ellos dicen, si muchos de ellos no viven lo que proclaman? Su rito de ordenación les indica: “Cree lo que lees, enseña lo que crees y practica lo que enseñas”.
El Sumo Pontífice debe dar pasos en su tierra, aunque ya desesperanzados con su presencia física, no así con oportunidad de dejar de resistirse, y de una vez por todas, fijar la vista en “el fin del mundo”, como Él definió su lugar de procedencia, luego de la elección de aquel 13 de marzo.
Invitamos al máximo representante católico, a no temer a la señalización de los responsables de abusos y encubrimientos, de demostrar en su suelo interés de cambio. Que mejor lugar para limpiar y ordenar que el establo de su propia granja, al igual que José, para así dar lugar a nuevos personajes en esta historia, comprometidos y jugados con y por la verdad, en este caminar terrenal, haciendo nueva todas las cosas.
Lo que aquí solo resta, es no ser tibios ni mediocres, porque ya en la biblia lo dice:” A los tibios los vomitaré de mi boca”. Esta expresión es tajante y definitiva, es repugnante al ojo humano. Para Dios, inadmisible.
En estas historias no hay “grises” ni “peros”, se trata de ponerse en camino y dar color a la esperanza.
Es por eso que esperamos menos errores y más aciertos, menos palabras y más batallas contra la corrupción y el mal, para que se obtengan encuentros y soluciones.
Errar es humano, ahora errar consiente e intencionalmente, es perverso y destructivo.
(*) Sobreviviente de Abuso Sexual Eclesiástico. Denunciante del cura Justo José Ilarraz.





