Por Carlos Del Frade (*)
Conocí la invención de la sonrisa y la fiesta en que son capaces de convertir los actos en medio de una realidad social despiadada donde alumnos y padres sobreviven de la basura y, sin embargo, allí, en la escuela, ustedes hacen posible que los pibes sientan que hay esperanza, futuro, solidaridad y que tiene sentido la libertad y la dignidad.
Conocí la lucha de ustedes en contra de los nuevos señores de los barrios, los narcos que manejan los horarios de los centros de salud y hasta los turnos para comer en los salones comunitarios. Fueron maestras y maestros los primeros en denunciar esta realidad que todavía niegan los voceros de los partidos tradicionales en los barrios de todas las grandes ciudades de la provincia.
Conocí ferias de libros hechos a mano por chicas y chicos que se animaba a interpretar los cuentos que ustedes les estimulaban a escribir, los vi disfrazados de piratas, integrantes de naves espaciales, murguistas y tantas otras cosas que siempre son capaces de hacer en esas horas donde ustedes convierten a las escuelas en un espacio que rema contra la corriente de la resignación y el pesimismo.
Conocí recreos donde intentan pisar la pelota de violencias que vienen de otro lado, los vi abrazados a pibes que necesitaban y necesitan afecto, fui testigo de los cambios en las miradas de muchos de ustedes cuando la narración de la chica o del chico se metía en territorios de perversidad, injusticia e impotencia. Y nunca los vi abandonar. Los vi allí, sabedores que al otro día volverían a estar. Volverían a recorrer las casillas de las villas para buscar a sus chicos, hablar con los padres, denunciar a la policía y buscar ayuda para vender pastelitos, rifas e intentar nuevas aulas, techos, grabadores, pizarrones, electricidad, alumbrado y hasta el asfalto para el barrio.
Conocí maestras y maestros que terminaban su trabajo y aprovechaban alguna casa para enseñar a caminar y hablar a los chiquitos que no lo podían hacer porque estaban discapacitados por efecto de la mala nutrición.
Conocí de la dignidad de maestras y maestros que se pararon ante ministras y ministros, gobernadores y otras tantas autoridades, pidiendo respeto por todos los compañeros. Pidiendo respeto por todos.
Los conocí y los quiero, por eso me tomé el atrevimiento de llamarlos queridos.
Tengan mañana el mejor día. Se lo merecen hacen rato.
(*) Periodista – Diputado provincial de Santa Fe por el Frente Social y Popular





