Imagen: El Diario Nuevo Día
Por Luis María Serroels (*)
Por estos días, el diputado nacional entrerriano Marcelo Casaretto (Frente de Todos) propuso un proyecto de ley mediante el cual todo el personal del Poder Judicial (particularmente los jueces) deban pagar el rubro “ganancias”. Antes de analizarse el proyecto, tal documento ya había muerto.
Una cosa es amasar un proyecto con cara de revolucionario y otra la imposibilidad de modificarse. A nadie le gusta que se les achique el bolsillo a la hora de contar el sueldo, mientras a otros se les engorde por obra de excepciones que no deberían existir. Según el legislador Casaretto el Estado recaudador pierde 238 mil millones de pesos al año que no ingresan por no tributar el Poder Judicial.
“Todos somos iguales ante la ley y todos los jueces en actividad o jubilados tienen que pagar ganancias si superan el mínimo no imponible como cualquier hijo de buen vecino”, se anunció cierta vez.
Se escuchó que “es posible, necesario e imprescindible que los jueces estén bien retribuidos, que sus remuneraciones mantengan su poder adquisitivo y que simultáneamente paguen un impuesto a las ganancias” (estas palabras del doctor Horacio Rosatti fueron dichas cuando oficiaba como conjuez).
Hoy se preocuparon los altos magistrados frente a un diputado entrerriano que movió el avispero (de todos modos siempre fue claro que este tema iría irremediablemente a morir en un cesto).
En una charla amena de amigos, así como se resguarda la intangibilidad del sector del Poder Judicial, se les dio por meterse en un diálogo jugoso en el que terciaron algunos sabedores.
Y en tren de aquellos que tienen a su cargo responsabilidades bancarias, bien podría darle juego a la intangibilidad como garantía de sus remuneraciones. Esas tareas atribuidas a un hombre honesto y cabal es lo que justificaría la excepción del Impuesto a las Ganancias. Y qué bien le vendría como aliciente a sus virtudes exhibidas. Ello se comentaba días pasados en un bar.
En el ámbito judicial no se discute en absoluto el sistema de liquidaciones salariales, lo que se plantea en tal caso es la igualdad ante la ley. Para ser virtuoso y decente no es necesario recibir excepciones lo suficientemente tranquilizadoras sin pagar el Impuesto a las Ganancias. Lo que está, ya está. ¿Por qué esto no se aplica para todos? Este es el dilema.
¿Qué ocurriría si alguien de la justicia aceptara voluntariamente aportar al famoso impuesto? Aprovechemos para una buena y oportuna reflexión, ya que estos días nos visitó una alta figura judicial. Durante la alocución en el “XV Congreso Nacional de secretarios letrados y relatores de Cortes y Superiores Tribunales de Justicia CABA” realizado en Paraná, entre sus palabras, el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el doctor Horacio Rosatti, manifestó que “las sentencias judiciales deben ser profundas y claras”. Sería bueno que no sean eternas. ¿Cuándo se sabrá la sentencia sobre la actual Vicepresidenta de la Nación?
(*) Especial para ANALISIS





