Por Margarita Gonnet (*)
Hay mucho más que números de encuestas en la elección del domingo 30 de octubre de 2022. A horas de la elección de este domingo en Brasil, cuando se dilucidan los votos del segundo turno de ballotage, el clima de violencia se exacerba cada vez más en un binomio que parte aguas. No solo entre los votantes de una facción y la otra, también en el Congreso brasileño, donde, desde el 2 de octubre, Bolsonaro obtuvo 99 diputados federales contra 80 para la Federación de la Esperanza, en un total de 156 lugares. De esta forma, Jair Bolsonaro refuerza su mayoría en ambas cámaras, lo que deja un camino difícil para Luiz Inácio Lula Da Silva en el Congreso en términos de gobernabilidad.
Esta situación se da porque, una suerte de manual inspirado en el macarthismo de los años 60 y en Olavo de Carvalho, (1947-2022), filósofo brasileño autoproclamado e inspiración en la concepción de derecha para Jair Bolsonaro, le endilga a los opositores del discurso oficialista, posturas políticas extremistas, utilizando el término “comunistas” con connotaciones apocalípticas, borrando a los sectores del “centro”. Esta tendencia se vio no solo con Donald Trump en torno a la supremacía blanca estadounidense con la caída del Capitolio, es la fibra de una línea de campaña que se pavimentó sobre la base de datos falsos o fake-news. El resultado obtenido siempre es el mismo. En Italia lo vemos con claridad, desde una realidad política muy distinta, aunque con la misma dialéctica discursiva que empleó Olavo de Carvalho. En vísperas de las elecciones de 2018, Fernando Haddad, fue acusado de violar a una adolescente. Luego se comprobó que era un dato falso, pero junto a las acusaciones de fraude a Luiz Inácio Da Silva y el combo de medios dominantes bombardeando a los electores, desencadenó la victoria de Jair Bolsonaro.
Hace 4 días, se vio como Roberto Jefferson, ex-diputado bolsonarista, lanzó 3 granadas y 50 disparos a los efectivos policiales que fueron a llevarlo a prisión por haber incumplido con medidas de prisión domiciliaria que le prohibían postear contenidos en internet. Jefferson, poseía un arsenal de 7,6 toneladas de municiones y armas de alto calibre, motivo por el que hace algunas horas cumple prisión preventiva en el centro de reclusión Bangú. La postura de bolsonaristas desde los medios (Joven Pan), pasó de darle un halo heroico a decir que está desequilibrado o que está bien “hacer lo que el presidente (Bolsonaro) dice”, refiriéndose a la orden de Jair de ir a buscarlo a su domicilio luego de que atacó en un video a Carmen Lúcia, ministra del Supremo Tribunal de Justicia de Brasil, llamándola de “prostituta”. El propio Jair Bolsonaro, después del segundo debate electoral con Lula donde abundaron insultos, fake-news y argumentos descontextualizados, grabó un live en YouTube donde relató cómo “pintó un clima” con dos niñas de 14 años, saliéndose de libreto y relatando que creyó que eran dos prostitutas y eso lo motivó a seguirlas a una edificación que, según dijo, era un prostíbulo, tratando de desmarcarse y autorizar su conducta. Luego admitió que al ingresar se dio cuenta de que se trataba de una casa de familia dónde estaban presentes otras personas. Simone Tebet, rival de Lula y Bolsonaro durante el primer debate emitido por el canal SBT, manifestó en los últimos días su adhesión al sector de campaña de Luiz Inácio Da Silva y apuntó contra este episodio. Tebet dijo en un video que circula en redes sociales, que, en el caso de que se tratara de un prostíbulo, eran dos niñas de 14 años, por lo tanto menores de edad. Datos más que suficientes para, en todo caso, denunciar la situación en los organismos correspondientes, de prostitución infantil, cosa que tampoco hizo Bolsonaro. Este episodio impactó en toda la población brasileña porque trascendió clases sociales o procedencias y lesionó incluso el discurso de Dios, familia y Ejército que funcionaba muy bien para la facción evangélica-pentecostal que le da sostén. Hablamos de la “bancada de la Biblia”, que corresponde al 30% de los creyentes en Brasil. También religiosos católicos, que corresponden al 50% de los creyentes en Brasil, salieron a confrontar la manipulación del evangelio y de las concepciones cristianas por parte de religiosos y fieles católicos que interpelan a curas, iglesias y temen por el cierre de templos religiosos, a partir de frases sueltas de Bolsonaro. A raíz de esto, Lula debió firmar una carta en estos días, donde se compromete a mantener los templos abiertos. A pesar de que, en 2003 firmó una ley de libertad de culto y le dio respaldo cívico y legal, incluso a iglesias evangélicas-pentecostales.
El propio Estado brasileño se declara laico pero convive con una “ley áurea” que no abolió en los hechos a la esclavitud en Brasil y con un imperialismo encapsulado en las clases medias y altas del país que no se desprendió del imperio portugués y que mira con admiración al Reino Unido y a Estados Unidos. Esto último, consecuencia de una tardía participación en la segunda Guerra Mundial, que fue desastrosa y una infiltración de Walt Disney que presentó a Brasil como una nación ignorante, despreocupada y servil con un acuerdo entre Estados Unidos y Brasil que permitía bases militares estadounidenses en Brasil y que le abrió el camino al estrellato a Carmen Miranda. Esto en post-segunda guerra, con un Brasil sin exportaciones y los casinos creciendo en cada esquina.
Esta bola de nieve de situaciones violentas se vio y se ve en las calles. No solo desde el Congreso y sus representantes, sino en la temperatura que se vive a diario en las calles de Brasil contra personas que expresan su voto contrario al oficialismo brasileño. Especialmente, contra personas negras, que cuentan con la mayor representación a nivel de municipios, por primera vez en la historia de Brasil. Varias personas partidarias de Lula han sido golpeadas, han recibido disparos y han sido insultadas, llegando a impactar en Seu Jorge, actor y cantante brasileño que fue insultado y discriminado por empleados del local donde desarrolló uno de sus shows, en la ciudad de Porto Alegre, y que lo motivó a realizar un video donde hace su descargo hacia el Estado de Rio Grande do Sul. Además de uno de los primeros incidentes desde el inicio de la campaña, donde un partidario de Lula celebraba su cumpleaños y recibió un disparo de un bolsonarista. También una mujer embarazada que repartía volantes del Partido de los Trabajadores, fue golpeada en el piso por partidarios bolsonaristas que se identificaron como tales. Y sería muy inexacto e injusto decir que la violencia se limita a estos casos descriptos. Esta burbuja es parte de una brecha que parece muy difícil de soslayar en las calles y en el Congreso.
Sin embargo, desde la elección de 2018 a 2022, el discurso de las fake-news se volvió más sofisticado en redes sociales y en contrapartida, detectable por el periodismo brasileño y la población. La descubierta de la Lava-Jato, posterior a las Wikileaks también contribuyó a un proceso derivado de la sobrecomunicación que resultó en una depuración, para bien y para mal. Un poco por supervivencia de la profesión periodística y otro poco porque la población comenzó a volverse más selectiva con los contenidos que consume. La hipersegmentación de público reformuló contenidos y a sus públicos. Redes sociales como Tik-Tok, Instagram, Twitter, que está en proceso de transformación con Elon Musk a la cabeza. Telegram y WhatsApp con la migración de públicos desde Facebook, que hoy ya es Meta y está sufriendo pérdidas millonarias en el mercado, por, según dice la BBC, una excesiva proyección hacia el metaverso que impacta en empleados y en la capacidad de reconversión de la empresa.
Al mismo tiempo, el discurso de la derecha y la izquierda parecen agruparse como algoritmos; el primero buscando suplir flancos que las izquierdas no supieron captar a tiempo con trabajo en territorio lo suficientemente profundo y que captaron las iglesias evangélicas pentecostales desde fines de los años 80 en Brasil, con una teología individualista y cerrada que tergiversó la concreción de los postulados de la teología de la liberación en círculos cerrados. Modificó las bases del cristianismo y las adaptó a las necesidades inmediatas de las poblaciones más segregadas por el sistema capitalista y les dio contención, cercanía y generó una dependencia hacia los pastores.
Damares Alves, bolsonarista reelecta e hija de un pastor pentecostal, es impulsora de la ideología de género, el combate al aborto, la eliminación de políticas sociales dentro de su Ministerio desde la bancada evangélico-pentecostal. Conoce de primera mano la maquinaria de captación pentecostal, que proviene de facciones pentecostales norteamericanas que se implantaron en América Latina, también en los años 60. La esposa de Jair Bolsonaro proviene de la facción pentecostal y a pesar de eso, de haberse bautizado en el Rio Jordán y de haberle tolerado y abonado los discursos erráticos e insustanciales, el bolsonarismo es un fenómeno que no va a desaparecer el lunes 31 de octubre. Así como tampoco, las iglesias pentecostales. Según expertos en teología, es un fenómeno que tiende a aumentar y puede llegar a superar en número a los fieles católicos en Brasil en los próximos 10 años.
Así las cosas, estas elecciones en Brasil tienen un impacto estructural en América Latina y en todo el mundo. Envuelven dos modelos de vida totalmente distintos. En términos económicos, Brasil exportaba grano a Irán y China, hoy ese vínculo comercial está prácticamente extinto. El Sistema Unificado de Salud (SUS, por sus siglas en portugués), es una de las pocas estructuras estatales que a pesar de estar colapsado, sobrevive al Bolsalao (apropiación de dineros públicos por parte del clan Bolsonaro para expendios personales que explotó en los medios estas últimas tres semanas en Brasil). A pesar de ser el país con más muertes por Covid y estar enfrentando acusaciones internacionales hacia Bolsonaro a raíz de su comportamiento inconsecuente con las recomendaciones internacionales. A pesar de la proliferación de escuelas militarizadas donde bomberos, policías y la policía federal gestionan junto al Ministerio de la Educación cientos de escuelas con régimen de cuartel, asediando a docentes y a alumnos. A pesar de las quemas indiscriminadas de territorios en la Amazonia, de miles de muertes impunes de garimperos, indígenas, la eliminación de la capacidad ejecutora de la FUNAI (Fundación Nacional del Indio, por sus siglas en portugués) y una lista interminable de sospechas de lavado de dinero que llegan a una mansión millonaria de uno de los hijos de Jair Bolsonaro y más de 56 propiedades adquiridas con, lo que se sospecha, son dineros públicos.
A pesar de todo este contexto, Fernando Haddad tuvo un repunte en la opinión pública tras vencer conceptualmente a Tarcísio de Freitas, ex ministro de Infraestructura de Bolsonaro, con escaso conocimiento estatal que busca la gobernación de San Pablo, luego de vivir sólo 6 meses en la ciudad, recién llegado de Goiás, durante el debate del 27 de octubre en GloboTV. Tarcísio, en caso de vencer en San Pablo, accedería al mayor Colegio electoral de Brasil, sede del motor económico e industrial del país, y gobernaría con Edir Macedo, pastor fundador de la Iglesia Universal.
Según la periodista brasileña Laura Capriglione, quien formó parte de Folha (medio de centro-derecha brasileño) y hoy es parte de Jornalistas Livres, con quien coincido, esta elección pone en juego una carrera mucho más larga que el día después de las elecciones con Lula o Bolsonaro. Está en juego una visión democrática o una visión fascista. También, podemos ver cómo los fenómenos de Castillo en Perú y de Borich en Chile, con un discurso de izquierda, llegan al gobierno y una vez en el poder, ya sea por vacío de "centro" entre derecha e izquierda, por dificultades de negociación o mediación, o porque sencillamente utilizan la chapa de izquierda como tobogán para conectar con necesidades sociales, políticas, económicas y macropolíticas insuficientes, mueven la aguja. El 30 de octubre, según la última encuesta del Instituto Data Folha, publicada este lunes 24 de octubre de 2022, Luiz Inácio Da Silva mantiene la ventaja sobre Bolsonaro, pero existe un 7% de votos móviles, que justamente, rondan la diferencia que ambos candidatos precisan para llegar a superar el 50% de los votos válidos. Un 53% de votos válidos para Lula y un 47% para Bolsonaro. 180 grados entre un modelo de vida, de estructuras enfocadas en el crecimiento de una civilización tendiente al acceso equilibrado de recursos, y una tendencia a la centralización de visiones, riquezas en determinadas tiendas políticas, post-verdad, tergiversación de los aparatos democráticos y grises conceptuales y fácticos. Van y vienen, se mueven como olas. Aquello que sí se define ahora, es la forma en la que Brasil decide avanzar. Para ser más reduccionista, cómo hacer posible una democracia, o no. Por qué ruta se opta para vivir y para morir y en ese trayecto, la supervivencia de los derechos humanos sobre los intereses individuales. O vice-versa.
Por qué ruta se opta para vivir y para morir y en ese trayecto, la supervivencia de los derechos humanos sobre los individuales y la evolución resultante. En Brasil, en América Latina y en un nuevo orden que nos impacta a millones, desde este lunes.
(*) Periodista brasileña/uruguaya. Especial para ANALISIS, desde Uruguay





