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Una lágrima por Enrique Vázquez

(Foto: Revista Sudestada)

Por Américo Schwartzman

Aprendí buen periodismo leyéndolo en la legendaria revista Humo(r), cuando yo era adolescente y él una de las voces más originales y valientes del periodismo argentino. Desde entonces se convirtió en una referencia para mí de periodismo independiente, profundo y guiado por valores inconmovibles. Autor de libros imprescindibles como "El osario de la rebeldía" o "Aduana. Corrupción y contrabando", y periodista insobornable en los distintos espacios que ocupó, cada vez más relegado en un ecosistema funesto que no da lugar a voces críticas, profundas y polémicas como la de él. Enrique se bancó causas penales increíbles e injustas por su decisión de hacer periodismo corajudo y digno.

Con las redes sociales tuve la suerte de hacer con él algo así como una amistad, y de intercambiar algunos saludos y palabras afectuosas. Enrique era una de las voces que yo buscaba para construir mi opinión sobre hechos de la vida política y económica del país. Nada menos. Y además yo disfrutaba mucho de su talante calentón, de su humor ácido y de su decisión vital de "no casarse con nadie", como diría mí viejo.

Aunque si estaba "casado" con los derechos humanos como principios irrenunciables, con la figura de Raúl Alfonsín, y con su pasión cordobesa por La Gloria. Lo voy a extrañar... Hasta siempre querido Enrique y gracias por todo.

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