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La sequía y crisis del campo debe transformarse en una oportunidad

Por José María Varangot (*)

En ésta tercera sequía consecutiva y generalizada que sufren importantes zonas núcleos de producción de granos y campos ganaderos, quedó en evidencia que ya no se trataba de otra sequía más sino de un fenómeno mucho más grave. Las respuestas brindadas en un primer momento, a todas luces lucieron muy pobres. Fueron los productores y su tenacidad, incluso a pesar de cierta pasividad de sus dirigentes al principio, los verdaderos protagonistas de la toma de conciencia, ante hechos climáticos absolutamente inusuales, con consecuencias devastadoras.

No se trata de una emergencia sino de un desastre agropecuario. Entre sus características, merece un lugar destacado el retiro, liso y llano, del agua de los campos entrerrianos. Como productor ganadero desde hace 43 años, dirigente de FAA con una jurisdicción muy grande en el Norte de nuestra provincia, destaco esta situación como única, pues se secaron arroyos, tajamares y aguadas, naturales y artificiales, las reservas en los tanques australianos se perdieron, en gran medida debido al movimiento de la tierra que provoca que el agua escurra por las grietas, la bajante de las napas, etcétera. Asimismo, la falta de lluvia terminó con el pasto y las reservas destinadas al invierno ya no existen. En el sector de granos ocurre otro tanto, estimándose que la producción sufrirá una merma de alrededor de 20.000 millones de dólares, provocando una situación muy complicada, atento que se trata del motor más eficiente de nuestra economía, que posibilita el ingreso de más del 75 por ciento de las divisas.

Por último, las economías regionales entrerrianas también sufren enormes pérdidas como el tambo, que tuvo perjuicios con el Dólar Soja 1 y 2, encareciendo los granos en el mercado interno; el arroz, que además de la falta de agua, carga con un incesante aumento de la Energía que en Entre Ríos se agudiza aún más, provocando seguramente una cosecha de grano quebradizo y similar situación, soporta los citrícolas con frutas desechables, por su falta de consistencia.

En fin, el panorama es muy complicado y este inicio de 2023 encuentra a los productores desfinanciados y sin capacidad de compra de insumos para la nueva campaña de granos, muchos endeudados con Bancos y Cooperativas, que ocasionan situaciones irregulares ante la AFIP, productores ganaderos sin reservas para el invierno, con un estado corporal deficiente de madres y, como consecuencia, un porcentaje de preñez insuficiente para encarar la producción del año.

Ahora bien, si todos los protagonistas que hacen al campo y su producción estamos de acuerdo en que enfrentamos una situación extraordinaria, sería una demostración de madurez por parte de los dirigentes del sector, la elaboración de un plan conjunto e integral, que aspire a la  rehabilitación y mejora de la producción agroindustrial, de común acuerdo con las autoridades gubernamentales, de manera de minimizar en todo lo que se pueda, los daños que padecemos y hemos de continuar sufriendo, pues los plazos de la producción agropecuaria no son cortos y como decimos en el campo, “cuando llueve, no llueve pasto ni granos”. Nuestra actividad tiene épocas, plazos y prácticas que cumplir inexorablemente. A veces, cuando se toca fondo es el momento adecuado para comenzar a repechar la cuesta y si se hace en función de objetivos de posible cumplimiento, establecidos con la participación de la mayor cantidad de sectores de forma de contar con un amplio apoyo político, mejor aún.

Muchas veces se hace mención, en el ámbito político nacional, de la necesidad que nuestro país y su dirigencia política celebre una especie de “Pacto de la Moncloa”, a modo del acordado en España en 1977. Entiendo que la grieta de hoy, imposibilita la confección de un Acuerdo Nacional, sin embargo, si el objeto es un ámbito preciso, tan fundamental para nuestra economía, tal vez sea posible delinear las medidas fundamentales que permitan incrementar el rol del campo o de la agroindustria, de manera de poder adecuarse, lo antes posible, al nuevo escenario en el mercado mundial de alimentos.

En ese sentido, Argentina es uno de los países que puede aumentar su producción en un gran porcentaje. Para ello, debe aplicar las herramientas que correspondan de innovación tecnológica y dar pronta respuesta a las demandas del mundo, en materia de alimentos. Debemos ponernos de pie y enfocarnos en recuperar el lugar que por tradición y eficiencia nos corresponde y que, en los últimos años hemos abandonado, debido a políticas erráticas y desencuentros, permitiendo que otros países de nuestra región, crezcan como exportadores, en un ámbito en el que siempre fuimos líderes. De lo contrario, ¿alguien imagina un campo argentino atrasado, ineficiente, con productores sin orgullo de serlo, cada vez menos productivo y disminuido como sector exportador?

De nosotros depende.

(*) José María Varangot es abogado, productor agropecuario y dirigente del campo.

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