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Chile

Por Roberto Rodríguez Vagaría



Queridos amigos: este lunes de mayo les propongo razonar en conjunto las elecciones de constituyentes en Chile. No es fácil la objetividad, ni para el redactor, ni para el lector. Porque apareció un fantasma mezclador en aquella realidad trasandina, que convocó a otros y que transitaron por recordables e impensados disturbios y destrozos callejeros, no hace mucho, mientras Chile crecía en las estadísticas económicas y se autoconvocaban para ingresar a su territorio miles de emigrantes admiradores , desesperados, de AL y el Caribe; al tiempo que se izaban banderas mapuches al compás de asesinatos y atentados; o cambiaban de gobierno desde un tono conservador empresarista, por una izquierda sin experiencia en su entusiasmo redentor y se redactaba a medida un proyecto de Constitución con la tinta del Partido Comunista Chileno, que el electorado rechazó de plano, no tan inesperadamente y con mucha angustia palpable en su larga geografía.

Los fantasmas de los muertos en las calles y en los bosques sureños y el del tutelar general Pinochet, es probable, que hayan evocado también otros aparecidos desde la angustia del médico suicida y otrora líder, Salvador Allende.

La Derecha Dura, que no es la extrema derecha con que el simplismo de los periodistas de izquierda caratulan a los republicanos de Kast, ha alcanzado un 35,85% que lo posiciona como un tercio del electorado entre conservador y pinochetista, que podría traducirse cómo "controlador y ordenancista" en lo político(pinochetismo) y liberal en lo económico(Büchi) y desarrollista, además. Pero para redactar sensatez constitucional compartible, el ganador de estas elecciones requiere de la pluma del Partido "Chile Seguro", un frente de centro derecha conservadora(21,55%) del tipo "alessandrista", en el que está la UDI, Renovación Nacional y Evópoli(un partido liberal de derecha como aquí fue la UCD).

Es obvio que este frente político "Chile seguro" será quien redacte cláusula a cláusula la nueva Constitución y el Partido Republicano de Kast, primera minoría, será quien retoque con mucha prudencia los artículos para una Constitución institucionalista tradicional, respetuosa de los derechos individuales, sin minorías étnicas divisionistas de sociedad y territorio, pro capitalista e integrista, ecologista y solidaria en la medida que no olvide su predisposición al sismo y la actividad volcánica dónde sucumbe el individualismo tenaz.

Ha quedado claro que Boric tendrá que ser un socialdemócrata y no un marxista reprimido al estilo Kichiloff o Correa o Lula y que las proporciones son cambiantes en toda Democracia en ejercicio.

Ha quedado claro que el modelo político chileno tiene un 55% derechoso de adhesión más clásica y adherida a pautas de Occidente. Pero, ninguna Constitución se sostiene en el tiempo si no concentra la voluntad de convivencia del 90% de la población y a eso lo prueban los inestables ejemplos de Argentina y Francia en el tiempo. Por lo que a la firmeza de un 55% le falta la antítesis de un 30% que quiera hacer síntesis conjunta, pero, de sociedad-nación, en tiempo de retóricas en que se daba por fenecido al Estado Nación, actor local e internacional, por los snobismos de moda de la ciencia política que hoy también afirma que el concepto "Occidente" se disuelve y pierde importancia. Sorprendente si se escucha decir también en reuniones específicas de JxC y de boca radical como afirman voces con nombre y apellido.

Son los mismos que nos metieron de cabeza y mantuvieron en el malogrado Movimiento de Países No Alineados, hasta que los propios peronistas advirtieron que ni ellos estaban cómodos allí.

El "alessandrismo"chileno, liberal-conservador, tiene la oportunidad de prestar un nuevo servicio en Chile, que los socialistas y el desvanecido Partido Radical no han logrado plasmar en la coyuntura, quizá por su deriva izquierdoza inmadura y que tanto admiró otrora América del Sur en el presidente Ricardo Lagos(2000-2006). Casi han desaparecido dichos Partidos en las tesis decisionales.

Arturo Alessandri(1868-1964) tuvo varias presidencias señeras y Jorge Alessandri gobernó entre 1958 y 1964. Son quienes configuraron el pensamiento de Centro Derecha que heredaría por algunos años el social cristianismo de Eduardo Frei Montalva con el modelo renano de la DC. Otra familia con dos presidentes, si no omitimos a su hijo Eduardo Frei Ruiz Tagle(1994-2000), cuando la centro derecha y la centro izquierda buscaban síntesis de buen gobierno en Chile y continuidad con Lagos.

Hay un virus en la sociedad chilena que hace explicable los barquinazos dados en estos últimos 5 años y que los simplistas llaman desigualdad social y étnica.

No descubren nada nuevo en AL en sociedades mal soldadas y con preeminencia indigenista, cómo si se pudiera operar el cerebro en quechua y no hubo que aprenderlo en inglés, o como si se pudiese convivir mal cotidianamente entre compatriotas. Entre quienes heredaron a España y quiénes se asumen anteriores o nacieron u optaron por un país con tierras bellas e ingratas.

La igualdad hoy no es asumir la presunta sabiduría ancestral indoamericana, sino comprender y asir la ciencia tecnológica y aplicable a la vida y la tecnología que se producen en Oriente y Occidente por igual.

Es que no hay igualdad posible sin predisposición a comprender y participar del conocimiento.

De pronto, los chilenos, que impresionaban a los argentinos en el siglo 19 y pasajes del 20 y el 21, comenzaron con las desigualdades teóricas y prácticas en el concepto divisionista y particularista. Las mismas desigualdades que se pensaba que el proceso capitalista y productivista era apto para disolverlas de la base de la sociedad chilena. Una sociedad a 2 velocidades.

Una sociedad sin vacuna y tan solo con instinto de sobrevivencia y fiebre efervescente que denuncia la infección que procuran eliminar.

Chile no puede redactar una Constitución con una sola lapicera y ha expresado con claridad todo lo que no quiere. Falta encontrar lo que podrían querer los chilenos mayoritariamente en términos de Carta Magna y no de Cartas Coyunturales o de Tarot político.

Hay ejemplo de notable sectarismo étnico en el nombre de Bolivia. Se han reconocido 33 etnias distintas entre indígenas que hacen parpadear a personas de otros orígenes. "Estado Plurinacional de Bolivia". Un título que no mejora su subdesarrollo per se.

Este proceso es mucho más dramático que el que llevó a Raúl Alfonsín a un acuerdo de reforma con Carlos Menem.

No debería haber ataque de hipo que nos haga olvidar que Chile es retaguardia de Argentina, como nosotros somos su retaguardia del Este y aunque está vigente que Brasil es nuestro socio y aliado fundamental, tan bien de hecho lo debería ser Chile, por la evidencia consabida del veterano y renovable "ABC", en la nueva y presente Globalización "selectiva", (también en peligro), que nos impone la invasión de Rusia a Ucrania.

Para chilenos y argentinos varios conceptos están en vilo: la vigencia ideológica del occidentalismo conceptual, jurídico y estratégico; la vigencia del Estado Nación, actor insustituible; la sociedad tolerante a las diferencias en la sociedad compleja y compartible; la madurez ante las utopías desparpajantes e impotentes.

Miremos con atención.

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