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El dudoso “libertario”

Por Bernardo Salduna (*)

El candidato “showman” o “anarco-capitalista”, que visitó Paraná días pasados, emitió algunos conceptos, los cuales, desde que se trata de alguien que aspira y puede llegar a ser Presidente de la Nación, vale la pena no pasar por alto.

Primero, no cabe sino compartir sus dichos sobre nuestro general Urquiza: derrocó una dictadura, pudo ser dictador él mismo.

Por el contrario, impulsó, lo que el declarante llama la “Constitución de Alberdi”, de inspiración liberal.

Lo cual, es cierto, permitió en pocos años de vigencia, entre otras cosas, que la Argentina fuera la sexta economía del mundo.

Hasta ahí, bien.

Por eso no se entiende que se marque 1916 como el inicio de nuestra supuesta “entrada al socialismo” (¿): en ese año, recordemos, asumió la presidencia Hipólito Yrigoyen.

A quien es un disparate descomunal calificar de “socialista”.

No hay que olvidar que hasta entonces, y pese a sus innegables méritos, los sucesivos gobiernos eran representativos de una élite minoritaria.

Ilustrada, culta y realizadora si se quiere, pero minoría al fin.

Republicana, pero no democrática.

Y bajo el imperio de una Constitución, como la de 1853, que aunque exalta la libertad como su valor fundamental, no es estrictamente “liberal” en lo económico: basta ver nada más, entre otros los entonces vigentes arts. 67 inc. 16 y 107 (actuales 75 inc. 18 y 125) que hablan de “promoción y protección” estatal de industrias y capitales.

Destaquemos entonces que fue Hipólito Yrigoyen, el primer gobernante argentino elegido por voto secreto, universal y obligatorio.

Levantando, precisamente, como bandera casi exclusiva, el “estricto cumplimiento de la Constitución Nacional”.

Un verdadero liberal debiera entonces reivindicar la vigencia de un sistema democrático-republicano institucional pleno, con participación del pueblo.

Por último, los muy groseros y chabacanos epítetos para referirse a Raúl Alfonsín.

Se puede ser crítico con altura.

Pero, un dirigente político serio, que ensalza, y con razón, la Constitución de 1853, en la medida que obre con sinceridad, y honestidad no puede dejar de reconocer, pese a sus errores, al primer presidente de la Democracia que, tras los años de plomo vividos entre 1973/76, unió a los argentinos precisamente recitando el “credo laico” del Préambulo.

Y, venciendo las dificultades de todo tipo, logró pese a todo, consolidar el estado de derecho institucional, que hoy le permite al desaforado postularse y lanzar sin temor su catarata de irresponsables impromperios.

Es paradójico que el candidato se burle de la frase “con la democracia, se come, se cura y se educa”.

Estos problemas,-déficit de alimentación, salud, educación- aún por desgracia, vigentes en Argentina de hoy, o se resuelven en democracia o no tienen solución. ¿Traiciona el subconciente al señor Milei y quizá sugiere que se superarán con una dictadura?

(*) Especial para ANALISIS, exmiembro del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos

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