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No abusen de Milei

Por Hugo Remedi (*)

Al final de cuentas Javier Milei termina siendo el político más transparente de la fauna política a la que él mismo en su histrionismo irreverente denominó casta. Hubo un momento en el que se batió el pelo a lo prócer de 1810, encontró espacio en el rastrillaje de los avistadores de personajes televisivos bullangueros, como consecuencia se subió al escenario principal de la farándula y desde ese púlpito dejó en claro cómo nos va a cagar.

Nadie podrá jurar que no avisó.

El personaje pintoresco de consumo masivo, se volvió peligroso cuando desde sus ideas se fue desgranando la posibilidad de que el denominado “loquito” de uso televisivo fuera solo un soplo del mercado de consumo mediático. Y por el contrario, se fuera convirtiendo en un referente de la síntesis emergente de la calentura generalizada que hoy elimina las sonrisas irónicas de entonces y comienza a aterrorizar a los dueños de la polarización de la vieja encarnadura política.

Está claro que cuando más lejos del poder, se está, mayor es la cantidad de boludeces, que se afirman y prometen a cuenta de pagos que en principio no salen del bolsillo propio. Luego, en tanto seducidos por el posible arrime a la birome presidencial, los desvaríos de estos personajes comienzan a tener un tono un tanto más lógico y cercano a la realidad.

Javito, ya empezó a hablar de estadíos. Es decir, lo que en rampa de lanzamiento fue parte del menú pétreo ahora empezó a girar y aclaró que su biblia la va a ir tramitando en plazos. En concreto, varios de sus anuncios de brusca efectivización, pasaron a ser parte de un culebrón que dejará para los últimos capítulos lo que en su momento, sirvió para desparramar ideas bien a principio del discurso irruptivo.

Milei a mi gusto, no es un producto de la “derecha” como fundamentalmente se jacta de “homenajearlo” sobre todo el oficialismo. Es por el contrario el parto de un proceso de gestación que nace paradójicamente con la entelequia de un discurso popular y nacional, con fuerte raigambre en la progresía, pero contenida de hecho en los grandes partidos nacionales que vienen teniendo más errores forzados que aciertos.

En esa grieta milita Milei.

Si Milei no estuviese, no habrá 3 tercios electorales como gusta decir la actual vicepresidenta, o cuatro cuartos agregaría yo, si como obvio se toman en cuenta todas las cabecitas que hoy, todavía están dentro de la jaula de los indecisos.

Milei se va y no hay nada detrás de él: es un liderazgo absolutamente personal. Por eso medir lo que supuestamente le está pasando en las elecciones provinciales donde no está puesta a juicio de valor su empedernida cabellera como un hecho descalificador en su rumbo electoral es un gran error.

Es ganador?...tampoco, pero si es el dueño de todos los votos que sume en las PASO, lo que no sucede con los dos otros grandes frentes. Y menos dar por descontado, que los derrotados de las elecciones primarias se sumen en su totalidad con obediencia debida al quien surja como ganador de la contienda.

El que gana conduce y el que pierde acompaña es cosa del honor que en política no es tan generosa como en otro momento de la sociedad argentina.

La izquierda está derrumbada, y no será quizás esta la oportunidad electoral por donde puedan contener la disparada del descontento social que habitualmente los invoca como refugio para la catarsis.

Mientras los dos grandes tanques políticos de Argentina, se fueron denunciando, agraviando, humillando con lo peor de los recursos políticos, Milei se encargo de transitar el camino al borde del delirio discursivo con conceptos inimaginables que horrorizaron a la media social que puestos a distancia de la desmemoria sucumbieron. La gente quizás cree más en la agresividad del libertario para atacar debilidades manifiestas, que sumarse al tono de un supuesto consenso cierra grietas que no existe mas allá de los mejores modales.

En la próxima ecuación electoral, el oficialismo tiene las de perder, sin envido y pelado para el truco. Ganar en primera vuelta es casi la única opción. De visita por las bóvedas luego de las Paso, difícil será imaginar que los votos de Milei no vayan a Juntos por el Cambio o que los de Patricia Bullrich por caso, no derramen en la caja recaudadora de los libertarios.

El kirchnerismo está demasiado solo y en crisis.

Si, sería un problema, ante una eventual victoria de Milei, recorrer la ruta de la gobernabilidad. No tiene gobernadores, no tiene intendentes y no tiene legisladores. Ello lo hace dependiente. Y con la necesidad de negociar todo o de gobernar a los empujones por DNU.

Así, este país, no se muestra como promisorio.

La fauna política, lo subió al escenario y ahora tiene que hacerse cargo de los costos. Sobre todo el oficialismo, cuando desde sus grupos de choque inscriptos como medios de comunicación masiva, salieron a pegarle al peligroso de turno, abandonando la indiferencia que en política siempre sirve para ningunear quien arrastra más lágrimas que sonrisas.

Le diste demasiada identidad y ahora hay que aguantar los trapos.

Podrá no ganar quizás, pero si podrá joder hasta hacer mucho daño.

Milei era un personaje farandulesco, pasó a ser un político mortal y ahora, curiosamente, es el faro de la agenda política nacional: todo el mundo habla de lo que él dice…

En algún momento la política era arte, hoy es espectáculo.

Cerrando digo: no abusen de Milei, se corre el riesgo de morir atragantado.

(*) Especial para ANÁLISIS.

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