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Ombligos en decadencia

Por Hugo Remedi (*)

Habrá algo más desesperante que un desalojo, o más angustiante que ver el hambre cerca, o más humillante que ver a chicos y a viejos maltratados: si, y es la feroz guerra mediática de dos ex presidentes tan luego, Cristina Kirchner (y actual vice) y Mauricio Macri, tanto como por lo que representan en el reflejo de las adhesiones como por la simbología de odio que siembran a cada paso.

Gente grande...

Un país, o casi, está también morbosamente atento a lo que se dicen por redes, mientras sus adlátares se regocijan de como se pegan golpes bajos y el negocio político y mediático adornan el camino de la pura decadencia.

Quien gana? Para que sirve? A quien le sirve?...a nadie, solo acariciar la soberbia y medir el tamaño...Ambos con más o menos influencia, están en franca retirada y dejando sobre la Argentina una lluvia ácida de la que algunos se nutren para armar el país de la guillotina.

Los talibanes radicalizados K, prometen que si gana el combo Pro – UCR en meses le “meten” A toda la gente en la calle para hacer un golpe y rajarlos del poder, mientras que sus tiernos adversarios prometen meta “el palo” para disciplinar la rebeldía augurada.

Todos enunciados sumamente democráticos...

Pero claro, no todo es marrón, por imperio de la fortuna, el inicio de campaña muestra un abanico de propuestas interesantes... por ejemplo, Sergio Massa recordó el pasado montonero de Patricia Bullrrich, la “pato”, de sobre pique recordó el derecho de autor, de la inflación del 120 por ciento que muestra en gestión el candidato a presidente de Unión por la Patria.

Larreta le advierte a Bullrrich que a los cachetazos no, y pato lo tilda de pelado cagón. Milei le tira a todo lo que ilustra a la casta y le contestan con perdigones de sal tratándolo hasta de incestuoso. Mientras tanto, es el único que hace campaña jugando al enojado intentando vehiculizar el estado de ánimo de la gente, y seguramente ese reflejo es lo que lo pone a mano de buena cantidad de votantes en estado de frustración claramente.

Grabois, por su parte, navega por el mundo del “hombre nuevo” con slogans y declaraciones críticas destinados a la afinidad derechoza de Massa pero que sirven fundamentalmente para contener a esa minoría K que apostaba a tener un candidato más afín a sus ideas como Wado de Pedro, hijo de la generación diezmada. En el trajín que media de las Paso a la general, la muchachada seguramente se va a ir alineando con resignación a la propuesta del oficialismo interno y va a terminar siendo dócilmente parte de la propia tropa.

La política está verdaderamente encendida mientras que la mayoría de los argentinos no llega a fin de mes, y el hambre está al borde del hocico.

La campaña en marcha es horrible y come giles, y por ahora solo responde a tirarse carpetazos sangrientos.

Y para sumarse a la decadencia nacional los medios nacionales, no informan, solo hacen show como en el viejo coliseo romano donde el pulgar define la suerte de quienes van dejando la vida en la arena.

El justicialismo tiene una profunda ventaja por sobre el resto o al menos la ha mantenido hasta estos días: sus pecados en gestión son mucho más perdonados que los del radicalismo histórico o alianzas del mismo tono.

En algún momento de la Argentina viva, posterior a la recuperación de la democracia, los correligionarios hicieron pata con la presidencia de Alfonsín pero duró poco. Luego, se fueron convirtiendo en menesterosos electorales hasta tocar fondo con una estrepitosa cosecha del 2,35 % de los votos que sumó el entonces candidato a presidente radical y hoy ultra kirchnerista Leopoldo Moreau. En 1999 recuperaron la memoria y en el 2001, volvieron a perderla y con sangre.

Y así, casi todos sus cuadros, decidieron retomar sus actividades particulares, la política ya no era la vocación principal de sus dirigentes. Estoicos los que mantuvieron en vida al radicalismo en ese tramo tan adverso de su historia.

Luego, apareció el macrismo, tomaron valor y se sumaron aunque resignando banderas y haciendo el doloroso trabajo de ser artistas de reparto.

El PRO de los Macri boys, los sacó del letargo de derrotas sucesivas y del anonimato del olvido. Hoy, ya están subiendo en la góndola y prestos nuevamente a ponerse en el estante de mayor altura que es donde se ubican los vinos caros.

La lógica indicaría que les queda poca vida juntos, al menos con el PRO como estandarte. Los macristas, en el costo de la evolución, analizarán que ya tienen estructura nacional propia y no necesitan los anclajes de otro momento. Y los radicales, profesan con profunda nostalgia retornar al gran partido que fueron sin condicionante alguno. No obstante hasta esta elección llegan tomaditos de la mano.

Por eso todavía son alianza: persuación de la conveniencia.

Los de Junto por el “kilombo”, se sienten ganadores y por ello se pelean, porque ven la sangre que emanan de las venas del gobierno nacional: el oficialismo está herido, pero ni muerto ni mutilado y está claro que cortarle las orejas a un burro no lo hace caballo.

Massa por su parte, podrá ganar o no. Pero lo cierto es que hizo recuperar el entusiasmo a muchos de los peronistas que ya sentían escuchar las campanadas de retirada.

En todo caso el oficialismo nacional no está perdiendo con sus adversarios políticos sino con la propia realidad que amanece a diario. Entonces no pareciera tan estratégicamente interesante poner énfasis en las historias de las “pato” o de los “pelados”, sino solucionar las causas que motivan la desazón general. Ejemplo, la inflación, el desconcierto general, la seguridad, las internillas de cotillón, la falta de oportunidades, la degradación de los valores, la pobreza, en definitiva levantar un país que está en el piso.

Cristina y Macri, ya fueron, y deberían dar el ejemplo...pagar deudas que son de siempre. Quizás una mínima generosidad que no agriete sus alter ego los dejaría en la perspectiva histórica con algún instancia de consideración. Hoy, en cambio no hacen más que levantar lápidas para montones de argentinos.

En la oscuridad todos tenemos los ojos del mismo color.

El gran desafío en la Argentina de hoy, es, no transformar lo poco en nada.

(*) Periodista, especial para ANÁLISIS

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