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Entre la carnicería y la mercería

Por Hugo Remedi (*)

Bien se podría a esta altura de la tempestad nacional bajar a un Jesús misericordioso o aunque mas no sea, enviar al delegado normalizador milagroso que le corresponde a la Argentina para que en correlato construya un oportuno mensaje pacificador que milite raudamente el: “hermanos abrazaos el uno a otro y depongan armas”, antes que el común social pierda el equilibrio.

Aunque todos colaboran para disimularlo falsamente bien, lo cierto y aunque a veces no parece, somos todos argentinos, hijos de esta tierra a la que nos empeñamos con mucha enjundia en convertirla en un campo de batalla regado de sangre mutilando proyectos de uno y otro lado, que terminan en permanentes abortos.

Estamos viviendo una campaña electoral miserable. Así es que el camino a las Paso ya tiene olor a cementerio, donde mueren las ideas, los proyectos, las iniciativas y como contraste nace el odio visceral que para la jauría parroquial jamás perderá su esencia destructiva.

Este tránsito hacia la primera posta electoral se podría decir como para graficar de modo contundente que, se debate entre la carnicería y la mercería.

Nada entonces emerge como racional….

Para matizar, carnicería entendida como esa capacidad usada para destripar al “adversario” político del modo que mejor resulte al propietario de la cuchilla. Y mercería, simplemente porque en este lunfardo se puede admitir a esa gruesa franja de la política que en los últimos tiempos se ha nutrido dichosamente de “botones”, arietes de denuncias seriales.

Eso sería hoy a grandes rasgos, el recorrido electoral de estos días: solo (o casi) fauces, generosamente abiertas para masticar lo que se cruce como pensamiento diferente.

Así es que la sierra eléctrica está finamente aceitada buscando vísceras que sangren y los libreros de la mercería apostando a lo mejor de sus carpetazos.

Por el lado del oficialismo por donde termina el análisis político empieza Unión por la Patria y los radicales hacia el nuevo mundo purificado saltean por supuesto al fracaso del gobierno de Fernando de la Rúa, para no generar malos recuerdos y sombras agazapadas.

De esta sequía moral surgen a la vista dos conclusiones súper modernas, en Argentina, por un lado, ir por una reelección a presidente es una verdadera quimera. La otra es que, los dos expresidentes recientes como Cristina Kirchner y Mauricio Macri, tienen solo un protagonismo tangencial o sumergido en manejos que quizás puedan ejercitarse en las sombras del escenario pero jamás con la visibilidad que supone a figuras estelares de la política parroquial.

Por caso, los más talibanes de La Cámpora (el grueso del kirchnerismo) reivindicadores a ultranza del mundo del debate calificador curiosamente delegan toda la posibilidad de pensar en una sola cabeza: obediencia debida o haraganería de pensamiento.

Extrañamente todo esto me trae a recuerdo la escena de una película de guerra. En el recogimiento de una trinchera un soldado la pregunta a otro, que por que había elegido ser militar, a lo que el interpelado le responde: muy simple, me pagan un sueldo y alguien se toma el trabajo de pensar por mí…

El oficialismo viene sufriendo derrotas electorales temerarias como la de esta domingo en Chubut, pero como estrepitosa la reciente de Santa Fe, donde la propaganda oficial se preocupó por la derrota de Carolina Losada como que si ese intento burdo de desviar la atención corriendo el eje de análisis sirviese para compulsar realidades inexorables.

El otro argumento de salvataje interno del kirchnerismo es anunciar con pompas y papelito picado las derrotas de los candidatos de Javier Milei como que si eso se transformara en un correlato negativo para lo que podría cosechar en elecciones con él a la vista.

En todo caso, a nadie que tribute a Milei para presidente le importe un carajo lo que suceda con los fantasmas que van apareciendo en las provincias a su nombre.

Por otro lado, al volcán que pasó a erupción en Juntos por el Cambio, le han puesto fecha de vencimiento según pareció este domingo en la juntada de Chubut, al menos para la gilada de nosotros que en principio, entienden sus gestores, veríamos en ese gesto un acto de madurez.

Mientras Rodríguez Larreta y Bullrich venían matándose, Massa no se entretiene un segundo de su estrategia con Juan Grabois. Tiene entonces toda la energía para recordar los pecados pasados de sus rivales en serio.

El problema es que el Massa kirchnerista corre al independiente, al voto volátil, y seguramente a la adhesión atractiva que ofreció el actual ministro de Economía en su momento anti K, no lo será con el cristinismo detrás. Mucho menos con la clara imagen de un actual presidente de la Nación, denostado por el propio kirchnerismo y hoy corrido de toda ingerencia electoral, como contraste.

Por lo pronto, el camino a las Paso, tiene olor a cementerio: mueren ideas, proyectos, iniciativas, sueños y como contraste se regenera el odio visceral que desde hace unos años en Argentina no perdió su esencia destructiva.

Este tránsito hacia la primera posta electoral se debate por lo pronto, entre la sangre de la carnicería y las botoneadas de la mercería: poco y nada y demasiado nocivo.

Finalmente podría concluir en que, si así brilla el primer pleito de precalentamiento, fumarse el gran Derby a esta escalada exponencial, será malograr el futuro de Argentina que mudará indefectiblemente del mundo de las ideas al mundo de la calle fraticida.

Hoy, en Argentina, encontrar a alguien que pare la pelota, suena a otra quimera.

(*) Especial para ANALISIS

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