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Q.E.P. no D.

Por Hugo Remedi (*)

Apelar a los muertos de hace 40 años y desaparecidos de aún hoy, para hacer campaña electoral suena cuando menos demasiado brutal, patético e inmoral. Y valdría preguntarse entonces hasta que sótano bajará la esencia moral de la sociedad argentina o de gran parte de ella.

El pragmatismo político nacional no tiene parangón ni límites morales de ningún tipo evidentemente.

Ahora bien, que suene a “sorpresa” que este tema fuese una cuestión emblemática de los derechos humanos superado, en verdad suena, valga la redundancia, a mayor sorpresa.

Por insolente que sea el tema que cruzó violentamente a la Argentina en manos de la dictadura no sonó jamás a caso cerrado. Sucedió sí, que, el lado sostenido en mayores argumentos y que fue olfateando el olor a sangre que fue regando la tumbera militar ganó el pleito judicial cuyo caminó abonó Raúl Alfonsín con el juicio a las juntas y lo fundamental, ganó el pleito cultural de ese recorrido de la historia. Y todo esto por cierto va mucho más allá de quienes se apropiaron de una alta bandera en nombre propio.

Victoria Villarruel, candidata a vice de Milei, puso el tema en el tapete por enésima vez, pero esta vez sí logró que prendiera fuego en medio de la campaña electoral. Para su lógica consiguió lo que jamás pudo antes, mover el avispero de la sorprendida franja de las entidades de derechos que se le opone desde siempre y la acusó de todo.

De modo tal fue el estruendo que tuvieron que salir del letargo y ponerse a analizar si dejaban pasar el acto de Villarruel en el Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires, y restarle absoluta identidad o marchar. Optaron por esto último.

Y así, la izquierda bajó al llano del escenario propuesto por la mileista Villarruel interpretando como conclusión que la causa no estaba cerrada para buena parte de la sociedad como se creía. Previendo entonces que, con un posible triunfo electoral de Javier Milei pueden suceder “cosas”… que terminen erosionando a esta causa. No en vano, saltaron en la ocasión frente a una Villarruel y a lo que ella representa y quien viene haciendo lo mismo desde hace años, pero mientras lo que antes era apenas un susurro en el lago de la indiferencia ahora parece haber engordado la sustancia de lo que significaron los daños colaterales de aquel triste entonces.

La izquierda jamás pierde un paso del campo de batalla sin pelear. Sin embargo es la misma izquierda que se rejunta para levantar banderas válidas y que curiosamente se desparrama en mil pedazos a la hora de mostrarse como oferta electoral. Y quizás propio de esa misma conducta pendular, y lejana a anudar algún tipo de acuerdos básicos y posibles de ofrecer sin tanto contenido barroco que la mayoría no llega a entender, es que jamás sean una propuesta posible lamentablemente. A veces solo crecen porque recogen las miserias que se disparan de los partidos tradicionales objetados por el descontento social.

Y todo eso suena a muy poco y es por ello que quizás ahora, el descontento saltó para abonar la alforja electoral de Milei y no la de Miriam Bregman.

Miraba por estas horas un video de un programa televisivo de 2.017, cuando muchos de aquellos primeros actores aún perduran con vigencia. Y por ejemplo, observaba, como si fuese hoy el debate de ese momento del que participaban entre otros Victoria Donda, Aldo Rico, periodistas y Victoria Villarruel y no hay que aventurarse demasiado como para dimensionar su contenido.

Recuerdo aún con cierto semblante reivindicativo la pasión, el sentimiento y la solidez que impuso en ese momento Donda, era casi impenetrable frente a cada ataque que recibía su persona y su argumentación. Hasta su carácter volcado en el tono frente a los interlocurores de turno imponía respeto. Lamentablemente, hoy, en cambio se la puede ver refugiada detrás de la libustrina del gobierno de Kicillof, que decidió premiarla con un cargo “rescate” después del decepcionante paso por el Inadi de Fernández. Es decir, los ejemplos en Argentina duran poco y por eso también (entre otras cosas) aparecen los irruptivos.

Que venga alguien y rompa con todo, seria el emergente a tono para derrumbar la casa vieja y llena de fantasmas y suponer futuro en la amplia construcción de una nueva, aunque ello implique sumirse en la aventura del riesgo a ojos cerrados.

En vez de propuestas en esta campaña aparecieron los muertos y desaparecidos y el millón de anuncios amigos de Massa, en medio de la inentendible tibieza peronista para enfrentar la motosierra de Milei o lo que se precie ponerse al frente.

Una genuflexión que sorprende y pone de manifiesto el partido que quizás, más sangre derramó desde las venas de la política argentina. El efecto flan invade al otrora guerrero peronista y también a los sindicatos solo haciéndose los guapos con Milei.

Y en realidad, el votante que apoyó a Milei le importa tres huevos los que digan las críticas que caen sobre él. Por el contrario, por pegarle ferozmente el oficialismo lo hace cada vez más visible y en consecuencia profundiza el contraste calamitoso de hambre y resignación existente con el mundo nuevo que ofrece el “mesías” libertario.

Y solo porque el de Milei suena por cierto a un voto emocional a quien la gente no escucha por su discurso “liberal” sino porque grita, hace circo y asegura que va a romper toda la cofradía política que viene derrumbando el futuro argentino.

Quizás esté flotando la decisión de cambio al precio que sea.

Y mientras el gobierno nacional está de liquidación de temporada, Massa ya sacó a Bullrich de la carrera y a la espera de que la nueva época, venga con derecho de inventario.

Y obviamente que la lluvia de anuncios, lo inunde con agua bendita.

(*) Especial para ANALISIS

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