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Una dama difícil

Por Hugo Remedi (*)

Diezmar la inflación en esta bendita Argentina va a llevar más tiempo que la famosa toma de Constantinopla (actual Estambul) por parte de los otomanos derrumbando el poderoso imperio Bizantino, habiendo llevado cientos de años hasta que cayó en 1453.

En Argentina, un 1453 para derrumbar la inflación parece estar demasiado a distancia y va más allá del actual gobierno sino que se convirtió en una gruesa espina atravesada en la tráquea del ser nacional desde tiempos inmemoriales que ya se pierden en el espacio, perpetuados en pasado, presente y en el futuro a la vista.

Pero así como la inflación destruye al que menos poder de defensa ostenta así también permite a especuladores licuar deudas incluso a los estados tantos nacionales como provinciales con todo lo que ello implica.

Por otro lado, son tantas las operaciones que se cruzan a diario que la Argentina parece una gran sala de cirugía a cielo abierto. Lo más contundente que aparece a la vista en el escenario es la definición de estrategia electoral del oficialismo es subir a los libertarios al ring y bajar a la infantería bullrista que huele a desintegrarse como fuerza importante a media que avanza la campaña.

El candidato de Unión por la Patria esta en verdad haciendo titánicos esfuerzos por llevar adelante una campaña con mucha presencia, reuniones de todos los matices y una batería de anuncios centrando su mira telescópica en Milei ignorando a Bullrich casi por completo.

El problema es que el actual ministro de Economía, que tiene como norte derrotar a Milei, en verdad se está enfrentando con un adversario mucho más peligroso que es nada más y nada menos que la acuciante realidad que están viviendo los argentinos.

Podrá embestir contra Milei al mismo tiempo que te chocas con la góndola, la verdura, la carne y la farmacia. Así y todo, es una mala aventura meterse en la humareda de la confusión absoluta.

Las medidas que se van tomando, positivas en casos, naturalmente miran para adelante, para un tiempo perentorio, con apoyos en recursos que bien Dios podrá saber de que piedra preciosa provienen, mientras que, las consecuencias que se están sufriendo están y vienen bien desde atrás. Mortificando en consecuencia un tiempo de magrísimas cosechas en la mayoría de los bolsillos que ya escuálidos transitan la etapa de terapia intensiva.

Ya demás estaría señalar por que no se hizo todo esto antes, so pena de caer en una redundancia lógica de campaña electoral que huelga cualquier tipo de comentario cargado de infantilismo del que la política aún consume como opción para ofrecer con notable cara de nada.

En principio este veranito de feliz primavera durará en principio hasta diciembre máximo. Luego, el ventarrón electoral se llevará puesta toda la manteca de la obra de temporada y habrá como consecuencia que empezar a trabajar en una argentina en serio a largo plazo y exenta de los parches de ocasión.

Curiosamente, y como una traicionera mueca del destino con viento en contra, Juntos por el Cambio hizo todo el aguante y asumió todo el costo del manual opositor y cuando se preparaba en el diván para dar el asalto final, apareció Milei, montado al bravío corcel libertario y se fue quedando con todo. Y Pato, la ñata contra el vidrio.

Y de ese modo no será difícil suponer, en caso de que Milei sea presidente y no “arregle” con nadie de la casta, que tenga finalmente a su frente no a una sino a dos oposiciones con muchísimas ganas de complicarle la gestión.

En fin, es interesante observar y sumar como análisis lo que ha hecho la política vernácula, entre otras minutas transformar a un personaje como Milei en el principal candidato a ocupar la primera magistratura nacional. Nadie se hace cargo por supuesto y encima juegan a sorprenderse: mortal.

Luego de conocido el resultado de las PASO (si bien muy cerca) Massa se hizo cargo del tercer puesto, hoy daría la impresión que es uno de los candidatos a ocupar uno de los lugares para entrar al balotaje.

Es cierto que el tubo de oxígeno que prendió Massa a todo ritmo llega hasta el 22 de octubre y del resultado de la elección general se sabrá con verdadera certeza la capacidad de venta virtual de Massa. Y además, con qué resto del tubo transitará hasta la meta final de noviembre. Mientras tanto, los botones de siempre siguen buscando los daños del libertario remontándose en lo posible a las achurías inmorales que seguramente descubrirán de su época de bebé.

Nada de eso persuade a nadie que no sean a los propios persuadidos, de manual.

Massa juega todo el resto, Milei continúa con lo que le dio resultados y empieza a buscar palenques de otro tipo de tono mucho más pragmático como sean sectores sindicales y la campaña de Bullrich perdió el rumbo notoriamente.

Es más, cuando quien conduce a Juntos por el Cambio convoca a Schiaretti a bajarse de su candidatura es un implícito grito de derrota. Nadie que transite con expectativa cierta expectativa va a convocar a un candidato de 4% de los votos si se siente ganador. Si, en cambio, es una posibilidad cierta cuando se juega la final pero no en la ocasión que se avecina.

Massa tiene dos problemas, el índice de inflación recientemente conocido y el que se va a conocer minutos antes de la elección que viene.

Y habrá que ver entonces qué medidas surgirán para contrarrestar ese malhumor.

Lo cierto es que todas las medidas anunciadas y que se vienen dejan la mesa servida a los que vienen y también las consecuencias.

Y en verdad, el único que conoce la doble cara de la moneda es solamente Sergio Massa.

Entonces, roguemos que Dios lo ayude.

(*) Especial para ANÁLISIS.

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