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Se busca Presidente

(Foto: Infobae)

Por Hugo Remedi (*)

El universo argentino, quizás como nunca haya sucedido en estos 40 años de democracia, está absolutamente azorado frente a la definición electoral que se conocerá tras los comicios nacionales de este domingo.

La tibieza de las encuestas temerosas de surcar nuevos papelones predictivos, motivaron a sus autores a usar la ambigüedad, como chaleco antibala y que tanto sirve como para jugarse hasta ahí nomás. Y, como consecuencia entendieron como mucho más útil, trabajar cada uno para el patrón de turno y reservar los vaticinios lejos de la opinión pública.

Y entonces como primer alerta naranja surge como consolidada notoriamente la duda y sus circunstancias.

Cada candidato con expectativa llámense Massa, Milei y Bullrich, apelan entonces al remanido: “por lo que observamos en el contacto con la gente”…”estamos convencidos que estamos ganando”, o en la peor de las realidades aceptando que están entrando al ballotaje. Salvo el libertario Milei, que es el único que viene hablando de ganar en primera vuelta.

De hecho y a las pruebas habrá que remitirse, las encuestas no son taxativas en cuanto a lo que pronostican en contraste con los resultados finales. Hay, excepciones por cierto, y otro elemento esencial en lo que hace al margen de error, es que mucha gente decide su voto recién a punto de ingresar al cuarto oscuro.

Dicho esto, las encuestas no dejan de ser en definitiva un orientador con fiabilidad relativa, pero que de hecho marca tendencias, o delimitan los grandes trazos de una realidad que al final del recorrido tiene una lectura mucho más finita en su análisis.

No será prudente en ese sentido, valorar en principio que Bregman o Schiaretti, estén a la caza del liderazgo en el resultado electoral ni tan siquiera acceder a la posibilidad del ballotaje. De suceder, la lógica de la expresión social debería entonces reformular lo que dice con lo que hace.

Si todo el pleito electoral se resuelve en primera vuelta –lo que no luciría como tal- habremos pasado el mojón de la formalidad institucional y se acabarán entonces las especulaciones electorales Y, comenzarán otras claro, las que corresponden al país que se viene a lomo del triunfante pero con mucha violencia y fracturas a cuestas.

Ahora, si el recuento de votos convoca a la posibilidad de un ballotaje habrá tantas derivaciones triunfalistas como grupos se sumen a la zona de fuego que se viene. Dejar fuera de competencia a Bullrich, surge en principio, como la coincidencia previsible tanto de los libertarios como del oficialismo.

En segundo lugar habrá que ver, y con noviembre a la vista, como se vende la euforia para empezar a trabajar en la cosecha definitiva.

Si gana Milei pero no le alcanza para evitar ballotaje, se habrá quedado entonces en consolidar su voto conocido sin la proyección necesaria y entonces, a la caza de los que dejarán a su paso, Bullrich por caso, Schiaretti y Bregman por lo que quizás se estaría especulando con un rodeo cercano al 30%.

Si el que entra es Massa, sin ser el primero de la lista habrá quedado en claro en principio, que la caravana de medidas no tuvo el efecto esperado. Y también tendrá que ir en la búsqueda de esos votos a la deriva. Y además, como saldo favorable quedará como registro a futuro, que el voto duro del kirchnerismo o pero-kirchnerismo en contraste con todo lo que viene pasando, es verdaderamente un sufragio muy duro.

A partir de ahora con la veda como norte, las estrellas de la elección nacional de este domingo próximo ocuparán un segundo plano y serán en consecuencia millones de argentinos los que pasarán a ser las figuras estelares del evento y quienes vayan a definir la elección quizás más gravitante de los últimos años. Con todas sus dudas a cuestas claro está.

Duda, que como concepto sustantivo demandará derivaciones fundamentales a la hora de tomar la decisión final.

Por estas horas se conjugan dos cuestiones no menores dentro del análisis a futuro, por un lado la expectativa electoral y sus resultados del domingo y la angustia que hoy empapela la realidad nacional del lunes con todos los temores en danza.

Si bien las operetas no cesaron en ningún momento y de ninguna de las partes, resulta no tan difícil de interpretar que quien más las recibe, es a quien precisamente el o los autores intelectuales lo ponen como el muñequito a voltear presumiendo al candidato que picó en punta.

Bullrich no está bajo fuego, lo que induciría a pensar vagamente que por lo pronto y llegando al final de la maratón, no la cuentan como una de las finalistas. Salvo que suceda lo que solamente se pronostica como un gran batacazo. Motivo por el cual hoy, Juntos por el Cambio está sumido en la profundidad de interrogantes cargados de subestimación que adornaron el triunfalismo de entonces y que no supieron capitalizar.

Lo cierto es que este domingo quizás no tengamos presidente electo pero si la composición final del Congreso Nacional con lo que ello implica. Y, lo que es casi una certeza quien gane tendrá acaso una aceptación que orilla el 30% y en correlato una negación del 70% por lo que dejaría al descubierto un coto de caza importante para sumar en noviembre. Dentro de una lógica por cierto que supone elegir al menos dañoso y no a la mejor opción.

Y curiosamente, si hay gente a la que se le pregunta y dicen, todavía, que quieren votar a Cristina Kirchner o Macri es porque evidentemente tenemos a franjas de una sociedad desconectada totalmente de la realidad y siendo en efecto parte del corral entonces de la gran duda argentina.

Como agravante, golpea tremendamente fuerte que haya tanta violencia en todos los ámbitos y lo que es peor aún, la puerta abierta para agrandarla sin límites.

Un marginal es, en definitiva, la otra cara del fanatismo.

(*) Especial para ANÁLISIS.

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