Por Hugo Remedi (*)
Especial para ANALISIS
Cuando todo se encaminaba al balotaje con tensa tranquilidad y con la cancha en principio, inclinada para el lado del oficialista y candidato de Unión por la Patria, Sergio Massa, apareció el ex presidente Mauricio Macri y con una cena selectiva de pocos comensales le alcanzó para hacer temblar los cimientos de la campaña electoral nacional.
Y decían, que estaba muerto... Viejo error, de los que se sienten los dueños del patíbulo que van descabezando políticos por la vida. La misma lógica se replica asiduamente (ahora no tanto porque no hace declaraciones) con la actual vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Por cierto, aventura de pasos cortos esta de hacer epitafios prematuros cuando quien sale a ordenar la casa propia y la ajena, es la palabra K de Cristina.
Podrá la sociedad quizás no compartir demasiado ya de estos dos protagonistas de la política argentina, pero de ahí a minimizar la capacidad de fuego de ambos es una principio una desgracia y luego subestimarlos a pleno.
En esta elección ambos fueron manteniendo estratégicos silencios, pero por distintas circunstancias claro. Y en ese objetivo de sepulcral apariciones, Massa sacó ventajas y entre él y Javier Milei por lo pronto despacharon a Patricia Bullrich de Juntos por el cambio, a la sazón, la primera ahijada electoral de Macri.
Ahora bien, cuando los resultados de la elección del 22 de Octubre pasado, mostraron a un Massa ganador luego de haber salido tercero en las Paso, Macri, recorriendo el mundo jugando al cacha ayuda, vio el peligro y salió rápidamente a terciar entre Bullrich y Milei que no se podían ni ver, para garantizar un clásico más parejo pensando en el balotaje del 19 de Noviembre..
Al fin, su operación terminó resultando un ordenador con expectativas inciertas de hecho, pero que de otro modo seguramente, hubiesen terminado en un final catastrófico.
El mutuo perdón que se dispensaron tanto Milei como Bullrich, fue más estratégico y necesario que real. Y casi con seguridad, la nueva versión de recogimiento post balotaje volverá a su estado natural es decir de pocos amigos.
Por ahora hay que cruzar el Rubicón y es todo lo que vale la moneda en el aire que se esta jugando.
Curiosamente cuando todo parecía encaminarse a subirse al tren triunfalista del oficialismo, hoy, pasado ya, el estruendo del “acuerdo” Milei- Bullrich, las encuestadoras sin embargo, empiezan en mostrar el hocico con la foto del libertario como estandarte del triunfo.
Como respuesta a la pregunta, si son creíbles las encuestadoras: no.
Ahora bien, partiendo de la premisa de que cualquier comportamiento electoral no es lineal, ni mucho menos que las adhesiones se traspasan simplemente por orden de los candidatos es caer en un error grave. Si bien, es cierto que la tendencia seguramente en este caso en contra del oficialismo por ejemplo, contará con una anuencia de mayor peso. Por ejemplo, aceptar que todos los votos de Bullrich vayan para Milei sería un error seguramente mayúsculo.
Dicho esto, conjeturemos.
Escenario 1: Massa, Schiaretti y Bregman 100 % de los votos cosechados por los tres en la general del 22 de Octubre suman 12.400.000 sufragios. Milei más los de Bullrich, suman 14.100.000 votos.
Escenario 2: Massa más un 20% de los votos de Bullrich, más el total de Schiaretti y Bregman suma 13.400.000 adhesiones. Milei más el 80% de los votos de Bullrich queda en casi 13.000.000 millones de votos.
Escenario 3: con la salvedad de tener en cuenta que los votos de Schiaretti y Bregman no vayan en su totalidad a la alforja de Massa. Si Milei “roba” unos 250.000 votos de sufragios de Schiaretti, suma los propios y el 80% de los de Bullrich, estaría llegando a los 13.150.000 votos y Massa, con los propios, el 20% de Juntos por el Cambio, el 100% de Bregman y los 250.000 que Schiaretti estaría dejando en el camino rumbo a la canasta libertaria estaría en los 13.145.000 sufragios.
Detrás de esta versión pronosticada con un alto componente relativo claro, aparecen los interrogantes casi de rigor: a quién beneficia el feriado largo coincidente con el domingo de elecciones, cómo se comportará el voto en blanco, porcentaje de ausencias a las urnas, el impacto que puede generar la campaña del miedo, la influencia sobre el votante el debate de este domingo, la credibilidad de los candidatos y también el anti en toda su extensión.
Por lo pronto el 64% de la gente votó en contra del oficialismo y el 70% en contra del candidato libertario. Es decir que en cualquiera de ambos casos tiene que salir a pedir prestado una gran cantidad de votos para acceder a la anhelada mayoría que los lleve a la Casa Rosada.
Muchos de los que se sorprendieron con la irrupción de Macri, anhelan con mucha nostalgia que también Cristina salga a jugar.
Pero Massa que evidentemente tiene todo calculadísimo y una vasta experiencia como candidato, ya aclaró que no es kirchnerista lo que lleva a la certidumbre que todas las voces pasarán solo por él.
Después de todo kirchneristas alrededor de él, ya hay suficientes, y con ello los acuerdos están debidamente cumplidos.
O pierde o gana por su cuenta, y esa es entonces su mejor sanación electoral de cara al futuro.
Alberto Fernández, no puede volver a ser otro error.
(*) Periodista





