Por Néstor Banega (*)
La muestra diaria de patetismo a la que asistimos como obligados espectadores, pone a prueba la capacidad de asombro. Se acerca, es posible, la posibilidad de poner en discusión el intento más claro (fuera de los golpes militares) de aplicar un régimen de gobierno autocrático. Y nadie se pone colorado.
La ausencia de liderazgos claros en una oposición política desflecada, le permite al experimento libertario que gobierna la Argentina, poner todo patas para arriba sin objeciones ni problemas.
El ciudadano, sin conciencia de pueblo, entiende poco y nada de las tensiones institucionales a las que asiste, en lo que configura un triunfo de sectores de poder que, para vivir a su antojo satisfaciendo sus antojos, lograron que porcentajes importantes de la población pongan en duda las bondades del sistema democrático.
Contaron para esto con la ayuda inestimable de algunos políticos que viviendo y usufructuando lo partidario, ocupan la mayor parte del tiempo en hablar mal de la política, sembrando dudas que lamentablemente ya echaron raíces.
Los enredos
Una comedia de enredos en la que sus protagonistas despliegan el perfil de sus personajes con un claro propósito: que no se entienda a qué apuntan realmente con la denominada Ley ómnibus (un paquete desmembrado y disruptivo que hasta modifica códigos de fondo), que con tanto cambio no se sabe qué es.
Estaríamos esperando el remate, los chistes, pero ante la actuación (de la que somos el reparto), empezamos a ponernos nerviosos porque aparecen tintes de drama.
Las promesas de dolorización y espera de tres décadas para percibir las mejoras en la calidad de vida, te roban una lágrima.
Por si todo esto fuera poco, los actores principales reclaman un aplauso y ser llevados en andas. Es, por lo menos, complejo. Entenderlo excede claramente las capacidades de un crítico teatral, porque los géneros se entremezclan haciendo temer lo peor: que alumbre una tragedia.
Hasta resulta difícil discernir la motivación de los actores, captar sus parlamentos (mucho monólogo), comprenderlos, saber de qué lado están.
Es que los libertarios llegaron al gobierno sin plan de gobierno y desplegaron dentro del Congreso fotocopias amarillentas que pertenecían a una parte de otras fuerzas partidarias, mantienen dentro de su staff a cientos de funcionarios del gobierno anterior, al que gustan denostar diariamente porque les dejó la peor herencia de la historia.
¿Qué alcance tendrá el papel de Daniel Scioli? ¿Será un protagónico? ¿Le darán una aparición importante o simplemente se trata de un pequeño bolo? ¿Daniel, en qué te has transformado? ¿En qué te han transformado? Respuestas, si hay, próximamente en La Ñata. Estaremos atentos.
Un ensayo general
Por estas horas todos expectantes ante la posibilidad que la Cámara de Diputados comience a tratar la denominada ley ómnibus. Un poco tronchada, ya sin capítulos que (se nos ocurre) no eran ni tan necesarios ni tan urgentes. No eran desde un principio.
Será, para la administración libertaria y para la (en formación) oposición, un gran ensayo general frente a la ciudadanía. Podrán desplegar argumentos y demostrar, con suerte, de qué se trata.
Insistimos. Llegamos hasta aquí mirando una comedia de enredos donde la forma muchas veces es el fondo, y viceversa.
Hace algunas horas, después de una reunión de gobernadores (quien sabe si hubo diálogo o no), se anunció que se podría coparticipar a las provincias parte de un impuesto que va íntegramente para el molesto e impedidor Estado Nacional.
Tan solo un rato después lo desmintieron a través de las redes. A los gobernadores participantes y al ministro del Interior, que tal vez fue demasiado locuaz o le falto franqueza para reconocer que dentro del escenario es casi un mueble. No hay teatro sin un buen decorado. Mucha madera.
Para aventar dudas que el impuesto es solo para el molesto y obstruccionista Estado Nacional, el politruk Adorni lo volvió a remarcar en su vociferación matutina: jamás se puso en discusión la coparticipación del impuesto país.
Que quede claro. Si bien no estuvo en la reunión (¿estaremos ante un caso de don de bilocación?) aseguró que los medios se equivocaron -otra vez- y que las versiones les habrían llegado por alguna misteriosa razón. ¿Será una conjura anti libertaria de los espíritus chocarreros? ¿Los medios hegemónicos haciendo de las suyas?
Gobernadores, cargo menor
Así que atención gobernadores, una vez más los han puesto en su lugar de actuación. Simples tramoyistas.
Es mejor que aprendan. Que ni se les ocurra desmentir al empleado del mes de la Casa Rosada.
Disentir con el vociferador presidencial no está permitido, los detalles de la reunión habrán sido el afiebrado sueño de un mandatario que quiere sostener sus privilegios. Un mal chiste cordobés y hay poco humor en la leonera.
A lo que apuntan con el bus
No perdamos de vista que muchas veces, bajo nobles consignas, se ocultan los peores designios. Caballos de Troya hubo y habrá, no solo en Troya.
En tiempos donde los conversos claman a las fuerzas del cielo, no olvide estimado lector que algún texto sagrado enseña a tener especial cuidado con los falsos profetas que visten piel de cordero, pero son lobos rapaces.
Los representantes del pueblo (Diputados) tienen ahora la responsabilidad de actuar. Han sido destratados y se quedaron callados. ¿Son grupos organizados de coimeros?
Desconocemos si al momento de esta publicación el presidente de la Nación o alguno de sus ministros ha radicado alguna denuncia para echar luz probatoria a sus afirmaciones. O si hubo reacción judicial e investigan oficiosos.
Los libertarios quieren un régimen jurídico que asegure, sobre todo para ellos, los beneficios de la libertad, limitando la intervención estatal. Quieren, desean, urgen, por contar con delegaciones legislativas. Mucho poder para aplicar la eliminación de regulaciones asfixiantes.
Protagonistas
El ex operador Peronista Miguel Pichetto, con más de 25 años transitando por los pasillos del Congreso, luchará por no parecer casta, liderando cual equilibrista en circo criollo su bloque variopinto.
El radicalismo, aún bajo los efectos de la Convención de Gualeguaychú, luchará, se doblará, hará contorsiones y espasmos, buscará evolucionar tratando de retomar una identidad que le permita salir de la retranca. Veremos.
Los peronismos, con su historia, jirones y moretones a cuestas, hilan deseos, empujan revanchas, estudian silencios y se sobrecogen al recordar que El General sostenía, ante la falta de brillo propio, que quienes venían a reemplazarlos se encargaban de devolverlos al poder, porque eran peores.
Un Peronismo que sigue sufriendo las consecuencias del cumpleaños de Fabiola que, salvando las distancias, fue lo que el cajón de Herminio a la derrota de 1983. Mientras mastica la derrota, busca líderes, analiza opciones, tendrá que sobreponerse y reconstruir confianza para transformarla en fortaleza.
La izquierda, en ciclópea tarea de hacerse ver, hará lo suyo. Los escindidos de los escindidos podrán expresar las motivaciones profundas de su escisión. Porque de escindidos tienen todos un poquito.
Matices que sobrevolarán el Congreso que enfrenta una encrucijada importante, ante un cambio de época en la que reina, sobre todo, la incertidumbre.
El gran objetivo
Delegaciones masivas de facultades legislativas que, de aprobarse, podrían congelar el funcionamiento de las Cámaras. Ese es el gran objetivo, silenciado, de la administración.
Que haya un solo poder, con argentinos de bien: el Ejecutivo. Todo lo demás, es relativo. Los cientos de artículos serán para que pierdan fuerza, tiempo y destino. Así las mayorías siguen sin saber realmente de qué se trata. Desregulaciones para todos y todas y, que el Estado, desaparezca.
Tal vez asistimos a una puesta de las denominadas de vanguardia, o experimental. Que reniega de las reglas de lo clásico. Como sea, ojalá esta puesta en escena, no deje al gran público fuera del teatro sin saber de qué carajo va la obra.
(*) Especial para ANALISIS.





