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Julio Majul una persona comprometida con la democracia y su semejante

Imagen de archivo de Julio Majul: una persona comprometida con la democracia, los Derechos Humanos y el ambiente.

Imagen de archivo de Julio Majul: una persona comprometida con la democracia, los Derechos Humanos y el ambiente.

Por Nahuel Maciel

Julio Majul nació el 14 de octubre de 1948 en Gualeguaychú. Fue el mayor de cuatro hermanos. Hijo de Julián y Sarina, proviene de una familia típica de clase media. Su padre era bioquímico y su madre maestra, aunque dejó de ejercer el magisterio para dedicarse al hogar.

Majul fue un hombre comprometido con su semejante y un valiente ciudadano cuando la noche más oscura intentaba incluso secuestrar la esperanza. Como abogado fue uno de los primeros en presentar un hábeas corpus para averiguar el paradero de un detenido desaparecido, en momentos donde el terror afloraba en todos los rincones.

Tuvo una marcada vocación por el periodismo y sus escritos son un claro testimonio de la búsqueda incesante por la verdad. Fue corrector del diario Noticias que dirigía su padre y luego –con la experiencia de esas enseñanzas- llegó a ejercer el rol de editor.

Cursó la primara en la Escuela N° 1 “Guillermo Rawson” y la secundaria en el Colegio Nacional “Luis Clavarino” de Gualeguaychú. Le gustaba el ajedrez y se destacaba en el antiguo juego de estrategia.

Alguna vez confesó que siendo adolescente descubrió su vocación la política y la abogacía. Esther Duarte Perissé, que era una concejala de Gualeguaychú por la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) le había regalado un libro que se titulaba “Alem. La historia de un caudillo” y su lectura lo impresionó tanto que deseó ser como ese hombre; es decir, abogado y político. De todos modos, él siempre aclaró que su vocación era el compromiso con el prójimo.

Comenzó a estudiar en la Universidad de Buenos Aires la carrera de abogacía en 1967. La última materia la rindió con un 10 en diciembre de 1976. Pero, como su tesis era crítica con el rol de las empresas multinacionales en la Argentina, y justo uno de sus era empleado de una multinacional la leyó, y promovió que lo suspendieran “por ideas extrañas” durante cuatro años. Por eso, el título recién se lo otorgarían en 1980, es decir, cuatro años más tarde. Julio Majul siempre fue leal con sus ideas.

Su único cargo público fue el de haber sido senador departamental en el período 2003-2007.

Siempre se lamentó que observaba que en la sociedad actual se estaba perdiendo el ejercicio del intercambio de ideas, el debatir para aprender del otro. Y destacaba, a manera de ejemplo, dos debates que para él fueron una escuela de democracia y civismo: el de Leandro Alem y José Hernández en torno a la capitalización de Buenos Aires y el Alejandro Carbó y Osvaldo Magnasco en torno a la educación normal y la educación técnica.

Además de su lucha innegociable por la democracia y la vigencia por los Derechos Humanos, Julio Majul fue un férreo defensor del ambiente y de la vida.

Una de sus últimas ocupaciones fue el de ponerle el cuerpo y el alma para que el barrio fluvial Amarras sea desmantelado y Gualeguaychú resarcido con la reparación al daño ambiental que se provocó. Llegó hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación con ese amparo y le dieron la razón.

Destacada de Gualeguaychú su espíritu solidario y emprendedor. La cantidad de Bibliotecas Populares y los movimientos artísticos en todas sus expresiones. Solía decir con autoridad que tenía “mucha confianza en el ser humano” y citaba a José Ingeniero cuando acuñó la frase: “Todo tiempo futuro será mejor”. Él creía en eso.

Gualeguaychú y Entre Ríos despide a un gran ser humano: una persona comprometida con su semejante, que honró el legado de sus mayores y aportó el suyo para una mejor calidad de vida democrática.

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