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Una ciudad mejor es posible, pero hay que planificarla y gestionarla

Por Abelardo Llosa (*)

En el año 2006 se sanciono la Ordenanza 8.563 (Código Urbano) que es el principal instrumento de planificación del municipio de Paraná. En 2015 Paraná conto con un importante estudio de diagnóstico y propuestas en el marco del programa Ciudades Sostenibles (ICES) del BID. En 2016 Argentina se sumó a la Nueva Agenda Urbana de la ONU que es un compromiso para la urbanización bien planificada y gestionada en vistas del logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en particular el Objetivo 11, “Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles”. La Nueva Agenda Urbana fue adoptada en la conferencia Hábitat III en Quito, la delegación argentina incluyo al entonces Ministro del Interior y Obras Públicas Rogelio Frigerio, actual gobernador de Entre Ríos. Entre los años 2020 y 2022 vivimos una pandemia (Coronavirus) que revelo las precariedades (y fortalezas) de nuestras ciudades y marcó nuevas pautas de convivencia y cuidado preventivo que impactaron en la forma de uso de los espacios públicos y privados. Sin embargo, Paraná no actualizo sus instrumentos de planificación desde 2006, salvo a través de parches vía Decretos (no siempre felices) a la mencionada Ordenanza 8.563.

¿Cómo estamos?

Paraná lleva 18 años con el mismo Código Urbano y sin un Plan Urbano que lo preceda y lo oriente. En ese tiempo el desarrollo urbano se aceleró, con resultados no del todo deseables: se degrado notablemente la calidad urbano ambiental del microcentro, saturándose de actividad de día y vaciándose de noche, perdiendo arquitecturas de valor patrimonial y el consiguiente valor cultural y estético, sumando congestión vehicular, ruido, accidentes de tránsito y deterioro de la infraestructura vial que no resiste tan intenso uso, veredas angostas sin sombra que no contienen a las/os peatones, colectivos demasiado grandes, paradas muy pequeñas, entre otros aspectos. Se han sobre densificado algunas calles y barrios dentro de bulevares a través de nuevos edificios de múltiples departamentos que sustituyen casas donde antes vivía una sola familia. Se ha extendido ampliamente la periferia urbana hacia el sur y el este, con muy baja densidad y escasos servicios públicos (cloaca, transporte y espacios públicos son quizás los más necesarios y escasos) generando urbanización con baja calidad del hábitat. Se han ocupado de manera irregular las vías del ferrocarril, las márgenes de los arroyos y la costa fluvial del oeste, generándose asentamientos precarios y en situación de riesgo, perdiéndose espacios públicos, capacidad de drenaje de los cursos de agua y capacidad de transporte ferroviario.

Los proyectos públicos y los privados

Se han realizado proyectos públicos de escala urbana importantes, pero desarticulados de una planificación global tal como: las 600 viviendas del PROCREAR en calle Espejo; el Hospital de la Baxada; el campus de la UADER; el parque lineal sur; los mejoramientos de barrios a través del PROMEBA; grandes entubamientos de arroyos por tramos (sin criterio urbanístico ni ambiental); entre otros. 

También se han ejecutado proyectos públicos de escala metropolitana sin articularse con una planificación territorial: el acueducto metropolitano (en ejecución); el acceso sur hasta Oro Verde; la extensión de la Av. de circunvalación hasta la Ruta 12; la puesta en funcionamiento del ferrocarril hasta Oro Verde y La Picada; grandes conjuntos de viviendas del IAPV en municipios vecinos o aislados en suelo suburbano (con alto impacto territorial y sin previsión de transporte ni equipamientos públicos); entre otros. 

La inversión privada no fue canalizada hacia proyectos urbanos planificados. Los desarrollos privados han buscado las mejores oportunidades, sin que el Estado local ofreciera un rumbo para generar sinergia. Así el Código urbano actual permite; la demolición de arquitecturas que podrían conformar sectores de valor cultural urbano; la edificación en altura casi sin límites; la densificación automática en sectores urbanos sin infraestructura adecuada (edificios de departamentos reemplazan viviendas individuales); el loteo en áreas semirrurales o sobre humedales y arroyos; la extensión de la urbanización de baja densidad hacia el territorio rural. 

Los viejos asuntos pendientes

Hay gran cantidad de asuntos estratégicos históricamente pendientes: no se ha concretado la red de accesos y circunvalaciones viales que resuelva el problema del tránsito pesado que atraviesa la ciudad; siguen abandonados grandes equipamientos estratégicos como la estación de ferrocarril, el puerto nuevo, el frigorífico de La Floresta, entre otros; no se ha resuelto el problema de la gestión de residuos y del volcadero y seguimos volcando los efluentes cloacales de toda la ciudad en crudo al río Paraná contaminándolo; subsiste la falta de infraestructura de drenaje urbano (pluviales); es grave problemática de la falta de vivienda (basta ver la cantidad de inscriptos en el IAPV y PROCREAR); la terminal de ómnibus es obsoleta (siempre lo fue) y no forma parte de un sistema de transporte multimodal.

Los nuevos asuntos pendientes

Comienzan a sentirse los efectos del cambio climático en la ciudad. Las lluvias, que serán cada vez más intensas, inundan calles y barrios que no tienen desagües pluviales o tienen obras insuficientes. La ciudad no esta preparada para las olas de calor, no fomenta el arbolado urbano, pierde superficie verde, no promueve medidas de adaptación.

La problemática del transporte de pasajeros es grave, el sistema público es deficiente hace muchos años y no se logra un sistema estable que garantice la movilidad razonable en la ciudad y su área de influencia. El tránsito de autos particulares es muy intenso, genera congestión, accidentes, contaminación e ineficiencia y ocupa desproporcionadamente el espacio público de las calles, no solo en las calzadas sino también en las veredas.

El futuro

Esta breve descripción no es un diagnóstico exhaustivo; solo busca poner sobre la mesa los principales asuntos que, a mi entender, determinan el estado de la ciudad y que son variables clave para el futuro. Visualizarlos en conjunto (no aisladamente) es importante para iniciar un camino virtuoso de planificación y gestión que permita ir corrigiendo las tendencias hacia el mediano plazo; porque si todo sigue igual, el futuro no será mejor, ni igual, será peor. 

El rol del Estado

Todo es más difícil con un Estado nacional que se retira de la planificación y la inversión pública, pero el Estado provincial y el municipal tienen muchas capacidades y algunos recursos que deben ponerse en juego. La planificación del desarrollo urbano y el ordenamiento territorial, la regulación y la gestión del suelo son algunas de las principales responsabilidades y competencias de estos niveles del Estado. Establecer principios, objetivos, normas, proyectos y condiciones para la inversión pública y privada es una gran capacidad y responsabilidad pública, para prevenir conflictos y promover el desarrollo urbano sostenible.

Un Plan de desarrollo para Paraná y su área metropolitana

Paraná y sus municipios vecinos (área metropolitana) necesitan urgentemente actualizar su planificación territorial enfocándose en hacer efectivo el derecho a la ciudad, al hábitat y la vivienda; en el derecho a vivir en un ambiente sano; el derecho a la identidad, la cultura, la inclusión social; en el desarrollo económico con inclusión y empleo digno; en la adaptación al cambio climático y la gestión de los nuevos riesgos derivados; en la mejora de infraestructuras y servicios como el agua y las cloacas, la gestión de los residuos y el transporte; en el cuidado del ambiente, los bosques, el río, arroyos y humedales; entre otros temas. 

Primero el Plan luego los instrumentos

Necesitamos contar con un Plan de Desarrollo Urbano y Metropolitano de carácter programático, que establezca principios, objetivos, lineamientos y prioridades para el desarrollo. De ese Plan se derivarán luego los instrumentos operativos, como un nuevo Código urbanístico (que establezca alturas máximas por zona y limite la extensión urbanizable), un código de edificación y otros instrumentos de gestión territorial como un banco de tierras, un programa de suelo urbano y viviendas, una empresa de desarrollo urbano, un plan de adaptación al cambio climático y gestión de riesgos, un fondo de desarrollo urbano, instrumentos financieros específicos, programas de conservación de bosques y humedales; programas de desconcentración de actividades; planes directores de servicios públicos (transporte, agua, cloacas, pluviales, vialidad), normas tributarias y otras de incentivo y desincentivo a actividades que se desea promover o restringir. 

La cartera de proyectos estratégicos

Será fundamental contar con una cartera de proyectos estratégicos como: la regeneración del microcentro, un nuevo centro cívico, la refuncionalización del puerto nuevo, la reactivación del ferrocarril de cercanía como un vector de transporte y estructuración territorial metropolitano, la clausura y restauración del volcadero, la planta de tratamiento de efluentes cloacales, la gestión de los arroyos como infraestructuras basadas en la naturaleza (IBN), la urbanización de barrios precarios; la mejora de la red de calles de concesión como vías multimodales, proyectos urbanos integrales (vivienda, comercio, equipamientos) de financiamiento mixto que superen el desarrollo urbano lote a lote, la red vial de accesos y vinculaciones metropolitanas, la conformación de un cinturón verde agroecológico entre Paraná y las tres localidades de su área metropolitana; entre otros.

El Plan es el primer desafío, pero no el último

Si lográramos avanzar en un Plan Urbano y un nuevo código urbanístico, será un gran logro desde la perspectiva sociológica y política. Pero luego viene la gestión y para ello es indispensable: fortalecer y profesionalizar las áreas de planificación, gestión y control urbanístico; generar instrumentos y mecanismos financieros para impulsar los proyectos estratégicos; implementar formas de gobernanza y participación activa que generen compromiso social y articulación público-privada; lograr que las intervenciones de organismos provinciales y nacionales se enmarquen en el Plan y respeten los Códigos urbanísticos (no mas proyectos del IAPV que desorganicen el territorio, no más entubamientos de arroyos por las Direcciones de Hidráulica o de Vialidad provinciales, no más autovías urbanas o puentes interprovinciales diseñados por Vialidad Nacional sin considerar el sistema urbano local).

El enfoque de “Desarrollo urbano Orientado al Transporte” (DOT) es una gran oportunidad para este desafío impostergable. Una ciudad mejor es posible, pero hay que planificarla y gestionarla. 

(*) Arquitecto, exsubsecretario de infraestructuras de la Municipalidad de Paraná, exdirector provincial de planificación territorial y ambiental de Entre Ríos, exdirector nacional de planificación y ordenamiento ambiental del territorio y actual Presidente de la Sociedad Argentina de Planificación Territorial

 

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