El sábado 15 de agosto, poco antes de la medianoche, una bola de fuego con llamas que se elevaban en lo alto alumbró la oscuridad de la ruta nacional 18, a metros del ingreso a la localidad de Viale, a la altura del kilómetro 57. Un camionero se detuvo y llamó a la Policía. Unos minutos después, los Bomberos llegaron al lugar para intentar sofocar el fuego que parecía indomable. Cuando las llamas se apagaron, se encontraron con una macabra escena: sentado en el lugar del acompañante estaban los restos de una persona.
No quedaron rastros ni posibilidades de identificar a la víctima, pero sí al vehículo, a su titular y luego las evidencias fueron dejando una sola conclusión: se trataba de Carlos Gastón Schvintt. Lo conocían como “Chanchi”, tenía 20 años y había salido de su vivienda en la ciudad de Viale alrededor de las 21, a bordo del auto cuyo titular era su hermano. Pasó por distintos lugares y luego si dirigió hacia la ruta, donde encontró su trágico final.

Los investigadores de la División Homicidios de la Policía iniciaron la reconstrucción de los últimos pasos de Carlos en la ciudad de Viale. Así, llegaron a algunos domicilios donde ninguna persona dijo haber notado algo extraño ni tampoco involucraron a nadie que pueda haber estado con el joven en ese momento. Todo era cada vez más extraño.
Por el estado en el que quedó el cuerpo no hubo posibilidad de establecer la causa de la muerte. No obstante, se trabajó sobre la hipótesis de un homicidio. El vehículo quedó apenas con los materiales metálicos a la vista. Hasta se derritió el parabrisas. No quedó ni una evidencia para rescatar.
La situación judicial de Schvindtt orientaba la hipótesis de la investigación hacia un ajuste de cuentas del narcotráfico. El joven tenía pendiente una causa por narcomenudeo en los Tribunales de la provincia y estaba cerca de firmar una condena de prisión efectiva en un juicio abreviado.
Las primeras sospechas apuntaron a personas del barrio Pancho Ramírez de Viale. Tres días después del hecho la Policía allanó una vivienda donde secuestraron cocaína y marihuana fraccionada para la venta. Identificaron a dos personas y detuvieron a otra por narcomenudeo.
Pasó el tiempo y nadie se acercó a aportar información que pudiera esclarecer el caso y llevar tranquilidad a la familia de Schvindtt. Así, tres años después, las causas y posibles responsables del hecho, son un misterio.
Un "lobo solitario"
En diálogo con el programa Cuestión de Fondo (Canal 9 Litoral), el jefe de la División Homicidios, Miguel Delavalle, detalló cómo fue la exhaustiva investigación que, como muy pocas cauysas, no arrojó líneas firmes hacia algún sospechoso.
"Se realizó una investigación profunda para saber qué pudo haber pasado. Teníamos que establecer cuál fue el motivo de la muerte, si fue una autodeterminación o un homicidio. Se comenzó a trabajar con testimonios de sus amigos, la persona que lo habían visto por última vez, los familiares, un cuñado quien aportó una información importante, ya que él estaba chateando por las redes sociales y WhatsApp minutos antes de que sucede el hecho. Y observó que se había desconectado antes de las de las 22, ya no le ingresaban los mensajes. Entonces ya manejábamos un horario en el cual pudo haber sucedido algo. También mencionó unas personas. Tanto él como otras personas allegadas a Carlos Schvindtt pudimos llegar a unas personas que estaban en el ambiente del del narcotráfico. Que, por distintos motivos, resultaron de interés para realizar unos procedimientos. Se allanaron dos domicilios, en Viale y en Paraná, en zona de Churrarín y Maya, supuestamente el proveedor de sustancias estupefacientes de la víctima. Con el de Viale había una posible rivalidad de con la víctima, quien estaba vendiendo en gran cantidad y cada vez estaba haciendo de más clientes. En el allanamiento de Viale se encontró droga en la casa, dinero, celulares, todo eso fue secuestrado y (un hombre de apellido González) quedó detenido por los estupefacientes hallados en su domicilio", relató el comisario.
A medida que dialogaban con más personas, surgían nuevos datos sobre los movimientos de la víctima: "Se continuó con la investigación, se hicieron pericias de esos teléfonos donde no obtuvimos información importante. Allegados que lo conocían decían que solía ir al frigorífico de Viale, se instalaba en su vehículo y aprovechaba para la venta de estupefacientes. También decían que hacía préstamos de dinero. Ya sea a conocidos o gente que por ahí necesitaba y le pedían. Y él en un principio como que no apuraba a sus clientes a que le devuelvan el dinero, si bien tenían un recargo, pero en los últimos días ya estaba exigiendo cada vez que los veía", agregó.
Así, llegaron con quien pudo haber sido la última persona, antes del episodio mortal, que vio a Carlos con vida: "Pudimos llegar a un conocido suyo que esa noche lo vio pasar en el auto, se cruzaron en en una calle, le toca bocina y le contesta con la bocina. Luego se siguió ese auto por las cámaras y se lo puede ver en la ciudad tomando para el lado de la salida de Viales. Nunca se pudo saber, por supuesto, si en el interior iba una persona, dos o si justamente era Carlos el que iba dentro del vehículo, pero el auto era similar y coincidía con esta persona que dijo haberlo cruzado en determinado lugar", contó Delavalle.
Sin embargo, nada ni siquiera permitía esbozar lo que sucedió. Y, por la experiencia de los investigadores, tampoco se detectaba un ambiente de hermetismo o mentiras en las declaraciones de los testigos: "Lo que se pudo ver en las reiteradas veces que fuimos hasta la localidad de Viale, donde hicimos entrevistas con muchísimas personas, estuvimos dialogando con amigos, vecinos, con personas que nos surgían de la propia investigación, se pudo percibir que realmente la gente desconocía qué es lo que pudo haber pasado esa noche. Si bien todos lo conocían como una persona que vendía estupefacientes, que inclusive en el mes de febrero había sido detenido en María Grande junto a un taxista, le secuestraron estupefacientes y quedó detenido. Pero esas personas no comprendían qué era lo que pudo haber pasado esa noche. Nunca lo pudieron explicar. Lo tenían como un ‘lobo solitario’, era el término que utilizaban, porque se manejaba solo, no tenía amigos con los que anduviera, no se lo veía con una novia, siempre frecuentaba un bar de la localidad de Viale, se tomaba una gaseosa en el bar, inclusive a veces la dejaba por la mitad y salía. Estacionaba en frente, donde también realizaba la venta de estupefacientes y ese día inclusive estuvo frente de ese bar hasta que emprende la marcha y se cruza a este conocido donde se tocan bocina. Es la última vez que hay un contacto con Carlos", recordó el investigador de Homicidios.





