Leomanía, y Hayek, el amigo de Milei
La selección volvió a pegarle otro mordisco a la esperanza. Con lo justo, pero suficiente. Una vez más se identificó con el fútbol nuestro, con vocación de potrero, vagabundo y cartonero, pero con un ritmo lento, impreciso, cansado. Con posesión del balón, pero sin intimidar. Poseer por el solo hecho de poseer no determina una filosofía