Nuevo capítulo para la novela Reggiardo

El expediente de la causa por la herencia de José Alberto Reggiardo está siendo estudiado por la Corte Suprema de Justicia. El recurso de queja fue interpuesto por los abogados del escribano y el abogado condenado por la Justicia entrerriana tras haberse prestado a fraguar documentación para que una mujer se quedara con la fortuna del estanciero. ANALISIS habló con los defensores, quienes esperan una determinación del máximo cuerpo de justicia de la Nación. Los letrados sumaron misterio al caso. Hasta ahora, la fortuna no se toca.
Federico Malvasio
La novela negra sobre la herencia del estanciero José Alberto Reggiardo parece no acabar nunca. Se asemeja a aquellas series exitosas en las que los productores, autores y auspiciantes se desviven para que el producto siga en el aire. Como en la televisión, en esta causa hay mucha plata de por medio.
El deceso del multimillonario sólo es el inicio de la película cuyo guión se encuentra hoy en la Corte Suprema de Justicia, luego de que –hace una semana- la Cámara del Crimen de Gualeguay enviara el expediente para que se analice a los fines de viabilizar el recurso presentado por los querellantes. Esto implica que la queja expuesta no fue rechazada in limine. De admitirse el recurso se debe ordenar la inmediata libertad de los imputados atento a que se levantaría el estado de firmeza de la condena.
La causa cuenta con una sentencia definitiva por parte de la Justicia entrerriana, que dictó condena de cuatro años a María Angélica Godoy, que se presentó como hija del estanciero; y de cuatro años y seis meses para el escribano Luis Galli y el abogado Walter Martínez por fraude, al haber fraguado documentación para quedarse con 35 millones de dólares del estanciero. Los querellantes apelaron el fallo al Superior Tribunal de Justicia (STJ) pero éste lo rechazó. La resolución recibió críticas de los abogados de Galli y Martínez.
Guión
José Alberto Reggiardo murió el 5 de julio de 1998, a los 73 años, cuando el helicóptero que piloteaba cayó en uno de sus campos. Desde entonces se inició una dura batalla judicial por el destino de su herencia. La novela comenzó con un interrogante: ¿quién cobraría los 35 millones de dólares que dejaba el estanciero? Con el cuerpo aún caliente todo hacía suponer en la ciudad de Victoria que los billetes verdes no tendrían un destinatario fijo. El ruralista, dueño de una de las mayores fortunas de la provincia, nunca se había casado y llevaba una vida excéntrica.
(Más información en la edición gráfica de ANALISIS de esta semana)