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Anita, esa amada vecina

Por D.E.

Anita tenía 96 años, pero parecía contar con no más de 75 o por ahí. Flaca, ágil, coqueta, inquieta, siempre informada y sonriente. Simpática, buena vecina, atenta y generosa. Y bella. Algo así era Ana Batistuta. Se fue de un día para el otro, el jueves a la tarde, casi sin avisarle a nadie, como para no molestar. Para no dejar de perder esa independencia que también la caracterizaba en su vida diaria. Su corazón le dijo basta y partió junto a varios de sus hermanos, a los que cuidó en su casa hasta que fueron falleciendo.

Cada uno de los vecinos de Pellegrini al final la vamos a extrañar. Su saludo afectuoso; su pregunta desde el amor, para saber cómo andábamos, cada vez que nos cruzábamos con ella y era inevitable detenerse para dialogar unos minutos. Ella siempre estaba atenta a todos nosotros; era también su forma de cuidarnos.

La partida de Anita deja un vacío inmenso entre los que estábamos a su alrededor por estas cosas de la vecindad; en su hermana y en sus sobrinos, que casi todos los días pasaban también a verla y disfrutar de esos diálogos llenos de ocurrencias e historias, que iban desde anécdotas comunes de la vida hasta esos pasajes de la antigua sastrería que la tuvo como trabajadora durante mucho tiempo.

Descansa en paz querida, Anita. Gracias por todo el amor que nos regalaste y perdón por el tiempo que no te dimos. Siempre era hermoso estar contigo. Aunque sea por unos minutos.

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