Fotografía

El FIFPA vuelve a Paraná entre imágenes y memoria

Edición
1174

Por G.G.d.R.

El Festival Internacional de Fotografía de Paraná (FIFPA) tendrá una nueva edición el 17 de diciembre en el Centro Cultural Juan L. Ortiz, ubicado en Racedo 250. Habrá fotógrafos invitados, estudiantes, charlas y muestras. Entre los participantes estarán Aaron Sosa, Jorge Luis Santos, Guy Veloso y Francisco Mata Rosas.

Creado y dirigido por el fotógrafo Eduardo Segura, el encuentro nació casi de manera fortuita en 2007 y terminó abriendo para Paraná un vínculo con fotógrafos y experiencias de distintos países.

“El festival no es una feria, el festival no es un concurso, ni es una competición”, anticipa Segura en diálogo con ANÁLISIS.

Territorio, identidad, género, fronteras y memoria atraviesan el encuentro. Pero hay algo más que su director considera central: una fotografía no se agota en aquello que muestra. Importa también qué conversación puede abrir, qué tiene para decir quien la produjo y qué sucede cuando esa imagen se encuentra con el público.

Todo empezó en 2007, en una escala mucho menor. Ese año llegaron a Paraná tres fotógrafos cubanos: Ramón Cabrales, Félix Arencibia y Rufino del Valle. La visita derivó en un coloquio. De aquella experiencia empezó a tomar forma lo que vendría después.

“Fue una cosa muy chiquita y muy rápida, pero a partir de eso fuimos dándonos cuenta de que cuando uno gestiona cosas, la gestión no tiene límite”, recuerda.

Desde entonces, calcula Segura, por el Festival pasaron fotógrafos de alrededor de 20 países. “Paraná es una ciudad muy pequeña y se hizo muy grande con respecto a la fotografía”, sostiene.

“Una Foto Escuela”, el espacio educativo que mantiene en la ciudad desde hace casi tres décadas, terminó siendo inseparable de la historia del FIFPA.“Una Foto Escuela fue para mí, el descubrimiento mayor de mi vida”, afirma.

Segura quería viajar, conocer otras escenas, encontrarse con artistas de distintos lugares. Hacerlo desde Paraná no siempre era sencillo. La escuela y, después, el festival, invirtieron de algún modo esa lógica.

“Fue lo que me permitió traer la montaña a mi casa”, dice. “Yo quería viajar y era muy difícil viajar. De pronto, al crear el festival, crear Una Foto Escuela, mucha gente empezó a viajar a Paraná”.

Para Segura es importante qué ocurre después de colgar una imagen en la pared.“La fotografía colgada sin explicarse no tiene verdad, porque nosotros no podemos solamente colgar una obra sin decir qué estamos haciendo con eso”, plantea.

No propone una explicación cerrada ni una única forma de leer una obra. Le interesa acortar la distancia entre quien expone y quien llega a mirar.

“Lo importantees que en una muestra o en un festival las personas que exponen o las personas que muestran su trabajo bajen un poco el copete de expositores y le presenten al público una versión de cuáles son las intenciones del fotógrafo, del artista o del gestor”, considera.

Cuando se le pregunta qué cree que logró construir el festival después de tantos años, Segura responde: “Yo no creo que hayamos construido mucho”.

No desconoce el recorrido ni el paso por la capital provincial de artistas de distintos países. Lo que ocurre es que su horizonte está puesto en otra cosa.

“La construcción para mí es un museo, un Museo de la Fotografía de Paraná. Esa es mi idea, es mi norte”, expresa.

Segura imagina un espacio donde puedan convivir el museo y Una Foto Escuela. Galerías, fotografías, cámaras, ampliadoras y otros objetos vinculados con la historia de la disciplina tendrían allí un lugar para ser conservados, exhibidos y puestos nuevamente en circulación.Buena parte de esos materiales ya existe. Falta dónde reunirlos.

“Mi mayor deseo es constituir una casa, encontrar una casa física, en donde el Museo y la Foto Escuela pudieran cohabitar, en donde hubiera un par de galerías, en donde tuviéramos la opción de ser responsables de mantener la memoria de nuestra ciudad, de nuestros habitantes”, comenta el fotógrafo.

También piensa esa casa como un espacio de aprendizaje. Que las nuevas generaciones, acostumbradas a producir y almacenar imágenes desde un teléfono, puedan encontrarse con otros soportes y otra historia de la fotografía.

“La memoria no es algo que solamente está en los celulares, en los pendrives, o en los discos, sino en objetos que han sido utilizados como dispositivos fotográficos”, señala.

Por eso, para Segura, el Festival no consiste solamente en traer artistas o montar muestras. También abre una pregunta sobre el patrimonio fotográfico de Paraná: dónde está y qué se hará con él.

 

(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1174, del día 17 de septiembre de 2026)

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