“Es vergonzoso que la Corte Suprema no tenga ninguna mujer”
La transformación tecnológica, la creciente complejidad de los conflictos sociales y las nuevas demandas de acceso a derechos están obligando al Poder Judicial a revisar sus formas de trabajo sin resignar el principio que constituye su razón de ser: garantizar la vigencia del Estado de Derecho. Esa fue una de las principales reflexiones que dejó la vocal de la Sala II en lo Civil y Comercial del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, Gisela Schumacher, durante una de las escasas entrevistas periodísticas que ha concedido desde su llegada al máximo tribunal provincial.
Por Nahuel Maciel
La vocal de la Sala II en lo Civil y Comercial del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, Gisela Schumacher, concedió una entrevista periodística a ANÁLISIS. Una de las pocas que ha dado desde que asumió la magistratura.
En ese marco, recordó cómo maduró su vocación profesional, analizó la evolución de la Justicia entrerriana, reivindicó el valor institucional de la independencia judicial y llamó a recuperar la cultura del diálogo en una sociedad cada vez más atravesada por la confrontación y la inmediatez.
Lejos de presentar la función judicial como una actividad aislada de la realidad social, Schumacher sostuvo que los tribunales enfrentan hoy el desafío de responder a una ciudadanía que reclama soluciones más rápidas, más cercanas y más comprensibles. En ese contexto, destacó las transformaciones que experimentó Entre Ríos durante las últimas dos décadas y afirmó que la provincia ocupa un lugar de referencia en diversos aspectos de la administración de justicia. “Entre Ríos suele estar en muchos temas a la vanguardia”, aseguró al enumerar la incorporación de la oralidad en los procesos de los distintos fueros, la digitalización integral de los expedientes, la utilización de la firma digital, el desarrollo de la mediación y una organización territorial que -a su entender-, convirtió al sistema provincial en uno de los de mayor acceso a la Justicia del país.
La magistrada recordó que cuando ingresó al Poder Judicial, en 2007, los expedientes todavía se confeccionaban de manera artesanal, cosidos con aguja e hilo. Hoy, explicó, la actividad cotidiana transcurre íntegramente en soporte digital. Ese cambio tecnológico, sostuvo, modificó profundamente la forma de administrar justicia, aunque aclaró que la verdadera transformación no se limita a las herramientas informáticas, sino también a una nueva concepción del proceso judicial, donde la oralidad, la inmediación entre jueces y partes y los mecanismos alternativos de resolución de conflictos permiten respuestas más ágiles y transparentes.
Sin embargo, Schumacher consideró que la modernización tecnológica no elimina uno de los rasgos esenciales del Poder Judicial: su función de control dentro del sistema republicano. “Los Poderes están separados, pero a la vez se controlan y colaboran”, explicó al describir el equilibrio institucional previsto por la Constitución. Desde esa perspectiva, defendió el control de constitucionalidad que ejercen los jueces y recordó que esa tarea inevitablemente genera tensiones con los otros Poderes del Estado.
La vocal también rechazó la idea de que los magistrados decidan según sus preferencias personales. Por el contrario, sostuvo que la legitimidad de las sentencias descansa en la obligación de resolver conforme al ordenamiento jurídico. “No hacemos lo que queremos en base a nuestra moral y a nuestros deseos. Actuamos en función de resolver un conflicto concreto conforme a las leyes”, sostuvo. Para Schumacher, esa diferencia explica parte de la distancia que suele existir entre las expectativas sociales y las respuestas que finalmente brinda la Justicia.
La entrevista derivó luego hacia uno de los fenómenos que, a su juicio, excede largamente al ámbito judicial: el deterioro del diálogo público. Sin atribuir responsabilidades particulares, describió un escenario global caracterizado por la pérdida de espacios de deliberación y el predominio de reacciones impulsivas sobre los argumentos. Allí recuperó una idea de raíz aristotélica para reivindicar el valor de la razón como instrumento de convivencia democrática. “Cuando uno reflexiona, construye empatía, se pone en el lugar del otro y, para utilizar una metáfora futbolera, puede 'parar la pelota'. Eso genera otro tipo de comunicación”, expresó.
Esa preocupación por el acceso efectivo a la Justicia también apareció cuando analizó las desigualdades estructurales que atraviesan distintos sectores de la sociedad. La magistrada sostuvo que el principio constitucional de igualdad exige hoy una interpretación más amplia que la tradicional igualdad formal ante la ley. “Hay personas que nunca van a estar en iguales condiciones”, explicó al mencionar a las personas con discapacidad, los niños, los adultos mayores y las mujeres víctimas de violencia. Según afirmó, el desafío consiste en construir herramientas institucionales capaces de reducir esas desigualdades para garantizar un acceso real a los derechos.
Sobre el final de la entrevista, Schumacher dejó una definición de fuerte contenido institucional al referirse a la integración de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Consideró que la ausencia de mujeres en el máximo tribunal representa un retroceso incompatible con los compromisos asumidos por el Estado argentino en materia de igualdad. “Es vergonzoso para la Argentina que la Corte Suprema de Justicia no tenga ninguna mujer”, sostuvo.
- ¿Cómo le nació la vocación por el Derecho y cómo llegó al Poder Judicial?
-Al principio estudié Comunicación Social y paralelamente estudiaba Derecho, que fue finalmente por la que me incliné. Provengo de Colonia Crespo, que queda cerca de Cerrito. Mis abuelos son descendientes de colonos suizos y vascos que trajo Urquiza antes de las colonizaciones formales. Y esta es la parte que tiene que ver con mi vocación, que es algo que entendí probablemente después. Una va creciendo y va haciendo retrospectivamente aprendizajes. Para mis padres era muy importante que sus hijos fuéramos a una escuela que no fuera en el campo porque era visto como algo precario. Mi papá había hecho la escuela rural hasta 3º grado y después había empezado a trabajar. Entonces se mudan a Paraná, y cuando se mudan, mi papá había heredado un pedazo de campo y vende una parte de esas tierras para comprar una casa en la ciudad de Paraná. Y resulta que un abogado los estafa. Yo era muy pequeña, no tengo el registro para verbalizar o contar exactamente cómo fueesa estafa. Pero, sé que lo estafaron y perdieron ese dinero, que era el equivalente a casi el valor de una casa que habían pagado. Fue algo que generó mucho dolor en la familia.Ellos tuvieron que volver a comprar otra vivienda. Y, en retrospectiva, eso que fue tan significativo para mis padres, tan doloroso e incluso humillante… esa sensación de injusticia se impregnó muy profundo en mí. Fue un momento bisagra en la historia familiar. Por eso pienso que había algo más poderoso que mi deseo de ser periodista detrás de la elección del Derecho. Tal vez no pensado, pero sí impreso en mi vida. Y empiezo a estudiar Derecho, dejo Comunicación Social, y al segundo año de Facultad nace mi hijo, Augusto, que hoy tiene 28 años. Me independizo de mis padres, más tarde obtengo una beca de investigación en la Facultad, que era rentada y con eso pagaba el alquiler. Me recibo en el 2002. No tenía trabajo, no conocía a nadie. Pero, me llama Sergio Overo, que en ese momento era fiscal de Estado, porque habían pedido unos listados a la Facultad para seleccionar a los mejores promedios y ofrecerles unas becas de trabajo. Y así es como empiezo a trabajar en la Fiscalía de Estado.
- ¿Y cómo le fue en la Fiscalía de Estado?
-La Fiscalía de Estadoes como la mejor escuela que una podría tener para aprender cómo ejercer el Derecho. Allí vemos todas las ramas del Derecho, porque es el órgano que defiende al Estado, interviene en todos los juicios. Aprendí muchísimo. Luego, de pasantefui contratada de servicio y seguí en esa especie de “escalera” que se debe atravesar en el Estado. Si bien ejercía de manera particular, la labor liberal era poca porque no tenía tiempo porque toda la mañana me la pasaba en la Fiscalía de Estado. Y siempre tenía la inquietud que para mí el Poder Judicial era como un ideal. Ahí empecé a sentir la necesidad, por cosas muy simples. Recuerdo un par de actividades en el ejercicio de la profesión que no me gustaron. Tuve que ir a hacer un embargo a una casa y me sentí muy incómoda. Tenía otro caso de familia sobre un tema de reclamos de alimentos para un niño de 3 años y de comunicación -como se llama ahora y que antes era el régimen de visitas. Yo representaba a la mamá. Y mi impulso era que ese papá y esa mamá se trataran bien por su nene. Pero, ellos querían “pelear”. Era el 2006 y se llama a un concurso para el Juzgado de Paz de Paraná y me presento. Yatenía 4 años y medio de ejercicio profesional. Rindo el examen y me fue muy bien porque quedé primera junto con María Virginia Giachello -ella sigue siendo jueza de Paz-, y ahí empezó mi carrera judicial. Terminé jurando en el 2007. Después de eso fui secretaria del Superior Tribunal de Justicia en el Contencioso; por un breve tiempo fui relatora y después rendí el concurso para la Cámara Contencioso. Terminé jurando en el 2015 yhace 4 años que estoy como vocal en el Superior Tribunal.
-En su trayectoria vivenció el cambio del proceso escrito hacia la oralidad. Un cambio de paradigma.
-Sí, fue un cambio de paradigma. La oralidad empieza en Entre Ríos como pionera en el sistema Penal, y después se adopta en el Civil. También aparece la oralidad con la última reforma del Código Procesal, y ni hablar luego en materia de Familia, que es más intensa la oralidad, por lo menos en la práctica. Y no solo la oralidad, creo que los dos grandes pasos en los fueros no penales -Civil y Comercial y de Familia-, y también de algún modo en el Contencioso Administrativo, fueron la oralidad y la digitalización. Hoy no tenemos papeles. Y no es lo mismo para alguien de una generación más joven que nació en la era digital que aquellos que por edad -estoy por cumplir 50 años- tuvimos adaptarnos. Recuerdo que cuando ingresé a Tribunales en el 2007 debíamos coser los expedientes con aguja e hilo. Y pasar de eso a hacer todo a través de la computadora es un avance significativo.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1172, del día 16 de julio de 2026)






