Historias que caben en una cajita
Por G.G.d.R.
Las Cajitas Lambe Lambe volvieron a sorprender en el Festival de Espectáculos Infantiles con una propuesta íntima: un único espectador descubre, a través de una pequeña mirilla y unos auriculares, un universo de títeres, escenografías y relatos que duran apenas unos minutos. Marcelo Amorosi, uno de los artistas que participa de la experiencia junto a Pola Ortiz y Ludmila Pierotti, compartió con ANÁLISIS cómo un teatro en miniatura logra despertar la curiosidad de chicos y grandes.
Mientras en la sala principal del Teatro 3 de Febrero cientos de chicos disfrutan de las funciones del Festival de Espectáculos Infantiles (FEI), en el hall otra fila se forma antes y después de cada espectáculo. Allí no hay un escenario ni una platea: hay pequeñas cajas con una mirilla y auriculares. De a uno, los espectadores se asoman para descubrir una historia que transcurre en apenas dos o tres minutos.
Son las Cajitas Lambe Lambe, un formato de teatro en miniatura nacido en Brasil a fines de la década del 80 que propone una experiencia diferente a la del teatro convencional. Cada función está pensada para un solo espectador, que observa la obra desde muy cerca mientras escucha el relato a través de auriculares.
En esta edición del FEI, las Cajitas están presentes con las propuestas de Marcelo Amorosi, Pola Ortiz y Ludmila Pierotti. Cada artista construye un universo propio en pequeño formato: “Cata y la vampiresa”, de Pierotti; “El cielo de Vasil”, de Ortiz; y “Semillas de esperanza”, de Amorosi, invitan al público a detenerse unos minutos frente a una historia pensada para un único espectador.
Amorosi conoció este lenguaje hace alrededor de diez años, durante una función en el Centro Cultural Juan L. Ortiz de Paraná. Aquella primera experiencia fue suficiente para despertar su interés.
“Mirar por la ventanita y escuchar un audio por los auriculares es un momento maravilloso. En ese momento uno se aísla completamente. Todo a tu alrededor desaparece y solo estás vos y los títeres que te cuentan una historia en dos minutos”, recuerda.
La experiencia lo impactó de tal manera que, apenas terminó la función, comenzó a investigar sobre el origen de esas cajas y la posibilidad de construir una propia.
“Salí de ahí y empecé a averiguar qué eran esas cajas, cuál era su historia y cómo podía fabricar la mía”, cuenta.
Después de años dedicado al teatro de títeres, Amorosi descubrió que el Lambe Lambe tiene reglas propias.
“Son lenguajes diferentes. En el teatro de títeres que todos conocemos el público interactúa, los chicos gritan, se ríen, se levantan de los asientos. En la caja el niño está metido dentro de la historia, mirando con atención. Requiere otra dramaturgia”, explica.
Cada cajita tiene además un proceso de creación particular. Aunque todas necesitan un espacio para manipular los títeres y otro para que el espectador pueda observar la obra, no existen modelos únicos.
“Cada caja es diferente. Después de esos elementos básicos, cada titiritero la construye de acuerdo con la historia que quiere contar”, señala.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1172, del día 16 de julio de 2026)






