“Lo que nos puede rescatar como sociedad es la capacidad de comprender al otro”
Gamal Taleb, fiscal coordinador de Gualeguay, Nogoyá y Victoria, repasó en diálogo con ANÁLISIS un recorrido profesional atravesado por el Derecho, la política y una concepción de la función judicial como servicio. Habló de la responsabilidad individual frente al delito, pero también de las condiciones sociales que pueden favorecer determinadas conductas. Advirtió, sobre el deterioro de la capacidad de comprender al otro y de construir criterios compartidos de verdad. En ese contexto, reivindicó al diálogo como un posible camino frente a una sociedad atravesada por discursos de odio y profundas fracturas.
Por Nahuel Maciel
El fiscal coordinador de Gualeguay, Nogoyá y Victoria, Gamal Taleb, repasó en diálogo con ANÁLISIS una trayectoria marcada por el Derecho, la filosofía y una concepción de la Justicia entendida como servicio público. Defendió la responsabilidad individual frente al delito, pero advirtió que determinadas formas de criminalidad también exponen déficits sociales y estatales. “La dignidad es de todas las personas”, sostuvo al referirse a los límites que deben regir el poder punitivo y a la obligación del Estado de preservar los derechos incluso de quienes fueron condenados.
El fiscal destacó, además, el valor de la mediación penal como instrumento para desactivar conflictos antes de que escalen y recuperar vínculos quebrados. Recordó una enseñanza que proviene de la Antigüedad: “La paz es hija de la Justicia”.Una definición que vinculó con una preocupación más amplia: el deterioro de la capacidad social para comprender al otro. En un contexto que describió como atravesado por el odio y la descalificación, planteó que la política y la Justicia deben recuperar la construcción de acuerdos.
En diálogo con ANÁLISIS también se refirió a la defensa pública de la fiscal anticorrupción Cecilia Goyeneche y cuestionó el proceso que terminó con su destitución. “Fue atacada por ‘un’ sistema”, afirmó, y sostuvo que aquel episodio dejó un aprendizaje institucional que no debería ser ignorado. Para Taleb, la independencia judicial requiere reglas capaces de impedir que el poder político condicione a quienes tienen la responsabilidad de investigar.
Su diagnóstico se extendió al presente democrático. La erosión del diálogo, la circulación masiva de información y la dificultad para distinguir hechos verdaderos de falsos conforman, según su mirada, un problema que excede a la Justicia. “La verdad sea quizás el principal valor afectado”, sostuvo, al advertir sobre una transformación cultural que puede poner en riesgo la democracia y el Estado de Derecho.
También reflexionó sobre el sentido de la pena y sobre el peso que implica para un fiscal solicitar la privación de libertad de una persona. “Sí, pesa y mucho”, reconoció. Por eso defendió un ejercicio racional y proporcional del poder punitivo, capaz de señalar la gravedad de un delito sin convertir la condena en una forma de humillación.
Finalmente, marcó una diferencia sustancial entre la pena de prisión y la inhabilitación para ejercer funciones públicas. En los casos de corrupción vinculados con el enriquecimiento a partir de fondos estatales, sostuvo que quien cometió esos delitos “no debería tener la posibilidad de volver a ejercer cargo público nunca más”. Su planteo volvió sobre una de las cuestiones centrales de su pensamiento: la Justicia no debe limitarse a castigar, sino también contribuir a reconstruir las condiciones de convivencia, confianza y responsabilidad sobre las que se sostiene una sociedad democrática.
-Ser abogado es una vocación, pero ser fiscal es otra vocación diferente.
-Exactamente.Ejercí como abogado mucho tiempo. Cuando me recibo, al principio estuve en Diamante donde abrí un estudio. En el 2002-2003 me fui a vivir a Paraná y empecé a trabajar en el estudio de Rosario Romero (actual intendenta de Paraná). Trabajé como abogado particular 10 años. Siempre tuvecomo una doble vocación. Me interesaba mucho la política, sobre todo, la parte teórica de la política. Me gustaba mucho la discusión y el debate de ideas. Así que tuve un tránsito breve por la política. La práctica política requiere de otras características personales que con el tiempo me di cuenta que carecía. Por ejemplo, en elecciones hay que tener un determinado carisma y fui consciente que no lo tenía. Por eso perdí una elección como candidato a intendente. De todos modos, me gustaba mucho mi profesión de abogado. Pero, aspiraba, en algún momento trabajar en la Justicia. Había hecho dos especializaciones, dos posgrados, en Derecho Penal y en Derecho Administrativo. Tenía en mente en algún momento poder concursar para tratar de ingresar a la Justicia. Había sido secretario de la Cámara de Diputados (2007-2011), pierdo en 2011 las elecciones para intendente en Diamante, reabro mi estudio jurídico junto al de Rosario Romero y para ese entonces ya no tengo ningún vínculo con el Estado. En eso se recibe de abogada mi hermana y trabajamos juntoscomo dos años en Diamante. Ya tenía en vista concursar, estaba atento a esas posibilidades. En un momento recibo un llamado telefónico del Procurador General (Jorge Amílcar García), que había sido mi profesor en la especialización de Derecho Penal en el posgrado en la Universidad Nacional del Litoral. Y me cuenta que se estaba implementando el sistema acusatorio en Victoria y que había una Fiscalía nuevay me propuso si no quería irme a vivir a esa localidad y empezar a trabajar como fiscal en esa jurisdicción. Lo charlé con mi familia. Sentí que era una experiencia que tenía ganas de transitar y de vivir. Y me apasionó de manera absoluta la tarea de ser fiscal. A tal punto que hoy no rendiría para ser juez o para algún otro cargo. Me apasiona ser fiscal.
-Una vocación en el campo de las humanidades y dentro de ese campo la necesidad de plasmar un compromiso con lo público, la defensa del interés general.
-Así es. Incluso esa concepción de servicio lo sentí siempre en mi propia práctica privada.
-Se suele representar que cuando interviene una Fiscalía en materia Penal es porque los demás resortes de contención del Estado y de la sociedad han fracasado o no han sido los adecuados.
-En parte es así. Pero, le agregaría que también junto a ello hay una enorme responsabilidad individual. La responsabilidad personal en los hechos delictivos siempre tiene que estar presente. Pero, en todo casose puede hablar de una corresponsabilidad social en muchos de los delitos, aunque en muchos otros, no. Por ejemplo, en los delitos de abuso sexual, es pura responsabilidad personal. Tiene que ver con determinadasestructuras de la personalidad. Y en los delitos contra la propiedad, sobre todo en menores, adolescentes y personas que dejan de ser adolescentes, se lo percibe de manera más potente. Hoy vemos que, junto con la pérdida de un horizonte, con la falta de oportunidades, con los niveles no ya de exclusión socialsino de marginación social, sumadoal acceso de un consumo de drogas cada vez más generalizado y fácil, entonces la carrera delictiva para muchos comienza a una edad muy temprana. Y, seguramente, en algún momento de la biografía de esas personas se puede detectar un déficit en las políticas públicas o sociales del Estado.
-Una contradicción. Si alguien es víctima de un delito, seguramente pensará en primera instancia que ese agresor debe “pudrirse en la cárcel”. Pero, a poco de reflexionar, se dará cuenta que su formación ciudadana implica comprender lo que señala la Constitución: que la cárcel no es un lugar para castigo.
-Eso lo debemos sentir la mayoría de las personas. Es lo que llaman algunos filósofos del Derecho Penal: la ambivalencia estructural. El Derecho Penal por un lado tiene la paradoja de la prevención y de proveer seguridad a los ciudadanos. Y, por el otro lado, tiene que garantizar las libertades y los derechos fundamentales de todas las personas. Esta tensión que tiene dentro el Derecho Penal se manifiesta en el pensamiento que usted puso como ejemplo y que lo tenemos casi todas las personas: yo como fiscal y cualquier víctima de un hecho delictivo. Es una discusión muy fuerte porque son las posturas abolicionistas, las garantistas y las maximalistas dentro del Derecho Penal. Esa tensión, esa ambivalencia, es irreductible, no podemos eliminarla. Entonces, cuando hay una víctima que sufrió un hecho delictivo, mientras más grave sea el hecho delictivo que esa persona sufrió, más a flor de piel va a estar la reacción emocional. Más a flor de piel va a estar la ira, que es una relación muy humana también frente a un hecho delictivo. A una madre que escucha cómo su hija le cuenta que sufrió abusos sexuales, no le podemos pedir que racionalice cuál va a ser la respuesta punitiva y que ese agresor -que seguramente va a ser condenado por ese hecho terrible-, va a pasar muchísimo tiempo en prisión, pero es necesario proveerle condiciones de dignidad en su alojamiento en las unidades penales. Porquela dignidad es un valor de todas las personas. La dignidad es, como bien dice Kant, el fundamento de la persona.
(Más información en la edición gráfica de la revista ANALISIS, edición 1174, del día 17 de septiembre de 2026)






