Hace unos meses, un informe detallado y mapeo del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (Itba) detectó agua con concentración de arsénico en siete provincias argentinas. Entre ellas, figuraban algunas localidades de Entre Ríos, como una zona de Gualeguaychú, Gualeguay y Urdinarrain y Victoria.
En el caso de Entre Ríos, los niveles encontrados no eran alarmantes, pero el informe recomendaba ampliar estudios antes de consumir el elemento vital de manera habitual.
El programa Cuestión de Fondo (CdF), que se emite por Canal 9 Litoral, solicitó a siete localidades del departamento Paraná, copia de los análisis físico químicos para conocer los niveles de arsénico detectados en los pozos de agua de cada ciudad.
De las siete localidades a las que se le pidió la información, cuatro decidieron brindar los análisis (Cerrito, Tabossi, Viale y Crespo). Pero hubo tres que no lo hicieron: Hásenkamp, María Grande y Seguí.
En el caso de quienes sí presentaron sus análisis, CdF detectó que algunos de los pozos utilizados tenían niveles de arsénico cerca del límite. De inmediato, dichos municipios y cooperativas de agua aclararon a CdF que cuando un pozo registra niveles de arsénico no recomendados, ese pozo queda fuera de uso. Se le realiza un tratamiento y, una vez que se normaliza, vuelve a abastecer de agua potable. En otros municipios, la decisión es utilizar el agua del pozo que tiene problemas, para riego de calles. Se lo hace hasta tanto se solucione el inconveniente.
Hace poco más de dos años, fue este mismo programa de Canal 9 quien había solicitado dichos análisis a varios municipios de Paraná Campaña. Y donde se detectó niveles de arsénico más altos que lo recomendable, fueron Hásenkamp y María Grande. Hoy, ninguno de los dos decidió brindar información.
Preocupación y soluciones
El arquitecto Mario Nudelman, doctor en Ingeniería Hidráulica y Medioambiente, es director del Centro para la Gestión Sostenible del Agua y el Hábitat Humano (CEGELAH), de la Facultad de Ciencia y Tecnología (UADER).
Nudelman no busca generar psicosis, pero tampoco pasar por alto el problema como tal: “Siempre que se menciona lo del arsénico en el agua, en la opinión pública se genera justificadamente una preocupación de estar tomando un agua que no es potable”.
“Hay soluciones que están más desarrolladas y hay algunas para ser desarrolladas a escala municipal en la red de abastecimiento o soluciones tipo individual. Algunas son más onerosas que otras”, explicó.
Nudelman sostuvo que se trata de un problema de salud pública y el problema lo tenemos cuando consumimos el agua. Todos sabemos que el agua que disponemos en nuestros domicilios, tiene múltiples usos: consumo humano, limpieza, higiene, producción. Y no para todos esos usos, el arsénico es un problema. Un municipio de nuestra zona utilizó el agua de un pozo donde se registró concentración de arsénico para riego de calles. Ese es el concepto: ver qué finalidad tenemos con la utilización del agua”.
“En nuestra facultad, el agua que se usa para los inodoros proviene del pozo tal cual se obtiene. Pero para el agua de mate, o para llenar las botellitas de los alumnos, la obtiene del punto de consumo de agua potable. Ese es el concepto: los municipios con problemas de arsénico, deberían comenzar a pensar en dos tipos de provisión de agua: primero, producción de agua directo (los típicos bidones para consumo humano) y la provisión de agua para todos los demás usos. E ir educando a la gente sobre su uso. Por ejemplo, para regar las plantas, el arsénico no es un problema. Pero para cocinar, usar el bidón provisto por el mismo servicio. No es algo alocado, sino factible de implementar. Lo que no debemos hacer lo del avestruz, sino plantear el problema y ver qué formas de solución nos resulta más útil”.
Finalmente, Nudelman explicó que lo importante es saber que el problema del arsénico tiene soluciones “y hay que elegir cuál de ellas es la que mejor se adapta a las condiciones de contaminación de esa napa o ese acuífero que se está explotando. Debe adaptarse una estrategia adecuada y elegir la mejor tecnología que funcione en el lugar”.
Un dato que no debería pasarse por alto es el costo que tiene este tipo de análisis en laboratorios homologados. Según supo CdF, el valor para realizar un análisis físico químico de agua potable puede superar los 200 mil pesos. Y como cada pozo requiere varios análisis por año, hay localidades que enfrentan serias dificultades para afrontar tales erogaciones.
Contaminante natural
María Juliana Maccarrone es Licenciada en Química, Investigadora del CONICET e integrante del CEGELAH.
Maccarrone explicó que el arsénico, químicamente, se define como un metaloide. Y desde el punto médico y toxicológico se clasifica como un metal pesado. “Ello significa que tiene alto peso molecular y tiende a irse a la profundidad y por eso lo encontramos en las aguas subterráneas como sedimento”.
Además, indicó que proviene de distintos materiales, como las cenizas volcánicas cuando que se eliminaron a la atmosfera cuando se formó la cordillera de los Andes hasta minerales que se encuentran en forma natural dentro de lo que es el sedimento en los acuíferos.
“En nuestra provincia, no es posible determinar que el nivel de concentración de arsénico es idéntico en un determinado departamento o localidad. Eso se debe investigarlo y analizar las muestras, ya que es incoloro, inodoro y no tiene gusto. Solo se puede determinar a través de un análisis químico en un laboratorio que esté certificado”, señaló.
Riesgos para la salud
El consumo de agua y alimentos contaminados con arsénico puede provocar lesiones cutáneas graves y cáncer, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Además, la ingesta sostenida en el tiempo de aguas contaminadas con arsénico incrementa el riesgo de padecer un cuadro clínico tipificado como Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE).
La OMS sostuvo que también puede provocar lesiones cutáneas, enfermedades cardiovasculares y diabetes.
Herramientas tecnológicas
¿Qué sucede cuando una localidad detecta un nivel superior de arsénico al recomendado? Maccarrone explicó que existen distintas herramientas que brinda herramientas. Algunas son más económicas y otras de mayor costo.
Cuando un municipio detecta mayor concentración de arsénico en un determinado pozo, se debe realizar un análisis inicial que evalúa diversas cuestione (PH, alcalinidad, profundidad del pozo y otras variables). De acuerdo a los resultados que ello arroje, se debería realizar un seguimiento para luego evaluar y aplicar la tecnología. “Porque si no se aplica tecnología, no va a variar naturalmente la concentración de arsénico”.
“Pero es necesario aclarar que este tema tiene solución y no hay que asustarse”, destacó.






