Las alegres andanzas del despropósito
Raros, muy raros estos tiempos que corren, en los cuáles se ha llegado al absurdo de que la víctima de un robo deba pactar con el ladrón la readquisición de los bienes legítimamente suyos que le fueran sustraídos. El hecho de que quien responda al llamado del pobre timado argumente ser tenedor secundario por pertenecer a un negocio de compraventa




